Cuando la inspiración choca con la realidad: estudiantes interpelan el discurso emprendedor

En un evento masivo impulsado por Endeavor, jóvenes secundarios no solo reaccionaron ante los oradores, sino que evidenciaron una lectura crítica del vínculo entre negocios, política y desigualdad. Ariel Sbdar quedó en el centro de la escena por lo ocurrido durante su exposición.

Hernán Ansuini
Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

El evento formó parte de las actividades de Endeavor, una organización internacional "sin fines de lucro" (su sostenibilidad se basa en donaciones, patrocinios de empresas y el apoyo de su red de mentores) dedicada a promover el desarrollo emprendedor.

En Argentina, Endeavor ha desarrollado en los últimos años una línea específica orientada a jóvenes, conocida como Endeavor Sub20. Se trata de encuentros masivos dirigidos a estudiantes secundarios, donde empresarios, referentes tecnológicos y figuras del mundo de los negocios comparten experiencias para incentivar el espíritu emprendedor desde edades tempranas. La propuesta combina motivación, educación financiera y difusión de nuevas herramientas vinculadas a la economía digital.

"¿Por qué me dicen vendepatria?": Ariel Sbdar, CEO de la fintech Cocos, fue abucheado ante más de 12.000 estudiantes secundarios.

"¿Por qué me dicen vendepatria?": Ariel Sbdar, CEO de la fintech Cocos, fue abucheado ante más de 12.000 estudiantes secundarios.

El evento en cuestión se llevó a cabo en el Movistar Arena, uno de los principales recintos para espectáculos y convenciones de la ciudad de Buenos Aires. Allí se congregaron miles de estudiantes de escuelas secundarias, convocados para participar de una jornada que, en principio, buscaba acercarlos al mundo de la innovación, las startups y las oportunidades del mercado actual.

En ese marco, la grilla de oradores incluyó figuras diversas del mundo empresarial, tecnológico y cultural. Entre ellos, Ariel Sbdar, quien subió al escenario para exponer sobre inversiones, educación financiera y el impacto de la tecnología -particularmente la inteligencia artificial- en el acceso al mercado de capitales. También participó María Becerra, quien aportó una mirada distinta, centrada en su trayectoria artística, el desarrollo de su carrera en la industria musical y la construcción de proyectos personales en contextos adversos, vinculando su experiencia con el esfuerzo y la autogestión.

Acá aparece un punto clave para entender el trasfondo del evento: la participación del Estado -y en particular del sistema educativo porteño- en la convocatoria de los estudiantes. Si bien las ediciones más recientes de Experiencia Endeavor Sub20 son organizadas por Endeavor, la asistencia masiva de estudiantes secundarios no es espontánea. El evento convoca a miles de alumnos de escuelas públicas y privadas, en muchos casos a través de circuitos institucionales vinculados al sistema educativo.

En antecedentes de este mismo programa, se registra que la participación estudiantil se canalizó mediante políticas educativas de la Ciudad de Buenos Aires. En particular, a través de las llamadas Actividades de Aproximación al Mundo del Trabajo y los Estudios Superiores (ACAP), impulsadas por el Ministerio de Educación porteño, que incluyen este tipo de jornadas como parte de la formación obligatoria o complementaria de los últimos años del secundario.

Ahora bien, este punto también abre una dimensión de debate: la articulación entre el sistema educativo y organizaciones del sector privado. Mientras desde la política pública se plantea como una herramienta de orientación y formación para el futuro, sectores críticos han señalado que estos espacios pueden implicar una fuerte presencia de discursos empresariales dentro de la educación pública, con escaso margen para otras miradas.

Educación, empresa y formación ideológica

Este cruce -educación, empresa y formación ideológica- es clave para entender por qué el episodio con los estudiantes no puede leerse solo como una interrupción aislada. Porque los jóvenes que estaban ahí no eran un público casual: estaban participando de una actividad promovida, en parte, desde el propio sistema educativo. Y eso vuelve aún más significativa su reacción.

Entre el rechazo y la empatía: del abucheo a Sbdar al respaldo a María Becerra

En ese contexto, la participación de Ariel Sbdar quedó en el centro de la escena por lo ocurrido durante su exposición. Al subir al escenario para hablar sobre inversiones, educación financiera y tecnología, fue rápidamente interrumpido por un grupo de estudiantes que comenzó a corear consignas en su contra. El clima se volvió tenso en cuestión de minutos: los cánticos -entre ellos "vendepatria"- impidieron el desarrollo normal de la charla, descolocaron al expositor y terminaron por hacer inviable su continuidad en el escenario. Finalmente, Sbdar debió acortar su intervención y retirarse sin poder completar su presentación.

