El intendente que festeja el frío ajeno de los pobres, los privilegios para los amigos
El intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, celebró públicamente la eliminación de beneficios vinculados a la zona fría y acompaña un modelo político y económico que golpea de lleno a trabajadores, jubilados y sectores populares. La medida afecta especialmente a distritos de montaña y zonas rurales de su propio departamento, donde muchas familias no cuentan con gas natural y sobreviven enfrentando inviernos extremos. Mientras el municipio exhibe como "gestión" la compactación de autos y motos abandonadas por la crisis económica, Alasino construye su perfil como posible candidato a gobernador respaldado por Mauricio Macri, Gabriel Pradines y sectores conservadores mendocinos.
Esteban Alasino celebra el fin de la zona fría mientras miles de familias mendocinas no tienen cómo calefaccionarse
Hay dirigentes políticos que hablan de eficiencia mientras administran privilegios.
Y hay otros que logran algo todavía más perturbador: celebrar el sufrimiento ajeno como si fuera una virtud de gestión.
Esteban Allasino, parece pertenecer a esa categoría.
No se trata solamente de una declaración desafortunada. No es un exabrupto aislado ni un error de comunicación. Lo que expresa el actual intendente de Luján de Cuyo cuando festeja el fin de la denominada "zona fría" es una concepción del mundo. Una mirada política. Una idea de sociedad donde el sacrificio siempre lo hacen los mismos.
Porque mientras desde Buenos Aires se diseñan tarifazos en oficinas calefaccionadas, en Mendoza hay familias que pasan el invierno envueltas en frazadas dentro de casas de chapa, calentándose con una hornalla o contando cuánto queda en la garrafa para llegar a la próxima semana.
Y justamente una parte importante de esas familias viven en el departamento que administra Allasino.
Potrerillos. Blanco Encalada. Ugarteche. El Carrizal. Distritos donde el frío no es un relato ideológico ni una estadística técnica. Es una realidad física que baja de la montaña, atraviesa paredes y se instala en el cuerpo.
En muchas de esas zonas ni siquiera existe conexión domiciliaria de gas natural. Allí el invierno se combate con leña húmeda, garrafas carísimas o sistemas eléctricos imposibles de sostener después de cada aumento.
Pero desde ciertos sectores del poder parece haberse perdido toda capacidad de empatía social.
Quizás ocurre que cuando un dirigente vive rodeado de confort, cuando la calefacción nunca falta, cuando el tanque de gas no se termina y la factura no representa un problema, el dolor ajeno comienza a parecer abstracto. Una molestia menor. Un daño colateral aceptable dentro del "ordenamiento económico".
Entonces aparecen dirigentes celebrando el retiro de subsidios como si estuvieran anunciando una conquista moral.
Lo verdaderamente grave no es solamente la eliminación de beneficios para las zonas frías. Lo más inquietante es la alegría con la que algunos sectores políticos viven ese proceso. La felicidad del ajuste.
La satisfacción de ver cómo el Estado se retira justamente de donde más se lo necesita.
Porque el modelo que representan no castiga a quienes más tienen. Nunca empieza por arriba. Nunca toca a los verdaderos privilegiados. Al contrario: mientras a una familia trabajadora se le encarece la calefacción, continúan las excepciones, beneficios y facilidades para grandes desarrolladores inmobiliarios y grupos económicos ligados al poder político , como Palmares valley.
El contraste es obsceno.
A un vecino común se le cobra hasta respirar. Pero para determinados empresarios siempre aparece una excepción, un guiño, una flexibilización, una ordenanza a medida.
Y mientras tanto, el municipio presenta como símbolo de eficiencia la compactación de autos y motos .
Vehículos que muchas veces no fueron descartados por irresponsabilidad sino por empobrecimiento.
Pequeños autos familiares. Motos de baja cilindrada. Herramientas de movilidad que durante otros períodos históricos pudieron ser adquiridas por trabajadores gracias a salarios más dignos, créditos accesibles y cierta expectativa de progreso.
Muchos de esos vehículos fueron comprados en años donde todavía existía algo que hoy parece ofensivo mencionar: movilidad social ascendente.
Hoy mantener un auto es un privilegio. Cargar combustible es una odisea. Comprar un repuesto puede equivaler a medio sueldo. Regularizar papeles o transferencias se transformó en un laberinto económico imposible para miles de familias.
Pero en lugar de preguntarse por qué tanta gente quedó afuera, el poder político celebra la compactación como si estuviera limpiando residuos y no exhibiendo las consecuencias materiales de una crisis social.
La pobreza convertida en chatarra.
La derrota social presentada como orden urbano.
Esteban Allasino construyó su carrera política dentro del universo de Omar De Marchi, luego acompañó la estructura de Sebastián Bragagnolo y hoy intenta consolidarse como figura provincial dentro de un esquema político que combina macrismo, conservadurismo territorial y una versión mendocina de la meritocracia más excluyente.
No es casual que reciba elogios de Mauricio Macri ni que sectores ligados a Gabriel Pradines comiencen a proyectarlo como posible candidato a gobernador.
Tampoco es casual el territorio desde donde emerge políticamente.
Luján de Cuyo concentra algunos de los barrios más ricos y conservadores de Mendoza. Urbanizaciones cerradas, countries, desarrollos premium , bodegas de alta gama y sectores sociales donde muchas veces el éxito individual se interpreta como prueba de superioridad moral.
Allí prospera una idea peligrosa: creer que quien sufre es porque no se esforzó lo suficiente.
Esa lógica termina justificando cualquier ajuste. Si alguien no puede pagar el gas, será porque no trabajó lo suficiente. Si alguien perdió su moto, será culpa de su falta de mérito. Si alguien no puede calefaccionar a sus hijos, entonces el problema no es el sistema sino el individuo.
Esa mirada no solamente es cruel. También es profundamente ignorante respecto de la realidad social argentina.
Porque ningún país se construye destruyendo a sus sectores medios y populares.
Ninguna sociedad puede sostenerse cuando gobernar consiste únicamente en garantizar privilegios para unos pocos mientras se les exige heroísmo cotidiano a quienes ya no tienen nada más para entregar.
En un congreso en Viena , Austria el ministro de desregulación Federico Sturzenegger, relataba en ingles una pelicula de nombre el Nucleo ,una escena donde científicos intentaban evitar una catástrofe capaz de matar a 8.000 mil millones de habitantes . Uno protagonistas de la película dijo que lo único que realmente le importaba era salvar a su esposa y a su hijo.
Federico Sturzenegger, emocionado hasta las lagrimas , contó sentirse identificado con esa idea, de salvar a su hijo , su hija y su esposa y coincidir con el proyecto de Milei . Salvarse solo , un poco coincide con el pensamiento del que pretende ser el próximo gobernador de Mendoza , Esteban Allasino .
Tal vez allí se resuma el espíritu de esta época. La imposibilidad de pensar en comunidad. La incapacidad de comprender que una sociedad no se salva individualmente.
Y quizás por eso algunos dirigentes pueden festejar que una familia humilde pague más caro el gas mientras ellos continúan viviendo protegidos dentro de una Argentina paralela, climatizada y distante. Según su ultima declaración jurada, donde se advierte la adquisición de una casa en 2023 , similitud a la de Adorni que justo se la dio por comprar propiedades desde que es funcionario .
Porque cuando el frío solamente lo padecen los pobres, entonces deja de ser un problema político.
Y pasa a convertirse, simplemente, en paisaje.






