Cada 5 de septiembre se conmemora El Día Internacional de la Mujer Indígena para rendir tributo a todas las mujeres pertenecientes a los pueblos originarios, visibilizando sus gestas heroicas.

Esta fecha es en homenaje a Bartolina Sisa, luchadora de los derechos de los pueblos Aymara y Quechua. Bartolina descendía de una estirpe de mujeres dentro de la cultura Aymara llamada «Mama Tallas». El linaje de Bartolina era profundamente respetado dentro de su sociedad: rendían culto a sus propias divinidades y compartían la autoridad con los varones de su pueblo, construyendo de esta forma una sociedad más solidaria y equilibrada.

Al ver las acciones cometidas por los conquistadores españoles, se unió a la lucha del ejército Aymara de liberación, liderado por el que fuera su esposo, Tupak Katari.

Fue asesinada el 5 de septiembre de 1782, murió descuartizada por las fuerzas realistas durante la rebelión anti-colonial en el Alto Perú.

En el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en 1983, se determinó que todos los años en esta fecha se recordará la memoria de todas aquellas mujeres portadoras de la herencia cultural y ancestral de las comunidades indígenas, dando así reconocimiento a todas las mujeres valientes que han jugado y seguirán jugando un rol importante en la pervivencia de la cultura de sus tribus, así como su lenguaje y fuerza de carácter.

Actualmente se calcula que solo en latinoamérica existen alrededor de 522 pueblos indígenas y que en total la población sumaría 42 millones de personas. De ese gran número redondo el 59% son mujeres, es decir, más de la mitad; y, sin embargo, son el sector más oprimido tanto de la sociedad tribal como de la sociedad en general.

Se estima, que la mujer indígena actualmente sufre una triple discriminación, la primera se debe solo a su género. La mayoría de los pueblos indígenas son machistas, por lo cual les privan a las niñas su educación e incluso, muchas de las prácticas de apareamiento en algunas de estas culturas contemplan la violación. La segunda discriminación se debe a su condición de indígenas, muchos países ven al indígena como un ciudadano de segunda clase. Y la situación empeora con el tercer nivel de discriminación, que es la pobreza, aún en pleno siglo XXI muchas mujeres indígenas no pueden ser dueñas de la tierra donde viven y trabajan, sino que esta pertenece al hombre de la casa, al que deben pedir permiso para trabajarla e incluso tomar lo cosechado.

Como Bartolina, las «mujeres indígenas» dan fuertes luchas por preservar sus identidades y para acceder al ejercicio de los derechos, ya que mayoritariamente son excluidas de la Educación y del acceso a la Salud. y sobre todo por el derecho a existir en un mundo que históricamente se empeñó en invisibilizarlas.

La igualdad de derechos, la garantía de oportunidades y la erradicación de todo tipo de violencia hacia las mujeres indígenas, así como el respeto a sus lenguas y a sus tradiciones, son algunas de las deudas que aún hoy, en el siglo XXI, mantienen los Estados para con los pueblos originarios.