La insoportable vacuidad política

La bendición de una vida finita Vivió 94 años pero la longevidad no es suficiente argumento para evitar que los obituarios de hoy sean tan superficiales como alguno de sus personajes. La edad tampoco garantiza comprensión ajena, hablamos de Milan Kundera, el escritor checo más difundido después de la tríada genial de Kafka, Rilke y… Continúa leyendo La insoportable vacuidad política

La bendición de una vida finita
Vivió 94 años pero la longevidad no es suficiente argumento para evitar que los obituarios de hoy sean tan superficiales como alguno de sus personajes. La edad tampoco garantiza comprensión ajena, hablamos de Milan Kundera, el escritor checo más difundido después de la tríada genial de Kafka, Rilke y Franz Werfel, pero con la misma espesura literaria, irreductible de los cuatro

Panegírico improvisado
Este no será el lugar para una merecida elegía a Milan Kundera pero su deceso nos permite evocar algo de su sarcasmo y su mirada profunda sobre el hombre y su devenir. Siempre contemporáneo.

Kundera cultivó literatura desde un lugar incómodo, el exilio, la expulsión. Nos proporcionó una visión muy crítica, una lectura dramática de la relación del hombre mundano y la política pero nunca desesperada. Y si lo fuera, con algo de humor mitiga lo insoportable y lo posterga- Tal vez por eso, esperando que cada cual asumiera su cuota parte es que vivió casi un siglo.

Volver con la frente arrugada
Desde 1975 residía con ciudadanía francesa en París. Los últimos años había regresado a su Patria y recuperado su nacionalidad, aquella que perdió en algún otoño tardío cuando la primavera de Praga trocó en invasión inesperada y la violencia marchitó la esperanza de un socialismo con rostro humano. El autor de La Insoportable levedad del ser, como Joyce, como Marechal, no requirió de personajes fantásticos para revelar la verdadera dimensión humana, esa que nos exime de cualquier exigencia divina.

Competencia desleal
La realidad actual compite con la literatura, con el entretenimiento audiovisual -como se denomina hoy a todo elemento representativo de la irrealidad- pero se confunde y no hay traducción posible.

A Mel Brooks no se le ocurrió.
A 50 grados Norte de la línea del Ecuador, exactamente igual que Praga y a 1.400 kilómetros, ni uno más ni uno menos, está Kiev, la capital de Ucrania, que además de soportar hoy las consecuencias de la guerra por la invasión de las fuerzas de la Federación Rusa, debe soportar a su primer mandatario, Volodímir Zelenski, actor y productor televisivo, organizador de espectáculos, guionista, abogado y -lamentablemente- político advenedizo

Actor cómico de reparto
Del 11 al 12 de julio se concretó la 31va. cumbre de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en Vilna, capital de Lituania, bien cerca de la zona de conflicto y bien lejos de las pretensiones de Zelenski.
Durante este encuentro hubo varios desencuentros con el mandatario ucraniano.

Toma 1 escena 1
Como si se tratara de un capítulo de una sitcom, con el ministro de defensa británico y con el enviado de Estados Unidos, Zelenski en su papel de primer mandatario de una república en guerra, defeccionó hasta llegar al ridículo. Los funcionarios de Gran Bretaña y Estados Unidos en tono impropio para delegados de esa jerarquía, le sugirieron a Zelenski que fuese más agradecido y menos pedigüeño.

Suenan parecido, aunque uno suena mucho más fuerte
El tenor de los cruces verbales, al menos como nos llega de las agencias de noticias, impide cualquier posible lectura seria. El ministro de defensa del Reino Unido, Ben Wallace, le dijo a Zelenski que él no representaba a Amazon como para andar proveyendo las armas que el ucraniano solicitaba con tanta insistencia. Luego, en un intento de proximidad, el presidente estadounidense Biden cometió el lapsus más inoportuno, aludió a su «amigo» Vladimir (nombre de pila de Putín) en vez de Volodimir.

