Camila y Uladislao: Cuando Argentina fusiló al amor
En la Buenos Aires donde los rezos valían sentencia y los apellidos abrían puertas que el pueblo jamás podía tocar, Camila O'Gorman parecía destinada a una vida escrita por otros. Conoció al joven sacerdote Uladislao Gutiérrez. Luego, una persecución extendida como telaraña sobre todo el país. Y Mendoza también recibió aquel eco. En el Archivo General de Mendoza sobreviven nueve oficios y circulares originales que revelan la magnitud de la cacería.
En la Buenos Aires donde los rezos valían sentencia y los apellidos abrían puertas que el pueblo jamás podía tocar, Camila O'Gorman parecía destinada a una vida escrita por otros. Nacida el 9 de julio de 1828 en una familia patricia, hija de Adolfo O'Gorman y Joaquina Ximénez Pinto, creció entre salones brillantes y mandatos oscuros. Dos de sus hermanos escalaron como símbolos de la época: uno hacia el púlpito jesuita, otro hacia el mando policial. A ella le reservaban la discreción, el matrimonio conveniente y el silencio. Cuando cumplió 19 años en una velada en la casa del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, entre música y abanicos, conoció al joven sacerdote Uladislao Gutiérrez. Allí comenzó una llama imposible de sofocar con el paso de los días. Él vestía sotana; ella, linaje. Ambos decidieron arrancarse las cadenas sociales.
José Malgioglio: el héroe en silencioLa noche del 12 de diciembre de 1847 huyeron hacia Corrientes. Mientras el país se partía en una grieta entre Unitarios y Federales, dos enamorados abrían otra guerra, más íntima y más peligrosa: la del corazón contra el orden establecido. En Goya, Corrientes cambiaron sus nombres y fundaron una escuela. Enseñaban letras mientras el poder les escribía condena. Lo que siguió fue una persecución extendida como telaraña sobre todo el país. Y Mendoza también recibió aquel eco.
Camila y Uladislao: una llama imposible de sofocar con el paso de los años.
Mendoza en la cacería del amor
En el Archivo General de Mendoza sobreviven nueve oficios y circulares originales que revelan la magnitud de la cacería. Cada hoja conserva el temblor de una época que temía al amor más que a las lanzas, en esa Mendoza, tierra de arrieros, contrabandistas y pasos secretos entre montañas, la noticia cayó como una orden de guerra. Luego de analizar el material histórico, notamos que el gobierno quería encontrarlos antes de que desaparecieran en Chile, donde la sotana y el apellido ya no significaban nada.
El primer rastro fechado el 21 de diciembre de 1847 muestra a Adolfo O'Gorman suplicando al gobierno de Buenos Aires la captura del "exclérigo" Uladislao Gutiérrez, acusado de huir con su hija Camila. Era una sola foja, pero pesaba como una maldición paterna.
Al día siguiente, 22 de diciembre, Miguel García elevó a Juan Manuel de Rosas un nuevo pedido para averiguar el paradero de ambos fugitivos. Dos fojas más se sumaban al expediente de la obsesión.
Ni siquiera la víspera navideña detuvo el cerco. El 24 de diciembre de 1847, Mariano Obispo remitió otro oficio al gobernador Rosas reclamando noticias de la pareja. Mientras algunos preparaban brindis, otros perseguían sombras.
El nuevo año trajo más dureza. El 17 de enero de 1848, Felipe Arana, Ministro de relaciones exteriores, escribió al gobernador y Capitán General de Mendoza informando los trámites realizados por la fuga del presbítero Gutiérrez con Camila O'Gorman y recomendando especialmente su captura. Ese mismo día llegó otra circular: Benedicto Maciel comunicaba al Oficial Primero en comisión nuevas órdenes referentes a los ya llamados "reos", para actuar en caso de apresarlos. Ya no eran amantes. Eran llamados "Criminales".
El 18 de enero de 1848, un oficio del Ministerio de Gobierno adjuntó ejemplares impresos con la filiación física de Uladislao Gutiérrez y Camila O'Gorman. Rostros descritos en tinta para que cualquier ojo pudiera reconocerlos.
El 28 de enero la maquinaria siguió girando. Una circular enviada por el mismo gobernador Juan Manuel de Rosas, al juez de Paz de Mendoza, remitió nuevas copias de esas filiaciones de los reos "U. Gutiérrez y C. O'Gorman".
Ese mismo día, otro oficio firmado por Felipe Arana anunciaba la llegada de nuevas noticias procedentes de Corrientes, como si cada rumor fuese una pista sagrada.
Finalmente, el 6 de febrero de 1848, Mendoza recibió un ejemplar de La Gaceta Mercantil relativo a los supuestos "hechos criminales cometidos por los jesuitas contra los derechos de la Patria". El amor ya no solo era pecado: también delito político. Sin embargo, el tiempo suele absolver lo que los hombres condenan. Los sellos oficiales se destiñeron, las firmas envejecieron, los gobiernos cayeron. Pero Camila y Uladislao continúan vivos en la memoria argentina como dos jóvenes que desafiaron altar, familia y poder.
Todavía parecen correr entre los anaqueles del Archivo de Mendoza. Él con la sotana hecha viento. Ella con el apellido ardiendo detrás. Dos fugitivos eternos escapando de un mundo que jamás entendió que algunas pasiones no se encarcelan.
Uladislao, estás ahí? A tu lado Camila...
Una descarga impiadosa de balas se perdió primero en el horizonte, en aquella mañana del 18 de agosto de 1848. Ella respiró con desconcierto, sus ojos estaban vendados fuertemente. Era apenas una joven de veinte años, con tres meses de embarazo, y el dolor en el vientre le recordaba la vida que llevaba dentro. En un instante imaginó abrazar a su hija junto a su amado Uladislao, de 24 años, que yacía a sus pies, acribillado.
Constanza Sanhueza: "Es imprescindible analizar el impacto de la IA en la democracia"Por un breve momento, el silencio pareció abrir una puerta de esperanza. El viento, acaso compasivo, jugaba a salvarle la vida. Pero enseguida se oyó la orden seca y brutal: "¡pelotón apunten...Fuego!". Cargaron nuevamente los fusiles. Otra vez la voz tronó con furia: "¡Fuego!". Y en la tercera descarga no hubo ningún error. Las balas impactaron directamente en su torso. El olor áspero de la pólvora selló el destino de aquella mujer embarazada, que cayó junto al hombre que amaba.
Así murieron Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez, víctimas de una época atravesada por fanatismos políticos, castigos ejemplares y un país que aún intentaba nacer entre guerras internas. El mandato feroz de "viva la Confederación y mueran los unitarios" resumía el clima de odio que desgarraba la nación.
Muchos libros, películas, obras de teatro y producciones audiovisuales inspiraron en ella, entre ellas la película "Camila" que fue dirigida por María Luisa Bemberg. Fue estrenada en 1984 y es una película argentina histórica y dramática. La película fue protagonizada por Susú Pecoraro, Imanol Arias y Héctor Alterio, que fue nominada al Óscar a la Mejor Película de habla no inglesa en 1985.
Camila y Uladislao continúan vivos en la memoria argentina como dos jóvenes que desafiaron altar, familia y poder.
Han pasado 178 años y, sin embargo, la historia sigue escribiéndose. Tal vez porque ciertas injusticias no envejecen. Duelen ayer, duelen hoy y seguirán doliendo mientras existan preguntas sin respuesta. En cada tiempo cambian los nombres, de bandos políticos, incluso de malditas grietas, pero muchas veces siguen perdiendo los indefensos: como Camila, Uladislao y esa vida que nunca llegó a nacer...