Argentina, entre los países que más impuestos cobran en la región: qué dice el nuevo informe de la OCDE
El estudio revela que la presión tributaria argentina continúa entre las más altas de América Latina, aunque sigue por debajo del promedio de las economías desarrolladas.
Un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestra que Argentina continúa ubicándose entre los países con mayor presión tributaria de América Latina y el Caribe. Sin embargo, pese al peso de los impuestos sobre la economía, la recaudación aún permanece por debajo del promedio de los países desarrollados agrupados en la OCDE. El documento también exhibe cambios en la composición de los tributos y deja al descubierto una tensión estructural: Argentina recauda mucho para estándares regionales, pero no lo suficiente para sostener un esquema estatal comparable al europeo.
Argentina: presión fiscal alta en términos regionales
El informe Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2026, elaborado por la OCDE junto con la CEPAL, el BID y el CIAT, analiza la evolución de los ingresos tributarios hasta 2024. En el caso argentino, el estudio señala que el peso de los impuestos sobre el Producto Bruto Interno (PBI) se mantuvo entre los más elevados de América Latina, por encima del promedio regional, aunque todavía por debajo de las economías desarrolladas.
La comparación regional resulta reveladora: mientras América Latina y el Caribe registró una carga tributaria promedio del 21,7% del PBI en 2024, los países de la OCDE se mantuvieron considerablemente por encima. Argentina, históricamente, se ha ubicado en el pelotón superior latinoamericano, junto con Brasil y Uruguay.
Según un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) la presión tributaria argentina continúa entre las más altas de América Latina.
Este dato desarma parcialmente dos narrativas enfrentadas. La primera, que Argentina es "un infierno fiscal" incomparable en el mundo; la segunda, que su presión tributaria sería baja frente a países desarrollados. La evidencia de la OCDE sugiere algo más complejo: el país tiene una carga impositiva alta para América Latina, pero relativamente moderada frente a Europa occidental. La diferencia central no está tanto en cuánto se recauda, sino en cómo y sobre qué se recauda.
Un sistema apoyado en impuestos al consumo
Uno de los rasgos persistentes del esquema tributario argentino es la fuerte dependencia de impuestos sobre bienes y servicios, especialmente el IVA y tributos indirectos. En toda América Latina, este tipo de gravámenes explica buena parte de los ingresos fiscales, mientras que los impuestos patrimoniales y sobre ingresos personales tienen un peso comparativamente menor que en los países ricos.
Eso significa que el sistema argentino -como gran parte de la región- grava con intensidad el consumo y menos la riqueza o los ingresos altos, generando un sesgo regresivo: proporcionalmente, los sectores de menores ingresos destinan una porción mayor de sus recursos al pago de impuestos indirectos.
En el caso argentino, además, la estructura fiscal incorpora componentes poco frecuentes en economías avanzadas: derechos de exportación, impuestos sobre débitos y créditos bancarios y una fuerte participación de tributos provinciales como Ingresos Brutos, ampliamente cuestionados por economistas por su efecto "en cascada" sobre precios y costos. Aunque el informe de la OCDE no emite juicios políticos sobre estos instrumentos, sí permite observar una composición tributaria más distorsiva que la predominante en países desarrollados.
Qué pasó con la recaudación en 2024
El reporte muestra que en 2024 hubo una leve recuperación del promedio regional de ingresos tributarios respecto de 2023, aunque el crecimiento fue modesto y heterogéneo entre países. La media regional subió apenas 0,2 puntos porcentuales hasta el 21,7% del PBI, en un contexto de crecimiento económico débil y volatilidad internacional.
Para Argentina, la evolución estuvo marcada por el proceso de estabilización macroeconómica, la desaceleración inflacionaria y cambios en la actividad económica que impactaron de forma desigual sobre los tributos. La recaudación ligada al comercio exterior y al consumo fue especialmente sensible al ciclo económico y a las modificaciones en precios relativos.
El sistema argentino grava con intensidad el consumo y menos la riqueza o los ingresos altos.
El documento no ingresa en la discusión política doméstica, pero ofrece un insumo clave para un debate central de la Argentina actual: si el equilibrio fiscal puede sostenerse únicamente mediante recorte del gasto o si, tarde o temprano, requerirá una reforma tributaria más profunda y simplificada.
La paradoja argentina: muchos impuestos, baja legitimidad
El informe deja flotando una contradicción histórica. Argentina recauda relativamente mucho dentro de América Latina, pero exhibe niveles persistentes de informalidad, evasión y resistencia social al pago de impuestos. En parte, esto responde a una percepción extendida de baja calidad estatal: contribuyentes que sienten que pagan como países desarrollados, pero reciben servicios más precarios.
La comparación internacional también pone en perspectiva otra discusión frecuente: los países europeos suelen cobrar más impuestos, pero con mayor peso de gravámenes progresivos y menores niveles de informalidad. En América Latina, y especialmente en Argentina, el entramado tributario tiende a ser más complejo, superpuesto y costoso administrativamente.
Conclusión
El diagnóstico de la OCDE no ofrece una condena ni una absolución del sistema argentino, pero sí una radiografía incómoda: el país sigue siendo una economía de alta carga tributaria para estándares regionales, con un sistema fuertemente apoyado en impuestos al consumo y múltiples capas impositivas. El desafío no parece ser únicamente cuánto recaudar, sino recaudar de manera más simple, eficiente y socialmente aceptada. En un contexto de ajuste fiscal y discusión sobre el tamaño del Estado, el informe vuelve a poner sobre la mesa una pregunta vieja, pero todavía irresuelta: cómo financiar un país sin asfixiar su economía.