31 a la cabeza
En la trigésimo primera reunión de la OTAN el tema central, sin dudas, es la contienda bélica que atraviesan dos naciones, aunque ninguna de ambas es miembro de entre las 31 que sí. Y precisamente el factor desencadenante -o al menos el pretexto- de esta intrusión rusa en su vecino Ucrania fue que la anexión de Ucrania constituía una amenaza capaz de perturbar el oscilante equilibrio que se mantiene después del desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en una libre interpretación de Putín, claro

Volvé Baudrillard, te perdonamos
En 1991, el pensador francés, un provocador nato (nato, no otan) Jean Baudrillard ensayó sobre el conflicto en Kwait e Irak.

Aquella guerra iniciada en el Golfo Pérsico, y la primera transmitida en vivo, dio permiso para que el intelectual afirmara (o dudara como buen filósofo) sobre aquella confrontación y en un libro compendió algunos escritos bajo el título «La guerra del Golfo no ha tenido lugar».

Aunque Boudrillard nunca sostuvo abiertamente que no había ocurrido -como los no lectores quisieron achacarle- sí sacudió la inmovilidad mental que había provocado el derrumbe del muro en Berlín. De alguna manera nos decía que tan peligroso y lesivo como una guerra era el sometimiento perpetuo para impedirla, y la posibilidad de que un simulacro fuese suficiente para que nadie osara rebelarse.

Ignorancia artificial
Hoy, mientras encendemos las pantallas planas de varias decenas de pulgadas, con una definición de píxeles que supera la luminosidad natural y el sonido suena más potente que nuestra capacidad de escucha, no podemos identificar si acaso lo que vemos es la verdad aristotélica o la simulación. La única manera de comprobación sería estar en el sitio adonde los medios y la tecnología nos dicen que está aconteciendo lo que vemos, sentimos, escuchamos. Obvio si se trata de una guerra, no es de cobarde sino de sensato, elegir creer o no sobre la veracidad del asunto pero no arriesgar nuestra integridad física para cerciorarnos. O sea, tantos saberes y vanidosa inteligencia para retornar al más primitivo de los refugios intelectuales: la fe.

Bipolar
La hipotética pugna binaria y permanente entre dos potencias, dos grandes ideas rectoras,forjaron tiempos en los que emergían los ímpetus revolucionarios, contestatarios y también emancipatorios, creativos y artísticos de vanguardia.

Las palabras y los hechos
La revolución cubana, el boom literario latinoamericano, el mayo francés, la primavera de Praga, el «I have a dream» de Martín Luther King, el hombre hacia la Luna, la era de acuario, la new age, los Beatles y para no quedarnos afuera de la película, la tercera posición, el retorno de Perón a la Argentina, la aparición del rock en castellano, Neruda y el socialismo chileno con método democrático (representado por Allende) y muchas manifestaciones más revelan el carácter de una época y una épica.
Sin romantizar el calendario, el volumen político y social de entonces aturdiría la levedad que atraviesa a los dirigentes hoy . Y para nosotros, los espectadores inertes, el dilema es que ni siquiera podemos estar convencidos de cual es la verdad. O tal vez nos resistimos en darle crédito a las zonceras astronómicas que provocan sin el más mínimo de los pudores.

Directo al acantilado
Saber que un diputado nacional con pretensiones de competir por la Presidencia de la Nación, ignora la más higiénica de las reglas del Parlamento, y haya pedido formalmente que le dieran curso al pedido de CAMBIAR SU manera de votar, se escapa de lo admisible. Sería como si cada ciudadano quisiera cambiar su sufragio el día posterior a la elección. Más grave, aún es que haya personas que con un mínimo grado de formación cívica y condiciones mentales haya posibilitado que ese personaje esté cobrando una dieta.

Deteriora cualquier régimen institucional y confunde a la esperanza. Ni siquiera podemos decir del personaje con ley propia que está ocupando una banca, porque además de estúpido es vago e irresponsable. Inferencia obligatoria: si es así como avanza la libertad, sería requisito que le avisen que el precipicio está muy cerca

Un kilo de humo, sin envolver
Darle permiso a la ficción para que se disfrace de realidad y hacer que la realidad sea una impostación absurda e inverosímil, no colabora. Afortunadamente nos queda como cuerda de sujeción aquella sentencia que Milan Kundera puso en la boca de uno de sus personajes:
?Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga?.

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