Murió el inDIOSolari
Jamás fui devoto de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Durante demasiados años acusé a la banda de los redondos de plagiar el modelo de los Grateful Dead. Eso, que puede ser real, no explica ni el talento musical y poético de los Redondos, tampoco la convocatoria inédita que logró el Indio Solari después de la disolución del grupo.
Tengo una profunda tristeza que no me corresponde. Podré merecerla, por zonzo, pero no puedo argumentarla. Jamás fui devoto de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Nunca probé un redondito de ricota. El nombre me sonaba exagerado y no me gusta que me expliquen los chistes, ni explicarlos, claro.
Saltan desordenados recuerdos. Todavía persistía la fatídica década del '80 (1986... y pico). Ya estaba con algunas responsabilidades adquiridas en Radio Nihuil. Hacía avisos dibujados. Eso sonaba anacrónico porque existían las Apple Macintosh y yo todavía le pedía prestadas las Rotring al Mauricio, mi hermano, al que extraño más que a nadie.
La muerte de Carlos Alberto "El Indio" Solari provocó un sismo absoluto en la cultura popular argentina.
El dueño de la Radio me impulsó para que fuese a conocer esos novedosos artefactos y les pidiera que armaran con esas computadoras las ideas que yo bocetaba. Hoy no podría llamarse como entonces la agencia de publicidad de Miguel Frustaglia..."Dealers". Fui, aunque con resistencia. Siempre preferí las artesanías a las cosas industriales. Llegué a esas siempre modernas oficinas. Hablé con quien me dijeron. Daniel Gallardo, diseñador algo más grande que yo, que gastaba mis únicos 22 años. Daniel Gallardo escuchaba música en su walkman. Serio y casi tan antipático como yo, me dijo "Los redonditos de ricota". No agregó mucha información y no sació mi curiosidad. Él estaba compenetrado en su música y sus diseños. Puede parecer una factura vencida, pero no fue gentil ni generoso y toda vez que acudí a su dominio de la Apple Macintosh tuvo una actitud distante, ajena, displicente mientras seguía girando el cassette con Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota.
Tal vez como escudo de autoestima, nunca utilicé los diseños que escupía la impresora pergeñados por el fanático de los redonditos. La obstinación ricotera de Daniel Gallardo colisionaba con la mía, spinetteana. Obsesión sería el adecuado diagnóstico, de ambos tal vez.
Para qué negarlo. Los límites de la mente clausuran el placer estético de lo diverso. Tema dos: La Bestia Pop. Lo escuché con denuedo. No me gustó y tampoco podía deducir de quién hablaba y me confundía lo de "bestia" y "brillo". Me resultaba una fusión forzada. Hace poco recién pude saber a quién aludía aquél "hit" incluido en el primer disco de estudio de PRYSRDR. De haberlo sabido entonces, peor hubiese sido mi rechazo. Al poco tiempo pude hacer algunos avisos prescindiendo de las puntas y utilizando la versatilidad que ofrece la tecnología, y así fue que perdí el gusto por dibujar.
Indio: el líder de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, retratado por Ariel Robert, autor de esta nota.
Inexplicable. Cuarenta años después un viejo manejaba y no podía contener las lágrimas. Qué situación absurda, el viejo era yo y las lágrimas mías. Junio 05 2026 ¿Por qué, por quién?. Me sigue acompañando la intriga, esa que intento despejar desde siempre.
La tendencia a poseer siempre la razón es lo que me llevó a practicar la curiosidad, materia prima del periodismo. Durante demasiados años acusé a la banda de los redondos de plagiar el modelo de los Grateful Dead. Eso, que puede ser real, no explica ni el talento musical y poético de los Redondos, tampoco la convocatoria inédita que logró el Indio Solari después de la disolución del grupo. Más extrañeza. Mendoza, año 2013. Skay no llenaba el Bustelo (2.000 localidades) Solari reunía a decenas de miles, superando todo récord en una noche en el autódromo Ángel Pena de San Martín. Da pena no entender y a veces, entristece despojar la emoción en busca de una explicación.
