Argentina en crisis social: jóvenes sin rumbo y políticos desconectados

Mientras la dirigencia discute estadísticas, cargos y slogans reciclados, una generación entera crece entre la incertidumbre, la falta de límites y la ausencia total de horizonte. La crisis argentina hace rato dejó de entrar sólo en una planilla de Excel.

Martín Tula
Analista Político. Periodista. Activista y referente en discapacidad. Influenciador en redes sociales.

Nos encontramos en una Argentina sumergida en una crisis que no es solamente económica. También es social, cultural y, en algunos casos, directamente de sentido común. Estamos viendo niveles de violencia entre jóvenes que muchos no recuerdan haber vivido jamás.

Amenazas a escuelas hechas por alumnos, menores detenidos y semanas donde la noticia sorprende... hasta que aparece la siguiente y la supera. Porque en este país siempre se puede estar un poco peor.

La generacion perdida en Argentina: violencia juvenil, pobreza y abandono.

La generacion perdida en Argentina: violencia juvenil, pobreza y abandono.

Cada vez que algo ocurre, reaparece el clásico repertorio nacional: mesas de debate, especialistas en canales de televisión y políticos descubriendo la realidad con la misma sorpresa con la que uno encuentra humedad detrás de un mueble.

¿Y qué estamos haciendo mal? Varias cosas al mismo tiempo.

No, no es solamente culpa de la tecnología, ni de TikTok, ni de las redes sociales, ese nuevo demonio favorito de los adultos que no entienden nada pero opinan de todo. Acá confluyen muchos factores.

Tenemos una Argentina donde trabajar ya no garantiza vivir bien. Padres y madres con dos o tres empleos para sostener la casa, si es que todavía pueden sostenerla. Familias que apenas coinciden unos minutos al día, algo así como huéspedes que comparten techo.

Otras directamente volvieron a vivir con los abuelos, que ademas de cuidar nietos ahora también administran crisis familiares. Después nos preguntamos por qué el chico no reconoce autoridad: tiene más jefes que una oficina publica.

Los clubes de barrio, esos lugares donde se aprendía compañerismo, disciplina y amistad, fueron quedando en el recuerdo. Hoy muchos barrios perdieron identidad y las plazas tienen más movimiento de madrugada que de tarde.

La adolescencia ya no se encuentra para jugar a la pelota o charlar en la esquina. Ahora se junta para una previa eterna, como si cada sábado fuera el último capítulo de la serie.

Los colegios tampoco son lo que eran. Y no por culpa exclusiva de los docentes, que bastante hacen con salarios modestos y herramientas escasas. Se les exige enseñar, contener, alimentar, mediar conflictos y, si queda tiempo, educar.

Muchas escuelas pasaron de ser templos del aprendizaje a comedores con pizarrón.

Ademas, repetir de año paso a considerarse un trauma irreversible. Señalar que alguien no alcanzó los objetivos parece más grave que no enseñarle nada. Entonces promovemos alumnos por decreto y después nos sorprendemos cuando la realidad los desaprueba sin recuperación.

Todo esto deja a nuestros jóvenes perdidos, sin rumbo y sin adultos confiables en quienes apoyarse.

Y aquí tampoco puede faltar la dirigencia nacional, siempre lista para llegar tarde al problema. Algunos creen que acomodando la macroeconomía automáticamente aparecerán familias ordenadas, escuelas fuertes y barrios seguros. Otros piensan que con repartir asistencia indefinidamente alcanza.

Ni una fantasia ni la otra.

Se necesita economía estable, si. Pero también salud, educación, seguridad y una reconstrucción social seria. Palabra poco frecuente en campana: seria.

Argentina ya perdió demasiado tiempo y varias generaciones en el camino. Mientras tanto, el norte profundo sigue hundido en la pobreza, el conurbano sobrevive como puede y buena parte de la clase media hace equilibrio para no caer.

Y en medio de todo eso, todavía hay dirigentes discutiendo relatos. El problema es que la realidad no vota slogans.

Los niños son el recurso mas importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro.

John F. Kennedy.

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