Steve Bannon, Bolsonaro y una película que terminó golpeando a la ultraderecha brasileña
Dark Horse, la biopic del líder ultraderechista brasileño, buscaba revitalizar al bolsonarismo antes de las elecciones, pero las denuncias por financiamiento irregular abrieron una crisis inesperada.
Lo que comenzó como una ambiciosa apuesta propagandística para revitalizar el legado político del expresidente brasileño Jair Bolsonaro terminó transformándose en un dolor de cabeza electoral para el bolsonarismo. La película Dark Horse, impulsada desde el entorno de la derecha global y promocionada por el estratega estadounidense Steve Bannon, buscaba consolidar la figura de Bolsonaro como un líder casi épico antes de las elecciones presidenciales de octubre. Sin embargo, el proyecto quedó atrapado en una trama de escándalos financieros, sospechas de financiamiento irregular y un fuerte deterioro político que amenaza las aspiraciones electorales de su hijo, Flávio Bolsonaro.
La iniciativa cinematográfica pretendía ser mucho más que una biografía. Según distintas publicaciones internacionales, el film fue concebido como una herramienta política para mantener vigente la imagen del exmandatario aun en un escenario de restricciones judiciales y debilitamiento político. La estrategia era clara: estrenar la película poco antes de las elecciones para reforzar emocionalmente el vínculo entre el electorado conservador y el apellido Bolsonaro.
La película Dark Horse, impulsada desde el entorno de la derecha global y promocionada por el estratega estadounidense Steve Bannon, buscaba consolidar la figura de Bolsonaro.
El principal impulsor internacional del proyecto fue el estratega trumpista Steve Bannon, quien aseguró públicamente que la película podía convertirse en un instrumento de movilización de la derecha tanto en Brasil como en Estados Unidos. Para Bannon, el largometraje no solo tenía potencial electoral, sino también ideológico: una forma de alimentar la narrativa global del nacionalismo conservador vinculado al trumpismo y sus aliados regionales.
El objetivo era claro: lanzar la película a escala internacional en septiembre, justo antes de la primera vuelta presidencial en Brasil, con la intención de fortalecer la candidatura de Flávio Bolsonaro. La película, titulada Dark Horse ("Caballo negro" o "tapado") cuyo adelanto acaba de ver la luz, construye una narrativa heroica alrededor de Jair Bolsonaro, presentándolo como un dirigente ajeno a las élites que enfrenta a un sistema corrupto, sobrevive a un intento de asesinato durante la campaña de 2018 -recreado en el film con disparos y no con un cuchillo, como ocurrió realmente- y emerge casi con una dimensión mesiánica, dispuesto a "rescatar" el destino de Brasil. El actor estadounidense Jim Caviezel -reconocido por interpretar a Jesús en La Pasión de Cristo- encarna al exmandatario brasileño en una producción filmada en inglés.
Pero la narrativa épica comenzó a resquebrajarse cuando surgieron revelaciones sobre el financiamiento de la película. Investigaciones periodísticas vincularon parte de los fondos del proyecto a un banquero acusado de estar detrás de uno de los mayores escándalos financieros recientes en Brasil. Las acusaciones impactaron de lleno sobre la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario y actual candidato de la derecha para enfrentar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Un audio filtrado lo expuso solicitando financiamiento para la producción, contradiciendo declaraciones previas sobre su relación con el empresario investigado.
El golpe político fue inmediato. Encuestas recientes registraron un retroceso de Flávio Bolsonaro en intención de voto, ampliando la ventaja de Lula en un momento clave de la campaña. Aunque el bolsonarismo conserva competitividad electoral, el episodio debilitó la narrativa de renovación política y volvió a instalar cuestionamientos sobre las redes de financiamiento y el funcionamiento interno del movimiento conservador brasileño.
Más allá del impacto coyuntural, el episodio expone una dinámica más profunda: el intento de sectores de la nueva derecha internacional de convertir productos culturales en herramientas de disputa política. La apuesta de Bannon era construir una épica audiovisual capaz de reforzar el liderazgo de Bolsonaro y sostener el imaginario conservador aun frente al desgaste judicial y político. Sin embargo, el efecto parece haber sido el inverso. Lo que debía funcionar como una plataforma de glorificación terminó convertido en símbolo de opacidad, financiamiento controvertido y fracturas dentro del bolsonarismo.
Con las elecciones brasileñas cada vez más cerca, la incógnita es si Dark Horse logrará revertir el daño o si quedará como un ejemplo de cómo una herramienta pensada para fortalecer un liderazgo puede terminar acelerando su desgaste.