María Becerra: un posicionamiento cargado de empatía y con un tono más cercano a las inquietudes cotidianas.

María Becerra: un posicionamiento cargado de empatía y con un tono más cercano a las inquietudes cotidianas.

El episodio, sin embargo, no puede leerse únicamente como una reacción espontánea. Parte de los estudiantes vinculó su figura con el caso de la criptomoneda $LIBRA. En ese punto, es importante precisar: no hay evidencia de que Sbdar o su empresa, Cocos Capital, tengan participación directa en maniobras irregulares asociadas a ese caso. No obstante, sí se le atribuye haber promocionado o difundido el proyecto en su momento.

Tras ese momento de tensión, la jornada continuó con otras exposiciones. Entre ellas, la de María Becerra, que contrastó de manera marcada con lo ocurrido previamente. Durante su intervención, hizo una referencia directa a la situación de los jubilados, expresando preocupación y sensibilidad frente a las dificultades económicas que atraviesan, y planteando la necesidad de no perder de vista esas realidades sociales. Ese posicionamiento, cargado de empatía y con un tono más cercano a las inquietudes cotidianas, generó una fuerte identificación entre los estudiantes y fue el principal motivo de los aplausos que acompañaron su exposición.

Una juventud que interpreta: más allá del "vos podés solo", una mirada crítica sobre la realidad

El abucheo introduce una fisura clave en el relato dominante del evento: la distancia entre el discurso del "vos podés hacerlo solo" y las condiciones reales en las que viven muchos de los estudiantes. Lo que aparece no es un rechazo al esfuerzo o a la superación personal, sino una sensación de ajenidad frente a historias que no dialogan con sus propias trayectorias. Cuando los expositores relatan contactos en Londres o trayectorias internacionales como punto de partida, lo que para algunos es inspiración, para otros se vuelve evidencia de una desigualdad de base que el discurso meritocrático tiende a invisibilizar.

En ese marco, la promesa de que "no hacen falta recursos" para emprender pierde fuerza. No porque el esfuerzo no importe, sino porque las condiciones materiales, sociales y culturales sí importan. El acceso a redes, capital inicial, educación específica o incluso tiempo disponible para arriesgarse no está distribuido de manera equitativa. Por eso, el mensaje -presentado como universal- puede percibirse como irreal o incluso frustrante para quienes no parten del mismo lugar. La crítica no es contra el emprendimiento en sí, sino contra una narrativa que descontextualiza el éxito y lo presenta como una cuestión puramente individual.

Ahí aparece también otro elemento: el lenguaje. La referencia a términos en inglés, a lógicas de "co-working" o a formatos de inversión sofisticados refuerza esa distancia simbólica. No es solo una cuestión económica, sino también cultural. El mundo que se describe parece tener códigos propios, ajenos a la experiencia cotidiana de muchos estudiantes. En lugar de acercar, ese lenguaje puede funcionar como una barrera que marca quién pertenece y quién queda afuera.

Hay un tipo de discurso que promueve una fe en el individuo aislado, donde el éxito aparece como consecuencia directa de la voluntad y el fracaso como una falla personal. Lo humano, en cambio, introduce matices: las trayectorias están atravesadas por contextos, vínculos, oportunidades y también por límites.

Por contraste, la intervención de María Becerra incorporó conflictos reales: las tensiones de género, la necesidad de negociar en espacios hostiles, la responsabilidad sobre equipos de trabajo y la dimensión ética de las decisiones. No eliminó la idea de esfuerzo, pero la ubicó en un contexto concreto, con obstáculos tangibles. Esa diferencia es clave: no se trata solo de decir que se puede, sino de mostrar qué implica realmente ese camino.

Ahí es donde el análisis adquiere un sentido más humano. El problema no es el mensaje de superación, sino su simplificación. Cuando se lo presenta sin contexto, puede generar distancia o frustración. Cuando se lo vincula con experiencias reales, con conflictos, con límites y también con responsabilidades, se vuelve más cercano, más creíble y, sobre todo, más honesto.

En definitiva, lo que emerge es una tensión de época: entre una narrativa que exalta la autosuficiencia individual y una realidad que muestra que nadie construye su camino completamente solo. Reconocer esa complejidad no debilita el mensaje de esfuerzo; al contrario, lo vuelve más justo, más inclusivo y más conectado con la vida concreta de quienes lo reciben.

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