Argentina en crisis social: jóvenes sin rumbo y políticos desconectados

Mientras la dirigencia discute estadísticas, cargos y slogans reciclados, una generación entera crece entre la incertidumbre, la falta de límites y la ausencia total de horizonte. La crisis argentina hace rato dejó de entrar sólo en una planilla de Excel.

Analista Político. Periodista. Activista y referente en discapacidad. Influenciador en redes sociales.

Nos encontramos en una Argentina sumergida en una crisis que no essolamente económica. También es social, cultural y, en algunos casos,directamente de sentido común. Estamos viendo niveles de violencia entrejóvenes que muchos no recuerdan haber vivido jamás.

Solicitan seguridad al gobierno de Mendoza por los mensajes en las escuelas referidas a tiroteos

Amenazas a escuelas hechas por alumnos, menores detenidos y semanasdonde la noticia sorprende... hasta que aparece la siguiente y la supera.Porque en este país siempre se puede estar un poco peor.

La generacion perdida en Argentina: violencia juvenil, pobreza y abandono.

Cada vez que algo ocurre, reaparece el clásico repertorio nacional: mesas dedebate, especialistas en canales de televisión y políticos descubriendo larealidad con la misma sorpresa con la que uno encuentra humedad detrás deun mueble.

¿Y qué estamos haciendo mal? Varias cosas al mismo tiempo.

No, no es solamente culpa de la tecnología, ni de TikTok, ni de las redessociales, ese nuevo demonio favorito de los adultos que no entienden nadapero opinan de todo. Acá confluyen muchos factores.

Tenemos una Argentina donde trabajar ya no garantiza vivir bien. Padres ymadres con dos o tres empleos para sostener la casa, si es que todavíapueden sostenerla. Familias que apenas coinciden unos minutos al día, algoasí como huéspedes que comparten techo.

Otras directamente volvieron a vivir con los abuelos, que ademas de cuidarnietos ahora también administran crisis familiares. Después nos preguntamospor qué el chico no reconoce autoridad: tiene más jefes que una oficinapublica.

Nuestros hijos en redes no están solos: alguien más los está educando

Los clubes de barrio, esos lugares donde se aprendía compañerismo,disciplina y amistad, fueron quedando en el recuerdo. Hoy muchos barriosperdieron identidad y las plazas tienen más movimiento de madrugada que detarde.

La adolescencia ya no se encuentra para jugar a la pelota o charlar en laesquina. Ahora se junta para una previa eterna, como si cada sábado fuera elúltimo capítulo de la serie.

Los colegios tampoco son lo que eran. Y no por culpa exclusiva de losdocentes, que bastante hacen con salarios modestos y herramientasescasas. Se les exige enseñar, contener, alimentar, mediar conflictos y, siqueda tiempo, educar.

Muchas escuelas pasaron de ser templos del aprendizaje a comedores conpizarrón.

Ademas, repetir de año paso a considerarse un trauma irreversible. Señalarque alguien no alcanzó los objetivos parece más grave que no enseñarlenada. Entonces promovemos alumnos por decreto y después nossorprendemos cuando la realidad los desaprueba sin recuperación.

Todo esto deja a nuestros jóvenes perdidos, sin rumbo y sin adultosconfiables en quienes apoyarse.

Y aquí tampoco puede faltar la dirigencia nacional, siempre lista para llegartarde al problema. Algunos creen que acomodando la macroeconomíaautomáticamente aparecerán familias ordenadas, escuelas fuertes y barriosseguros. Otros piensan que con repartir asistencia indefinidamente alcanza.

Ni una fantasia ni la otra.

Se necesita economía estable, si. Pero también salud, educación, seguridady una reconstrucción social seria. Palabra poco frecuente en campana: seria.

Argentina ya perdió demasiado tiempo y varias generaciones en el camino.Mientras tanto, el norte profundo sigue hundido en la pobreza, el conurbanosobrevive como puede y buena parte de la clase media hace equilibrio parano caer.

Y en medio de todo eso, todavía hay dirigentes discutiendo relatos.El problema es que la realidad no vota slogans.

Los niños son el recurso mas importante del mundo y la mejoresperanza para el futuro.

John F. Kennedy.

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