La grieta, los medios, fantasmas y el germen de una pandemia sin fin

La grieta argentina no nació con Jorge Lanata. Sus raíces son mucho más profundas y recorren toda la historia nacional. Sin embargo, para amplios sectores del campo nacional y popular, Lanata fue quien logró convertir una vieja disputa política en un espectáculo masivo de televisión, donde la sospecha reemplazó al debate, la acusación ocupó el lugar de la prueba y la confrontación se transformó en un negocio rentable. Su historia personal, su evolución ideológica y su desembarco definitivo en el Grupo Clarín forman parte de una trayectoria que ayuda a explicar buena parte de la Argentina contemporánea.

Adrián Characán

Jorge Lanata, el periodismo de demolición y la epidemia política que todavía divide a la Argentina

La grieta antes de Lanata. La grieta existía mucho antes de que alguien le pusiera nombre. Estaba presente cuando unitarios y federales discutían el destino de la Nación. Estaba en las disputas entre conservadores y radicales. Estaba en el enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas. Estaba en los bombardeos sobre Plaza de Mayo en 1955, en los fusilamientos de José León Suárez, en la proscripción del peronismo y en las décadas de violencia política que marcaron el siglo XX argentino. La Argentina siempre tuvo conflictos. Lo novedoso fue convertir esos conflictos en un producto de consumo masivo. Y allí aparece Jorge Lanata.

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El periodista rebelde

Lanata surgió como una figura irreverente dentro del periodismo argentino.

Fundó medios, impulsó proyectos innovadores y construyó una imagen de periodista independiente que cuestionaba tanto al poder político como al económico. Durante años fue visto como un profesional incómodo para todos. Criticó a gobiernos, empresarios y corporaciones mediáticas.

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Muchos de quienes trabajaron con él reconocen su enorme talento periodístico y su capacidad para construir medios desde cero. Pero también hay críticas sobre su forma de conducción, los conflictos internos en los proyectos que encabezaba y las dificultades económicas que atravesaron varios de sus emprendimientos periodísticos y que termino perjudicando a los miembros de sus equipos .

Con el paso del tiempo, la figura romántica del periodista rebelde empezó a transformarse. Del antiestablishment al corazón del establishment.

Por eso cobra especial significado aquella imagen de Cristina Fernández de Kirchner al finalizar una audiencia judicial. El mensaje fue claro: no sería ella quien tendría que seguir respondiendo preguntas, sino quienes algún día deberían explicar sus decisiones ante la sociedad y ante la propia historia.

Para sus seguidores, aquella escena resume años de hostigamiento político, mediático y judicial enfrentados con aplomo, convicción y una inquebrantable lealtad a la memoria de Néstor Kirchner, a sus ideas y a un proyecto político que identifican con la ampliación de derechos, la movilidad social ascendente, la recuperación del empleo, de la industria nacional y de la esperanza de millones de argentinos.

La historia, como siempre, tendrá la última palabra. Pero cuando se apaguen las cámaras, cuando los titulares pierdan fuerza y cuando las operaciones dejen de ocupar las portadas, quedará una pregunta que todavía espera respuesta: quiénes deberán rendir cuentas por las condenas anticipadas, por los juicios paralelos y por haber convertido tantas veces la sospecha en certeza y la acusación en sentencia.

Porque los acusados pasan. Los expedientes se archivan. Los gobiernos cambian. Pero la historia permanece. Y tarde o temprano, también alcanza a quienes creyeron que jamás tendrían que responder.  Cristina Libre ...

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