Al Colegio con las manos sucias
El autor, a través de una nota de opinión, analiza las elecciones del miércoles 22 de abril en el Colegio Público de Abogados y Procuradores de Mendoza.
El filósofo francés Jean-Paul Sartre escribió Las manos sucias, una obra de teatro caracterizada por profundas reflexiones filosóficas y morales vinculadas a la política. Un texto existencialista en el cual se pone a prueba la libertad del ser humano, en el marco del Partido Comunista estalinista. Un joven comunista recibe la orden de matar al traidor por acercarse a fuerzas partidarias opositoras.
La actividad económica no logra hacer pie: cayó 2,1% interanual en febrero empujada por la industria y la construcciónSaltando setenta y ocho años en el tiempo, y pasando de la Europa oriental a Mendoza, el Poder Ejecutivo utilizó el aparato oficial -se utilizó- para que los abogados del Estado provincial fueran a votar el miércoles 22 de abril en las elecciones del Colegio Público de Abogados y Procuradores, y con el mismo deseo del partido comunista, terminar con las aspiraciones de la lista opositora.
Una breve y obvia aclaración inicial para entender la gravedad del asunto. El Colegio de Abogados tiene por función proteger a sus asociados y denunciar las irregularidades en la administración pública y de justicia. Además, uno de sus representantes integra el Consejo de la Magistratura, el cual tiene a su cargo la selección de los fiscales y jueces. En consecuencia, el Poder Ejecutivo provincial no puede poner un pie ni acercarse a la vereda del Colegio que, por ley, lo debe controlar.
El drama de Sartre es útil para analizar la estrecha relación entre el aparato, la estructura burocrática que gobierna la provincia y la elección profesional con el triunfo de la lista oficialista. Se trata de poner en evidencia el mandato de votar emanado de altas esferas del Poder Ejecutivo, la omnipresencia oficial en un acto eleccionario exclusivamente profesional.
El gobierno de Milei declaró esencial el Servicio Meteorológico para evitar paros aeronáuticosApenas comenzadas las elecciones, la sede del Colegio de Abogados fue atiborrada por abogados estatales que llegaron prácticamente en simultáneo, con una coordinación propia de una orquesta sinfónica. Sin poner en tela de juicio la libre voluntad del colega votante, lo cierto es que los estatales lo hicieron en el tiempo y la forma que impuso el mandato. Repito, el contenido del voto no está en cuestión, sino las circunstancias formales que rodearon el acto eleccionario. No es necesario aquí profundizar la estrecha relación entre forma y materia, entre la ocasión y la tentación.
La concurrencia masiva a votar a primera hora sirvió para que los jerarcas oficiales de cada departamento o sección, con el rigor implacable de la Stasi de la Alemania comunista (para continuar con la analogía de la obra sartreana), fueran controlando a los abogados díscolos que no cumplían con el encargo o se demoraban en algún café. Con esta exigencia, había tiempo de controlar el éxito de la misión estatal: todos y cada uno de los letrados debían pasar por el cuarto oscuro.
Abogados de las más dispares reparticiones estatales se encolumnaron detrás de cada mesa, casi en simultáneo, originando un tumulto pocas veces visto en el solemne y silencioso (en todo sentido) Colegio. Nunca la administración pública central debió de estar tan desprovista de asesoramiento jurídico por el espacio de esas horas. Poco importa, pues la inercia de la burocracia gobernante permite esos abandonos o deserciones letradas.
¿Por qué se ha naturalizado en la sociedad este fenómeno de intromisión ilícita del Poder Ejecutivo en un acto eleccionario profesional? ¿Por qué el frenesí oficial, que llegó a la vereda de este Colegio, no conmueve el sentido común democrático?
Sartre se encarga del asunto. La ética ha perdido todo contacto con la política, y la política se ha convertido en un aparato. Un aparato es una maquinaria sin alma, guiada por el objetivo de fortalecerse, agrandarse y mantenerse vigente, a cualquier costo y precio. El aparato en política es la ausencia de la política, y el nombre del partido político gobernante es la etiqueta que oculta el vacío del contenido del envase, la carencia de los valores y de las reglas de juego del Estado de derecho.
Terrazas de los Andes celebró la apertura de Conexión arteBA y reafirmó su compromiso con el arte contemporáneo¿Se puede usar un bien del Estado para un fin diferente al destinado, como por ejemplo un automóvil a disposición de un ministerio o contratar con fondos públicos el servicio de transporte Uber para llevar a alguien a un acto eleccionario? ¿No estamos cerca aquí de actos que comprometen o perjudican a la administración o propiedad públicas? ¿Se puede empujar jerárquicamente a un empleado de la administración pública a realizar un acto totalmente ajeno a su función, como es el de votar en el colegio de profesionales al cual está asociado, sin aproximarnos a un estrechamiento de la libertad del empleado?
En el transcurso de la jornada eleccionaria, me tocó hablar con colegas que estaban enfrentados a la lista que yo encabezaba como presidente. El encuentro con uno de ellos fue realmente curioso, altamente develador del fenómeno de anestesia crítica o naturalización que antes señalé. Me reprochó mis apariciones públicas criticando en los medios de comunicación la falta de independencia del Colegio de Abogados y el perjuicio que esto le ocasionaba a los asociados. Su crítica podría reducirse a algo así como "el Colegio no se mancha", "los trapitos sucios se lavan en casa pues somos colegas".
Este letrado no advertía o no quería admitir las manchas que estaba recibiendo la lista que yo encabezaba. Él proponía priorizar los buenos e higiénicos modales democráticos a pesar de que una de las partes, a la cual él adhería, se beneficiaba con las manos sucias que habían roto las reglas de juego democráticas.
Por el aparato estatal, las dos listas enfrentadas no estaban en igualdad de posiciones, la desigualdad de armas era bíblica, como el encuentro entre David y Goliat. Aun así, la piedra de la honda de la lista opositora no pegó lejos del blanco, porque la diferencia de votos no reflejó la filistea fuerza estatal que impulsó a la lista oficial. A fuerza de convicción, compromiso y trabajo, en un equipo conformado por jóvenes y adultos de diversos espacios, sin ninguna ayuda oficial, alcanzamos un récord histórico de cientos y cientos de votos.
Sé que no es fácil para los colegas que trabajan en alguna dependencia estatal, liberarse de la opresión del aparato público y elegir libremente si votan o no y a qué hora del día lo harán. No pido actitudes heroicas porque yo no las tengo. Sólo me gustaría que lean la obra de Sarte o asistan al teatro si se vuelve a estrenar, porque los diálogos nos ayudan a entender esta encrucijada.
La orden del aparato nos deja solos, no podemos escapar de nuestra libertad nos advierte el filósofo. Pero recordemos que el aparato es el veneno de la democracia. Claro que los políticos en la gobernanza nos tratarán de convencer, por su vasta experiencia, de que hay que ensuciarse las manos para lograr una política eficaz y una exitosa elección profesional.
Con el agrio sabor de la derrota, espero que el Colegio sea un ejemplo democrático de convivencia entre la mayoría ganadora y la minoría de nuestra lista que integrará la gestión, en beneficio del libre ejercicio de la abogacía, sin olvidar el estricto control sobre los actos de la administración pública.