Inolvidable frío para septiembre. La garúa se hizo nevisca. Perder esos mínimos privilegios de estacionamiento, entrar sin ser requisado, obtener una ubicación preferencial, estar a cubierta, poder escuchar y ver mejor, no me preocuparon. Quise ir más que a disfrutar, a comprender el fenómeno. En familia. Ningún otro acontecimiento en Mendoza había conseguido juntar a tanta gente en un mismo lugar un mismo día, y menos de noche.
Ningún abrigo ni previsión fueron suficientes. Ya no había opción para abdicar. Quedamos relativamente cerca al escenario, más por las pericias de mi familia que por suerte o por llegar temprano.
- Eduardo "Skay" Beilinson despidió a su histórico compañero de Los Redonditos de Ricota con un conmovedor mensaje en redes sociales donde expresó: "Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre. Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer".
El sonido que provoca vibración hasta en la ropa, no, no ocurrió. La definición de las pantallas, bien dispuestas para que todos alcanzaran a ver los detalles del escenario, no estuvieron. La irrupción histriónica y espectacular del artista ídolo, no sucedió. La música llegaba con letargo. El color y las imágenes de las pantallas eran de inferior calidad que cualquier viejo Talent de 1982. La organización para el ingreso, pésima. Todas las deficiencias inadmisibles en cualquier espectáculo fueron inadvertidas por esa congregación de chicas, chicos, jóvenes, adultos, viejos. Algunos muy sobrios otros desnucados. Borrachos. Abstemios. Fumados. Lúcidos. Abrigaos, desnudos. La melodía desafinaba pero la armonía era perfecta. La desmesura del pogo y la serenidad de quienes elegimos quedarnos inmóviles. Si, una misa. Comunión y limosna. Un altar, un hombre allá lejos, carente de brillo y sin utilería ni atuendos que lo distinguieran del resto. No pude percibir la voz del Indio Solari. No pararon de cantar todas y cada una de las canciones. Para que la misa fuese completa, debo confesarlo, sigo sin entender
Las desproporciones me inquietan. Una noche de 2015, en la Sala Tejada Gómez del Centro Cultural Le Parc, fui a escuchar a Marcelo Torres. Eximio bajista, compositor de algunos discos que aún pongo a girar en la columna de audio. El bajista por entonces de la banda "Los fundamentalistas del aire acondicionado" (nombre que por extensión me remite a PRYSRDR) y ex bajista de Spinetta en la formación de "Los Socios del Desierto" estuvo ante más de cien mil espectadores aquella noche en San Martín, esta vez en el Le Parc, empató. Había tanta gente en el escenario como en las butacas. Abundan las razones, dirán, pero me sigue intrigando qué puede sentir un gran artista ante tantas palmas mudas. El desierto aquella vez no encontró socios. Que el escenario en esa sala está debajo de las gradas no es suficiente para desalojar mis dudas.
Una noches antes de la noticia del ACV y muerte de Carlos Alberto Solari, día de conmemoración peronista, murieron dos de las 150 personas que volaron desde Roma a Buenos Aires en noviembre de 1972, cuando Perón retornó tras 18 años de exilio. Chunchuna Vilafañe, actriz y "El Nene" Sanfilippo, emblema del fútbol argentino. Aunque ambos eran "muy mayores", le otorga un sentido épico a la fecha en que se fueron. Fechas, nombres, hitos, política, recueros, frustraciones, posiciones, antinomias, grietas, todo como una amalgama que agrega enigmas a la confusión. Ahora más, aún. A uno de los autores del álbum Oktubre, se lo etiqueta con el rótulo de "peronista". Más intrigante escuchar de la propia voz de ELINDIOSOLARI decir que él adscribía a Cristina y se sentía peronista. Esto último no me consuela, pero podría ser el motivo implícito, latente, no consciente que justifique la irrefrenable congoja que aún ahora, provoca estas lágrimas que si no tuviesen un sabor tan salado, pensaría que no me pertenecen.
Tardía comprensión o deducción pretensiosa. ¿por qué le dicen Indio a Solari? ¿por qué tanta devoción?. Las palabras se explican entre ellas.
Murió el inDIOSolari.








