Escoliosis, la columna torcida de Ariel Robert

En escasas ocasiones he sentido la necesidad de pensar en pedir. Pedir asilo político es lo que me asalta como sentimiento, hoy.

Como cada mediodía, reunión en el café en la peatonal. El cartel dice Paseo Sarmiento, pero solemos no obedecer a los textos de la señalética.

-Un café mediano y él un cortado. Edulcorante, por favor.

-Son lentos estos pibes. Y cómo no van a demorarse si están chequeando sus teléfonos en vez de exigir la comanda.

-¿Medias de vestir, deportivas, económicas? –No. No, gracias. El “gracias” es de pura educación, no hay motivo para agradecer.

-Qué manera de haber turistas. Y los de la asociación de gastronómicos y hoteleros se quejan, pero este fin de semana hubo saturación en las rutas y ocupación casi total.

-Sí, pero han tenido que bancarse cuántos meses sin facturar. Y mirá cuántos tuvieron que cerrar

-Y sí, sumale a la Pandemia la inoperancia política y es un cocktail fatal. Por más ATP y REPRO, muchos no se bancan esta situación.

-Una colaboración para estos artistas – dice la joven que canta igual que Amy Winehouse.

-Canta bien la piba, se parece a esa inglesa que se murió de alcohol y pichicata. No,no tengo ahora, otro día.

-Está medio frío el café.

-Una ayuda, pa’comer. Una ayuda por favor, pa´llevarle a mis hijos

No, no, no tengo. No tengo. Es que si le das a uno tenés que darles a todos.

-Decime si esa mujer no puede ir a trabajar en vez de estar pidiendo.

-Pasame el edulcorante

-Señor, no me daría… -No, nene. Llevate esa estampita

-Seguro que está el padre a la vuelta esperando que el pendejo le lleve la guita para ir a chupar

-Y te apuesto a que reciben planes del Estado, pero si después te enganchan a Vos porque no facturaste un honorario te persiguen como a un delincuente.

Escuchar ese diálogo resultó esclarecedor, leí un mensaje de twitter, de una señora quien al enterarse que el presidente de la Nación había contraído el virus Covid, publicó su deseo de que la vicepresidenta se contagiase, también.

Sumando lo que recaudan la señora que vende medias, la piba que pide comida, el nene que deja estampitas, los artistas que tocan en la peatonal, el lustrador que se arrima a las mesas, la moza, el mozo, el cajero del café y el jubilado que escuchaba asqueado a esos dos parroquianos, no llegan a la cifra que cobra esa señora que pronunció en twitter su deseo de enfermedad para una congénere. Un dato no subsidiario, ese dinero que percibe, cada mes a tiempo y en forma,  no es precisamente por el ejercicio de su profesión sino por representar a parte de nuestro pueblo, en su caso, al de San Rafael.

Acudir a frases como la que aparece en Hamlet “algo huele mal en Dinamarca” sería una ofensa al arte y podría provocarle náuseas a Shakespeare. Además, estamos bien lejos de ser daneses. Aunque algunos alimenten a esos enormes perros. Y tampoco es dramaturgia de la buena, esto no es teatro. Es la realidad. Nuestra realidad.  La de una provincia que se endeuda a tasas impagables, en dólares, que desde hace décadas no genera trabajo decente y bien pago. Ni en el ámbito privado ni en el Estado. Sólo en los discursos de fin de año nos va bien.

Esto excede y con creces la admiración que uno pueda experimentar por la estatura política de la vicepresidenta y se aparta del deseo genuino para que al presidente le vaya bien en su gestión. Pero es política, claro que sí. Desde el lugar que me toca.

Una médica y especializada en inmunología –algo tan afín a la pandemia que estamos atravesando- ocupa una banca en la legislatura provincial. La misma legisladora que ha fracasado hasta en una inútil interna de su propio partido, el PRO, no por haber perdido en votos, sino porque no le dieron lugar ni a participar, profesa su intención de odio con desparpajo contra la actual vicepresidenta y ex presidenta de la Nación elegida en dos oportunidades. Pregunto. ¿A quién representa ese odio?

Giro la página imaginaria, y encuentro un panegírico de un supuesto colega bregando por el mendoexit. Podríamos calificar la moción de ridícula –simplemente- si no fuese que esto lo hizo en simultáneo mientras se homenajeaba a los Héroes de Malvinas. O sea, de ridículo pasó a ofensivo, indolente, irreverente.

Vamos a insistir en el concepto, generalizar es nocivo pero persistir en estimular el odio, más aún.

Entiendo que quienes pretenden mayor autonomía de Mendoza frente a la Nación es porque quieren hacerse cargo definitivamente de los propios fracasos, de otro modo, más que petulante es hipócrita o zonzo.  No es mi juicio sino el de la aritmética en economía.

A Mendoza le viene yendo peor que a la Argentina en términos específicos y absolutos. La degradación de los salarios, la incapacidad de desarrollar una matriz productiva más amplia cuestión de generar puestos de trabajo, la impericia para administrar los propios recursos y la inutilidad hasta de contralor con eficiencia lo que extraen de nuestro suelo, difícilmente sea delegable.

Autoflagelarse  tampoco es una solución. No destacar los enormes talentos propios y las bondades que ofrece Mendoza, también es ponerle un velo político a la suerte que nos ha tocado. Y en coincidencia, administrar tan caprichosamente los recursos –escasos o abundantes- requiere de una decisión política que se golpea de frente con lo que la mayoría vota en Mendoza.

El brillo elogiable de los caldos que aquí se producen, la excelencia de los vinos que consiguen las máximas calificaciones mundiales, no es algo despreciable. Motivo de orgullo. Orgullo que se desvanece cuando esos mismos actores tan relevantes, pretenden reprimir a los trabajadores de esas enormes y exitosas empresas porque con lo que cobran no cubren siquiera la canasta básica alimentaria. Orgullo que pierde luz cuando solicitan desde esas mismas empresas prorratear y prorrogar el pago de la energía eléctrica, obligación que siempre termina asumiendo ese Estado, que a veces es entelequia y a veces “demonio que da de comer a pobres”.

Inferencias.

Cuánto bien podría hacerle a la sociedad que una médica especialista en un problema sanitario actual se ocupara de asistir a enfermos, a prevenir, en vez de dedicarse a ganar titulares en los medios gracias a su mensaje miserable de odio, porque por la calidad de sus proyectos legislativos difícilmente merezca un epígrafe.

Cuánto mejor nos iría a los mendocinos si en vez de prolijos y austeros diputados que no querían serlo, abandonaran sus discursos mesiánicos, contradictorios y absurdos; dejaran de aprovechar privilegios y se dedicaran a trabajar para revertir la situación declinante de Mendoza a la que ellos contribuyeron con tanta eficacia.

Y cuánto más vivible sería esta amada provincia si la ambición honesta alcanzara a la hipocresía en su ejercicio y divulgación. Y esto abraza tanto a los gobernantes como a sus opositores, que vienen perdiendo espacios de control y consenso sin que les quite el sueño ni compartan las dietas.

A quienes, motivados por un orgullo secesionista, pretenden hacer de Mendoza un país, una isla rodeada por el desierto, o un imperio,  no les deseo ninguna enfermedad ni desgracia, ya demasiado tienen con la ceguera cívica, la ignorancia y el odio que los caracteriza.

Pretender ser lo que no se es no se logra rompiendo el espejo ni culpando los designios divinos o demoníacos (para este caso da igual), se modifica únicamente con y desde la Política. Así, con mayúscula.