La economía enfría el ánimo social y complica al Gobierno

Un estudio nacional de D'Alessio IROL y Berensztein mostró en abril de 2026 un aumento del pesimismo económico, una caída en las expectativas de mejora y un nuevo retroceso en la imagen de la gestión de Javier Milei.

Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

La economía volvió a ubicarse en el centro del humor social en la Argentina. El último monitor de D'Alessio IROL y Berensztein, correspondiente a abril de 2026, confirma un deterioro de la percepción sobre el presente, una pérdida de confianza en la recuperación y un impacto cada vez más visible sobre la evaluación política del Gobierno. El malestar ya no aparece sólo en los indicadores generales: también se instala en la vida cotidiana, en las expectativas de los hogares y en la imagen de los principales dirigentes.

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Evaluación de la situación económica con respecto al año pasado:

La comparación con el año pasado consolida una percepción de deterioro económico persistente. Según el relevamiento, el 68% de los encuestados considera que la situación actual del país está peor que hace un año, mientras que apenas el 31% cree que mejoró. El dato no sólo profundiza el pesimismo respecto de mediciones anteriores, sino que además erosiona una de las principales narrativas del oficialismo: la idea de que el esfuerzo económico ya empezó a traducirse en resultados visibles. Incluso entre los votantes de La Libertad Avanza se advierte una baja del optimismo, mientras que entre los sectores opositores predomina con claridad una mirada negativa. La conclusión es directa: para una porción cada vez mayor de la sociedad, la mejora prometida todavía no llegó a la experiencia concreta.

Evaluación de la situación económica dentro de un año:

Las expectativas hacia el próximo año muestran que el pesimismo no se agota en el presente. De acuerdo con el estudio, sólo el 39% de los encuestados cree que la economía estará mejor dentro de un año, mientras que el 56% considera que estará peor. La cifra golpea uno de los activos centrales del discurso oficial: la promesa de que el ajuste actual desembocará en una mejora futura. Aun entre quienes todavía sostienen su apoyo al Gobierno, empieza a crecer la duda sobre la velocidad y el alcance de una eventual recuperación. El problema, entonces, no es sólo el malestar de hoy, sino también la pérdida de credibilidad sobre el mañana.

¿Cómo es la situación de su economía personal en relación con el año pasado?

El deterioro también se siente en el bolsillo. Según el relevamiento, el 68% de los encuestados afirma que su situación económica personal está peor que la del año pasado, el valor más alto registrado por esta medición. El dato resulta clave porque muestra que el pesimismo dejó de ser una percepción abstracta sobre la marcha del país y se convirtió en una experiencia cotidiana para amplios sectores sociales. Cuando la evaluación negativa se traslada al terreno personal, el desgaste político suele profundizarse: ya no se discuten sólo variables macroeconómicas, sino la dificultad concreta para sostener el consumo, llegar a fin de mes y esperar algún alivio en el corto plazo.

Evaluación de la gestión del Gobierno Nacional

El malhumor económico ya tiene una traducción política visible: también cae la evaluación de la gestión del Gobierno nacional. Según el estudio, el 61% de los encuestados califica negativamente la administración de Javier Milei, mientras que sólo el 37% mantiene una opinión favorable.

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El dato marca un nuevo piso para el oficialismo y refleja que el respaldo social empieza a resentirse por la persistencia de las dificultades económicas, pero también por el desgaste que generan los conflictos internos, los escándalos y las sospechas de corrupción dentro del gabinete. Incluso entre los votantes de La Libertad Avanza se advierte una merma en la aprobación, una señal de que la pérdida de confianza ya no se limita a la oposición y empieza a alcanzar a sectores que hasta hace poco sostenían con mayor firmeza la gestión libertaria.

Los diez temas que más preocupan

El mapa de preocupaciones confirma que el malestar social sigue ordenado por la economía, aunque ya no de manera excluyente. La incertidumbre sobre la situación del país encabeza la lista con 65% de menciones, seguida por la inseguridad, con 62%, y por la inflación, con 60%.

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La combinación dibuja un núcleo duro de inquietudes públicas atravesado por la falta de previsibilidad, el temor al delito y la persistencia del aumento de precios. En ese contexto, el Gobierno no sólo enfrenta el desgaste por los resultados económicos percibidos, sino también la dificultad de responder a una agenda social más amplia, más sensible y cada vez más exigente.

Imagen de los principales dirigentes políticos

La medición de imagen muestra que el deterioro económico también impacta sobre el sistema político en su conjunto. Ningún dirigente logra despegarse por completo de un clima general de desconfianza y, pese a tratarse de una consultora que suele ser leída como cercana o favorable al Gobierno, ninguno supera el 50% de imagen positiva. En ese marco, Guillermo Francos y Patricia Bullrich aparecen entre los dirigentes mejor posicionados, mientras que Axel Kicillof también se mantiene en los primeros lugares del ranking. Javier Milei, en cambio, queda relegado al séptimo puesto en imagen positiva, un dato especialmente sensible para el oficialismo porque refleja desgaste incluso en un terreno que hasta hace poco le resultaba más favorable. Más que una foto aislada, la encuesta sugiere que la crisis de expectativas económicas también erosiona la capacidad del Presidente para seguir encarnando, sin fisuras, la idea de cambio.

Conclusión

El informe de abril de 2026 deja una señal contundente: la economía sigue siendo el factor que ordena el humor social en la Argentina, y hoy lo hace en un sentido claramente negativo. La mayoría de los encuestados no sólo percibe que la situación del país y la de su economía personal empeoraron respecto del año pasado, sino que además desconfía de una mejora próxima. Ese pesimismo ya dejó de ser apenas un dato económico para convertirse en un problema político: erosiona la confianza en la gestión, amplía la agenda de preocupaciones y debilita incluso a los dirigentes mejor posicionados. En ese escenario, el desafío del Gobierno no parece limitarse a estabilizar variables, sino a reconstruir credibilidad frente a una sociedad cada vez más escéptica sobre la promesa de un futuro mejor.

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