OPINIÓN

Milei, otra vez del lado equivocado: Israel, Malvinas y un tablero que se tensiona

El viaje de Javier Milei a Israel expone un alineamiento geopolítico explícito en medio de un conflicto internacional creciente, con implicancias directas para la Argentina. Mientras se profundizan tensiones globales entre Estados Unidos e Irán, surgen contradicciones en torno a la soberanía sobre las Islas Malvinas y el avance de intereses extranjeros en recursos estratégicos. En ese contexto, la política exterior argentina aparece subordinada a un esquema de alianzas que prioriza posicionamientos ideológicos por sobre intereses nacionales.

Adrián Characán
Adrián Characán

En medio de una escalada internacional cada vez más inestable, el viaje de Javier Milei a Israel no fue un gesto diplomático aislado. Fue, en cambio, una toma de posición explícita en un conflicto complejo, con derivaciones que exceden lo simbólico y empiezan a impactar directamente sobre intereses estratégicos argentinos.

Milei, otra vez del lado equivocado: Israel, Malvinas y un tablero que se tensiona

Mientras el escenario global se recalienta -con cruces entre Donald Trump y el liderazgo iraní encabezado por Masoud Pezeshkian-, Argentina se posiciona sin matices en uno de los bandos. Y ese alineamiento, lejos de ser inocuo, empieza a mostrar costos.

Un conflicto que no cierra y una narrativa contradictoria

Desde Estados Unidos, Trump vuelve a exhibir una estrategia errática: minimizar la importancia del Estrecho de Ormuz mientras, en paralelo, insiste en su control indirecto y en la reconfiguración del flujo petrolero global. Las afirmaciones sobre barcos redirigidos hacia Texas o Alaska chocan con la realidad logística: los tiempos, las rutas y la infraestructura no acompañan ese relato simplificado.


Irán, por su parte, responde con firmeza. Pezeshkian dejó en claro que no habrá sometimiento. Y ese dato no es menor: a diferencia de otros escenarios donde Estados Unidos logró condicionar gobiernos, en Irán la estructura de poder se mantiene estable incluso tras ataques o cambios de liderazgo.

Milei, Netanyahu y una foto con consecuencias

En ese contexto, Milei se muestra junto a Benjamin Netanyahu, respaldando a un gobierno señalado internacionalmente por sus operaciones militares sobre población civil. No es solo una foto: es una señal política contundente.

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Tal como se expuso en informes periodísticos -incluyendo los desarrollos de Ámbito-, este alineamiento coincide con avances en proyectos de exploración petrolera en las Islas Malvinas que involucran capitales británicos e israelíes.


Malvinas: recursos, soberanía y contradicción

El dato es delicado. Mientras el discurso oficial argentino sostiene el reclamo sobre Islas Malvinas, en los hechos comienzan a consolidarse iniciativas que habilitan la explotación de recursos por actores extranjeros.

La contradicción es evidente: se proyecta una política exterior alineada con potencias que, en términos concretos, avanzan sobre recursos estratégicos en territorio cuya soberanía Argentina reclama.

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La expectativa de que un vínculo cercano con Estados Unidos -o con figuras como Trump- pudiera favorecer una negociación favorable por Malvinas empieza a desvanecerse frente a la realidad: los intereses geopolíticos no se ordenan por afinidades ideológicas, sino por conveniencias materiales.

Entre propaganda y espectáculo: cuando la guerra también se actúa

Históricamente, los países en guerra han apelado al entretenimiento como herramienta para sostener la moral, tanto de las tropas como de la población civil. Desde giras artísticas hasta intervenciones culturales, el espectáculo ha sido parte del dispositivo simbólico de los conflictos.

En ese marco, lo que ocurre en Israel parece rozar lo caricaturesco. La escena de un dirigente extranjero -en este caso Javier Milei- interpretando "Libre" no solo resulta incómoda desde lo artístico, sino también desde lo político. Video gentileza de El Pais .

La elección no es ingenua. Libre es una canción cargada de sentido histórico, asociada a contextos de opresión y búsqueda de libertad. Sin embargo, en este escenario, su reinterpretación aparece descontextualizada, forzada, casi como una puesta en escena improvisada.


El resultado es difícil de disimular: no se trata solo de una interpretación deficiente desde lo musical, sino de una utilización simbólica que desentona con la realidad que la rodea.


Y hay algo más. El contraste entre el dramatismo del conflicto y este tipo de gestos expone una desconexión preocupante. Porque cuando la política exterior se mezcla con el espectáculo, el riesgo es que todo termine reducido a una performance.


Probablemente, si Nino Bravo pudiera ver esta escena, la incomodidad no sería menor. No por una cuestión estética, sino por el vaciamiento de sentido de una obra que nació en un contexto muy distinto.

Internas y poder: el gobierno en manos delegadas

En paralelo a este escenario internacional, y en un contexto donde es de público conocimiento la tensión entre Victoria Villarruel y el presidente Javier Milei, la conducción formal del Ejecutivo durante el viaje quedó delegada en Manuel Adorni.

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La situación no pasa desapercibida. Adorni ha sido objeto de cuestionamientos públicos vinculados a su patrimonio, con señalamientos sobre presuntas inconsistencias entre ingresos declarados, adquisición de inmuebles y viajes al exterior. Hasta el momento, no hay resoluciones judiciales firmes al respecto, pero las sospechas forman parte del clima político que rodea al gobierno.


En ese marco, la delegación del poder en una figura bajo cuestionamiento agrega un nuevo elemento de tensión a una administración atravesada tanto por conflictos externos como por disputas internas.

Estados Unidos, China y el nuevo tablero en América Latina


A esto se suma otro frente de tensión. Las declaraciones del embajador estadounidense Peter Lamelas dejan en claro que Washington busca recuperar terreno en América Latina frente al avance de China.

El planteo es directo: Estados Unidos reconoce que "descuidó" la región durante décadas , segun declaró entre 40 y 50 años , coincide con el fin las dictaduras en Latino America  y ahora intenta reposicionarse. Pero lo hace bajo una lógica conocida: competencia geopolítica y promoción activa de sus propias empresas.


En ese marco, surgen cuestionamientos de fondo. Porque mientras se critica la intervención del Estado chino en sus compañías, se omite el rol que también juega el Estado estadounidense en sectores estratégicos como tecnología, defensa o energía.


Más aún: acuerdos recientes plantean escenarios donde, ante la aparición de recursos naturales en países como Argentina, la prioridad informativa y operativa podría quedar en manos de actores vinculados a Estados Unidos. Un esquema que tensiona la noción misma de soberanía económica.

Argentina en el medio

Así, Argentina queda inserta en una disputa global que no controla, pero en la que empieza a comprometerse de manera cada vez más explícita.

El viaje de Milei a Israel no es solo un gesto ideológico. Es una pieza dentro de un tablero mayor, donde confluyen intereses energéticos, disputas territoriales y reposicionamientos geopolíticos.

Y en ese tablero, la pregunta ya no es de qué lado se está, sino qué se está resignando en el camino.

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