Cuando la política no entiende a la sociedad: el caso Indio Solari

La muerte de Carlos Alberto "Indio" Solari volvió a exponer una debilidad recurrente del Gobierno nacional: la dificultad para interpretar los símbolos y los momentos de sensibilidad colectiva. Más allá de las diferencias ideológicas, la ausencia de un gesto institucional abrió un debate sobre el vínculo entre Javier Milei y una parte de la sociedad argentina.

Martín Tula
Analista Político. Periodista. Activista y referente en discapacidad. Influenciador en redes sociales.

El viernes pasado se fue Carlos Alberto "Indio" Solari. Se fue uno de los grandes referentes del rock nacional, un poeta y un artista que marcó cinco décadas de influencia en la cultura popular y dejó una huella imborrable en más de dos generaciones de argentinos.

Su muerte era esperada debido a la enfermedad que atravesaba. Sin embargo, como ocurre con toda pérdida, cuando llega el momento, por más preparados que estén la familia, los amigos, el entorno e incluso la sociedad, no deja de sorprender y de doler.

En esta nota no voy a describir quién era, su trayectoria, lo que significó ni el legado que deja. Eso ya lo hicieron mis colegas de Diario PORTADA con excelentes semblanzas sobre su figura. Mi intención es señalar un error político no forzado del Gobierno nacional: no comprender el pulso de la sociedad ni interpretar lo que, en determinados momentos, reclama.

La muerte de Carlos Alberto "Indio" Solari volvió a exponer una debilidad recurrente del Gobierno nacional: la dificultad para interpretar los símbolos y los momentos de sensibilidad colectiva. 

La muerte de Carlos Alberto "Indio" Solari volvió a exponer una debilidad recurrente del Gobierno nacional: la dificultad para interpretar los símbolos y los momentos de sensibilidad colectiva. 

A medida que transcurrieron las horas posteriores a la muerte del cantante surgieron dos preguntas cuya respuesta parecía obvia ante el fallecimiento de una figura popular. La primera era si habría condolencias institucionales hacia la familia y los seres queridos. Ni el Presidente ni los principales referentes del Poder Ejecutivo emitieron un mensaje público. Tampoco hubo expresiones relevantes desde el Poder Legislativo. Con una excepción: Martín Menem, quien se pronunció luego de que diputados de la oposición solicitaran que el velatorio se realizara en el Congreso. El presidente de la Cámara de Diputados publicó un breve mensaje de condolencias y explicó que, por razones de seguridad, la despedida no podía llevarse a cabo en el recinto.

La segunda cuestión tiene que ver con la incapacidad de comprender que la política, muchas veces, encuentra oportunidades de reconciliación con la sociedad en momentos de enorme sensibilidad colectiva. Lo entendió Alberto Fernández cuando puso a disposición la Casa Rosada para la despedida de Diego Maradona. Aquella decisión, sumada posteriormente a la obtención de la Copa del Mundo, le permitió a un gobierno desgastado ganar algo de oxígeno político, aun cuando ya mostraba signos evidentes de agotamiento.

Javier Milei vuelve a exhibir algunas de sus principales limitaciones políticas. Hasta el momento no publicó ningún mensaje referido a la muerte de Solari. Tampoco lo hicieron los principales voceros digitales del oficialismo. No es casualidad: la decisión política fue guardar silencio.

La ausencia de un gesto institucional no responde a una cuestión musical ni ideológica. Nadie le exigía al Presidente ser admirador del Indio o de Los Redondos. Lo que se esperaba era la comprensión de que había muerto una figura central de la cultura popular argentina. Carlos Menem, a quien el oficialismo suele reivindicar, probablemente habría declarado duelo nacional o puesto recursos del Estado a disposición de la familia para la despedida. No porque compartiera las ideas del artista, sino porque entendía que la política también consiste en interpretar los símbolos y los sentimientos de una época.

Los grandes dirigentes suelen dejar de lado diferencias personales o ideológicas cuando la sociedad atraviesa momentos de conmoción colectiva. Allí radica la diferencia entre administrar y ejercer liderazgo político.

En algún momento la grieta fue Soda Stereo contra Los Redondos. Después llegó la división entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Hoy comienza a gestarse una nueva fractura. Una que podría consolidarse de cara a 2027 y volver a ordenar el voto alrededor de una lógica de rechazo. Esa grieta ya no es entre dirigentes ni entre partidos. Empieza a ser, cada vez más, entre Milei y gran parte de la sociedad.

El futuro llegó hace rato.

- Indio Solari, "Todo un palo", álbum Un baión para el ojo idiota. (1988).

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