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Treinta y nueve metros, un viaje a la memoria.

 

Ernesto Espeche nos cuenta cómo fue su viaje y la experiencia que lo lleva a escribir su primera novela. En ella, el periodista y docente de la UNCUYO relata la búsqueda y el hallazgo de los restos de su padre, asesinado y desaparecido por la última dictadura cívico-militar en Tucumán.

 

 

En comunicación con PORTADA, el periodista y escritor Ernesto Espeche, nos cuenta cómo fue la experiencia que lo llevó a escribir “treinta y nueve metros” su primera novela: “es mi primera novela, si bien escribí un par de libros y colaboré en otros tantos, todos fueron ensayos y trabajos más bien académicos, orientados siempre a temáticas vinculadas con derechos humanos, comunicación y memoria.

Esta novela nace a partir de un hecho que viví en noviembre de 2014, donde el equipo argentino de antropología forense me avisa que habían encontrado los restos de mi papá que está desaparecido, yo soy hijo de padres desaparecidos, mi mamá y mi papá eran médicos, ambos desaparecieron en los meses de abril, mi padre y julio mi madre del año 1976. A mi papá lo encuentran en un pozo que se llama el pozo de Vargas en los alrededores de San Miguel de Tucumán, es un lugar que fue un pozo de agua durante muchos años, fue construido por los ingleses en la época en donde se construyeron las vías férreas. Que luego se dejó utilizar ya en la etapa de la dictadura, además se lo utilizó como lugar para enterrar más de más de 100 cuerpos, entre ellos el de mi viejo. Estos datos me los otorga el equipo argentino de antropología forense, donde me avisan que los restos de mi padre estaban en ese lugar, entonces viaje junto a mi familia inmediatamente, eso fue en diciembre de ese mismo año. Esta experiencia de llegar y tener que descender al pozo y hablar con peritos fue todo un reto, había que tomar una decisión de bajar al pozo el cual tiene aproximadamente 39 metros de profundidad. Se baja en un ascensor muy precario y viejo y chico, ya que el pozo tiene 4 metros apenas de diámetro.

Descender a ese pozo es como viajar de algún modo al encuentro de mí papá, o al lugar donde estuvo por tantos años. Toda esta experiencia intente escribirla, con testimonios de la crónica, pero los ensayos me fueron llenando y desbordando, y aparecieron otros personajes e historias, donde se refleja mi infancia hasta la actualidad, de esta forma se fue configurando de a poco una ficción, con lo que significa el descenso como punto central de la trama.

 

Bajar no tarda más de 3 o 4 minutos, pero ese descenso de 39 metros lo plasme en una novela de 250 páginas, este libro es un viaje hacia la profundidad, que donde a medida que vamos bajando el perito que me acompañaba en esa oscuridad, se venían a la cabeza historias, recuerdos y memorias de voces que pudieron tener existencia real o que fueron producto de mi imaginación.

Es un libro contado siempre en primera persona, es la misma primera persona la que toma la palabra, a veces es el protagonista que va contando el descenso, y a veces son esas voces que entran para decir lo que tienen que decir, para narrar lo suyo en relación a la memoria, a la verdad de esos tiempos, tiempos de lo que significa sobrevivir

El género en el que siempre me moví fue el periodístico o el testimonial, pero la propia escritura me llevó a este formato novela donde es obviamente algo que indiscutiblemente tiene que ver conmigo.

Es una novela incómoda, porque de algún modo se permite bordear los La retórica usual La retórica políticamente correcta, en todo caso provoca a repensar algunos elementos que de algún modo hacen a la dinámica de representarnos, y de pensar nuestro pasado reciente que no es una foto, si no es una película permanente una película que sigue andando.  Está presente desde que despertamos, o cuando nos levantamos y hacemos nuestras actividades, cuando nos dedicamos a vivir nuestras vidas, aquella dictadura nos sigue diciendo que ahí está para recordarnos todo lo que significó aquel horror, por eso es incómodo, por eso alguna manera esa sensación de incomodidad tiene que ver con que con que las marcas aquel horror siguen presentes en aquella generación”.

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