Capital humano de bajo valor
La frase del CEO de Standard Chartered sobre reemplazar "capital humano de bajo valor" con inteligencia artificial expuso una mirada donde el trabajador es visto como un costo y no como una persona. La nota relaciona ese pensamiento con antiguos discursos de Mauricio Macri sobre el "costo laboral" y con el avance de modelos tecnológicos orientados más al control y la rentabilidad que al bienestar humano. Mientras tanto, en Mendoza se habla de modernización con IA, pero siguen sin resolverse los problemas salariales y psicológicos de los trabajadores y las fuerzas de seguridad.
Cuando la inteligencia artificial empieza a parecerse demasiado a quienes la financian
Hubo un tiempo donde las corporaciones hablaban de "capital humano" con tono amable, música motivacional y sonrisas de LinkedIn. Decían que la inteligencia artificial venía a potenciar trabajadores, a aliviar tareas repetitivas, a liberar tiempo para que las personas pudieran vivir mejor. Pero algo cambió. Y cambió rápido.
En apenas un año pasaron de hablar de "copilotos" tecnológicos a hablar de trabajadores descartables.
El CEO de Standard Chartered, uno de los bancos más grandes del mundo, Bill Winters, anunció el recorte de alrededor de 7.000 puestos laborales hacia 2030 y justificó la medida con una frase que recorrió Asia, Europa y América Latina: "Estamos reemplazando en algunos casos capital humano de bajo valor con capital financiero y de inversión".
Después llegaron las disculpas. Los comunicados internos. El clásico "me sacaron de contexto". Winters aseguró que sus palabras no reflejaban el valor de las personas sino cambios estructurales en el trabajo impulsados por la inteligencia artificial. Pero el daño ya estaba hecho. Porque la frase no fue un error. Fue sinceridad corporativa.
Y ahí aparece una discusión mucho más profunda que la tecnología. Porque la inteligencia artificial no nace con una ideología propia. No decide sola despedir trabajadores, vigilar empleados o reducir salarios. La entrenan personas. La financian empresarios. La orientan grupos económicos que desde hace décadas consideran al trabajador como una carga.
Por eso el discurso suena tan familiar en Argentina.
Mucho antes de ser presidente, Mauricio Macri ya repetía en entrevistas televisivas, invitado como empresario en programas de Bernardo Neustadt o Mariano Grondona o incluso ya elegido como presidente , que el "costo laboral" era uno de los principales problemas del país. Hablaba de flexibilización, de bajar cargas, de reducir el peso del trabajo sobre las empresas.
Inclusive llegó a deslizar una idea brutal: que el trabajador debía estar dispuesto a ganar lo mínimo posible para sostener competitividad.
La pregunta entonces es inevitable
¿Quién en su sano juicio quiere ganar lo mínimo?
¿Aceptarían los grandes empresarios ganar "lo mínimo posible" por sus inversiones? ¿Aceptarían resignar rentabilidad en nombre del bienestar colectivo? Evidentemente no. La exigencia siempre baja hacia abajo. Nunca sube hacia arriba.
Y ahí es donde la inteligencia artificial empieza a parecerse demasiado a quienes la financian.
Porque si los sistemas son entrenados con una lógica donde el trabajador es un costo, el resultado inevitable es este presente donde las personas empiezan a ser medidas según cuánto gastan y no según cuánto valen como seres humanos.
Hace apenas unos años , en 2023 en la cena anual de la Fundación Libertad , el propio Macri protagonizó otro episodio simbólico de esta época , comenzó a leer un discurso y dijo casi con orgullo: "Esto me lo hizo ChatGPT hace 5 minutos ". Después incluso bromeó con no seguir leyendo por que estaba muy bueno .
Tal vez sin querer mostró algo mucho más profundo que una anécdota tecnológica: la fascinación de cierta dirigencia por reemplazar procesos humanos incluso en algo tan elemental como escribir una idea propia.
La inteligencia artificial aparece entonces no solamente como herramienta, sino como expresión cultural de una época donde pensar, producir y trabajar parecen volverse molestos si afectan la velocidad de la rentabilidad.
Y mientras las grandes corporaciones avanzan sobre esa lógica, en Mendoza también se empiezan a escuchar discursos sobre modernización, automatización y vigilancia inteligente.
El Ministerio Público Fiscal promete mejoras mediante inteligencia artificial aplicada a la seguridad. Hablan de sistemas predictivos, análisis de datos y nuevas herramientas tecnológicas. Pero mientras tanto no mejora el salario policial, no se reduce la sobrecarga laboral, no se atiende la psiquis destruida de efectivos sometidos a jornadas interminables, presión constante, estrés extremo y abandono institucional.
La tecnología aparece antes que la dignidad humana
Y detrás de ese modelo emergen gigantes como Palantir, empresas ligadas históricamente al espionaje, al procesamiento masivo de datos y a estructuras vinculadas a agencias de inteligencia occidentales. La Argentina empieza a ser vista como territorio ideal para probar sistemas de control social, vigilancia predictiva y administración algorítmica de poblaciones.
Todo en nombre de la eficiencia.Todo en nombre de la seguridad. Todo en nombre de la modernización. Mientras tanto, el trabajador sigue siendo considerado un gasto.
Mañana Mauricio Macri llegará a Mendoza y participará de una actividad junto a Gabriel Pradines y Esteban Allasino en el Hotel Hilton, promocionada como parte de una alternativa política hacia 2027 frente al gobierno de Javier Milei.
Y quizás ahí aparezca otra pregunta inevitable. Si el presente ya viene golpeando salarios, destruyendo empleo y deshumanizando relaciones laborales, ¿qué significa apostar por quienes históricamente consideraron al trabajo como un problema económico y no como un derecho humano?
Porque a veces algunas propuestas políticas se parecen demasiado a salir del horno para caer directamente en las llamas.
Y en medio de toda esta discusión hay algo que todavía muchos prefieren no decir: la inteligencia artificial no reemplaza humanidad por decisión propia.
La reemplazan quienes creen que una planilla de Excel vale más que una persona.



