Entre pantallas y libros: cómo la biblioteca redefine su rol con los adolescentes en la era digital

Cinthia Carina Olivera y Viviana Márquez, bibliotecarias de la Escuela del Magisterio de la UNCuyo, reflexionan sobre el lugar del libro en papel, el impacto de las tecnologías y los desafíos de formar lectores críticos en un contexto atravesado por la digitalización.

Licenciado. Comunicador Social, Docente, Periodista. Maestrando. Prensa institucional en Colegio Universitario Central y en Magisterio. Co-Propietario de Agencia Fogón: producción audiovisual, prensa y Redes Sociales.

En un contexto atravesado por la digitalización y la inmediatez, la biblioteca escolar redefine su rol. Lejos de quedar relegada, se consolida como un espacio clave para la formación de lectores, el acceso al conocimiento y el desarrollo del pensamiento crítico.

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Este proceso se refleja en el trabajo cotidiano de Cinthia Carina Olivera y Viviana Márquez, bibliotecarias con amplia trayectoria en el ámbito educativo. Olivera, Bibliotecaria Nacional y Técnica Universitaria en Documentación, cuenta con 30 años de experiencia en la institución, donde desarrolla tareas vinculadas a la gestión de colecciones, extensión cultural y alfabetización informacional.

Cinthia Carina Olivera y Viviana Márquez: "La lectura digital y la lectura en papel no compiten, se complementan".

Márquez, por su parte, es Bibliotecaria en Comunicación y Administración de Bibliotecas, Especialista Docente en Educación y TIC, docente en nivel superior y con experiencia en archivos, bibliotecas universitarias y la Biblioteca Pública General San Martín. Además, ambas continúan su formación como tesistas en sus respectivas licenciaturas.

Desde su experiencia, coinciden en que el avance de lo digital no desplazó al libro en papel, sino que redefinió su lugar. "La lectura digital y la lectura en papel no compiten, se complementan", señala Márquez. Si bien gran parte de las prácticas de lectura actuales se desarrollan en entornos digitales, el libro físico mantiene un lugar central dentro de la biblioteca escolar. Su durabilidad, su accesibilidad y la posibilidad de una lectura sin interrupciones lo sostienen como un soporte privilegiado para el aprendizaje.

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En cuanto a las elecciones de los estudiantes, conviven tanto las lecturas obligatorias del plan de estudios como aquellas vinculadas al disfrute. En muchos casos, los jóvenes comienzan una lectura en formato digital, pero regresan al papel para completar la experiencia. Este vínculo con el libro también se explica por la dimensión sensorial que ofrece: la manipulación, el avance en las páginas y la construcción de un ritmo propio de lectura.

La biblioteca: un organismo vivo

La adaptación a las nuevas tecnologías es otro eje central. Olivera describe a la biblioteca como "un organismo vivo" que se transforma frente a los desafíos contemporáneos. La integración al Sistema Integral de Documentación (SID) de la UNCuyo, el uso de catálogo en línea (OPAC), el carnet único digital y el acceso a bibliotecas virtuales forman parte de este proceso.

La biblioteca escolar redefine su rol. Si bien gran parte de las prácticas de lectura actuales se desarrollan en entornos digitales, el libro físico mantiene un lugar central dentro de la biblioteca escolar.

A esto se suma la incorporación de la biblioteca a los entornos virtuales de enseñanza. A través de talleres de alfabetización informacional (ALFIN), las bibliotecarias trabajan con estudiantes en el desarrollo de habilidades para reconocer la necesidad de información, localizarla, evaluarla críticamente, usarla efectivamente y comunicarla respetando la propiedad intelectual. En esta tarea, evidentemente, también está incluida la inteligencia artificial. El objetivo es formar usuarios críticos capaces de moverse con criterio en un entorno saturado de datos.

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En este escenario, la lectura en papel adquiere un valor particular. Según Márquez, propone una temporalidad diferente: más lenta, más reflexiva y menos fragmentada que la que imponen las pantallas. La ausencia de notificaciones y distracciones favorece la concentración y la comprensión de textos complejos, al tiempo que fortalece el pensamiento crítico.

¿Celulares sí o no?

El debate en torno al uso de celulares en el ámbito educativo también atraviesa la práctica cotidiana de la biblioteca. Lejos de plantearlo en términos de prohibición, proponen una mirada basada en la mediación. "No vemos al celular como un enemigo, sino como un entorno que requiere guía", explican. En este sentido, desarrollan estrategias que combinan formación, reflexión y propuestas participativas.

"La biblioteca deja de ser un espacio centrado en el préstamo para convertirse en un espacio relacional", sostienen Cinthia Carina Olivera y Viviana Márquez, bibliotecarias.

Actividades como el Picnic Literario, la Feria del Libro Usado, intervenciones por el Día del Libro o reconocimientos a estudiantes lectores que realizan en la Escuela del Magisterio forman parte de una política activa para sostener el interés y promover el vínculo con la lectura. A su vez, fechas como la Semana de las Letras, el Día del Lector o la Semana de la Salud Mental permiten ampliar el alcance de la biblioteca, que trasciende su espacio físico y se integra a la vida institucional.

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Un centro de recursos

De cara al futuro, ambas imaginan una biblioteca que funcione como un centro de recursos para el aprendizaje, donde convivan lo físico y lo digital. Sin embargo, coinciden en que el principal desafío no es tecnológico, sino formativo: acompañar a los estudiantes en el desarrollo de competencias que les permitan comprender, analizar y producir conocimiento.

"La biblioteca deja de ser un espacio centrado en el préstamo para convertirse en un espacio relacional", sostienen. En esa transformación es lo que va a ayudar, en definitiva, a "filtrar la infoxicación", aseguran.

En un mundo atravesado por la sobreabundancia de información, la biblioteca escolar reafirma su vigencia. No solo como lugar de acceso a los libros, sino como un espacio que forma sujetos capaces de interpretar la realidad y construir su propio recorrido en el conocimiento.

"La comunicación, el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración serán las 4Cs que impulsen la biblioteca del Futuro", cerraron.

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