Opinión

Volvió a temblar pero todo está en el mismo lugar. La grieta, también.

Los cinco grados del movimiento telúrico de la noche del miércoles 14 ojalá sirvan para sacudirnos la ambigüedad que parece identificarnos a los mendocinos.

La suerte es un factor que puede incidir, no decidir. Y así como la mala suerte no puede ser siempre el argumento para nuestros defectos, no podemos esperar que sea la buena lo que nos haga sobrevivir, crecer, mejorar.

El énfasis con que el Gobernador de Mendoza había utilizado para sostener que la provincia no volvería a fase 1, contrasta con las declaraciones posteriores.  El decreto del PEN no hacía mención al término aludido (fase 1) y la puesta en escena de independencia pandémica duró lo que dura esconder la panza para ser retratado en una foto.

Conocimos hoy el record más dramático de esta pandemia en Mendoza. 13 muertos. Ahí reside el último peldaño en la escalera de fantasías. Y reitero hasta el hartazgo el axioma de Stalin: la muerte de una persona (querida, conocida) es una tragedia, la de un millón, una estadística.

El crecimiento de contagios, sostienen, obedece al incremento de análisis, pero esto no alcanza a explicarnos por qué el incremento de muertes.  La información que proporciona el Ministerio de Salud de la provincia es escasa, tardía, renuente y privilegian facilitárselas a aquellos medios que luego acomodan sus discursos a las peticiones de las autoridades.

Cuando nos internamos en los hospitales y hablamos –poco y rápido- con médicos, enfermeras y quienes prestan servicios de salud, notamos que están extenuados y al borde del hartazgo. Les sobran razones, les falta tiempo, carecen de recursos y la única motivación que justifica esa entrega es: vocación y solidaridad. Dos elementos que hoy escasean en muchos dirigentes y en una importante porción de la sociedad

La información, cuando se adultera la verdad, incrementa la problemática. El gobierno provincial viene defeccionando con notable aserto y en distintas áreas. Y la oposición, en ocasiones, parece querer competir con un método similar.

Terminamos 2019 y comenzamos el 2020 estrenando esta especie de indefinición eterna. Se sanciona una ley para modificar otra ley, pero luego deciden sancionar una ley para anular esa ley que pretendía cambiar aquella otra ley.  Podría ser un divertido juego si no fuera que se dilapida el tiempo, los recursos, venimos en franca caída y nada se modifica.

La matriz productiva sigue improductiva, un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación le otorgó la razón a La Pampa y todo indica que deberemos aprender a fabricar agua; la obra del Siglo tuvo un solo oferente (en un proceso bastante cuestionado)  y aunque estén enviando los desembolsos de la Nación aún hoy se duda sobre la conveniencia de su ejecución.

La ley de Educación que se haría sine qua non, según vehementes declaraciones internas del Director General de Escuelas fue postergada debido a la presión de la mayoría de los involucrados que no habían sido ni siquiera invitados, y así, llegamos a mediados de Octubre. Mal.  Seriamente mal.

Desde partidos de la coalición local, opositores al gobierno nacional, eligieron el 12 de octubre para convocar y participar de otra movilización de protesta. Entre ellos, diputados de la Nación y de la Legislatura, desoyendo las recomendaciones para evitar ampliar los contagios, vuelve a contrastar con la realidad. Lo concreto es que el Gobierno local que los representa recibió sin condiciones un subsidio de 3 mil millones de pesos, camas, insumos y respiradores. O sea, el tan pomposo y  vanidoso “mendoexit” rebosa de ridiculez. Se queda sin oxígeno y sin vergüenza.

Cuando es tan clara la pugna de intereses, algunos gestos de los que son o pretenden liderar la oposición desconciertan

Las contradicciones -tanto como el espectro radioeléctrico- son patrimonio de la humanidad. Nadie es ajeno, pero algunos hacen ingentes esfuerzos por representar las ambigüedades, esas que además dejan a la intemperie a los que esperan de ellos una actitud bien distinta.

Así como hoy se ha alcanzado un trágico record de muertes por Covid 19, también se ha superado y de modo ostensible la cantidad de quejas de los servicios de salud de la Obra Social de los Empleados Públicos que nos llega a los medios. Ninguna es contra los profesionales, sino por la deficiente administración, las burocracias y las inexactitudes de sus comunicaciones. Sin embargo, hoy vimos y no sin sorpresa al senador provincial por el Frente de Todos Lucas Ilardo, en una actitud de amor y paz que cuesta saber debido a qué.

Ilardo, a través de una red social, dos días antes ,advertía sobre la situación dramática de la Salud en Mendoza. Luego, mostrándose mientras donaba plasma –algo que muchos hacen de manera anónima y pudorosa- publica un mensaje que contradice lo pronunciado unas horas antes y es exactamente inverso a su mensaje de abril, en el que  trató de “perversos” al administrador de la obra social y al gobernador,  imposible colegir.

Quisiéramos plantear un panorama alentador. Muchos seguramente tienen la expectativa de zurcir la grieta,  pero ¿cómo hacerlo? Si los encargados de prensa de los ministerios no informan y dan respuestas tales como “no estamos dando entrevistas”, como si se tratara de ídolos del espectáculo en vez de funcionarios.  Si se obstaculiza  el sufragio de los bolivianos residentes en Mendoza con argumentos inconsistentes. Las discriminaciones en el regreso de las actividades admitidas en pandemia incrementan la brecha entre pobres y el otro 50% de la población. Infringen las normas los mismos que las dictan. Se incrementa por primera vez en décadas el consumo de vinos pero los productores siguen protestando porque con lo que les pagan no alcanzan ni a empatar y está de moda cuando no las noticias falsas, el doble discurso, volvió a temblar, la curva de contagios no cede y se incrementan los fallecidos.

La realidad hoy nos obliga a repensar qué somos y qué haremos para ser lo que pretendemos ser, y esto requiere dejar de simular y actuar, desde lo individual pero muy especialmente, con una perspectiva del colectivo al que necesitamos subirnos, todos y todas, si es verdad que tenemos el propósito de avanzar.

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