De haber sido un país con raigambre institucional, democrática, soberana, y con una prensa independiente, ese debió ser el título, 65 años atrás.

Compartimos la nota de Franco Cubijino sobre el bombardeo sobre Plaza de Mayo. Los insurrectos fueron los que luego detentaron el poder y proscribieron a la primera fuera política de la Argentina.

La sublevación de junio del 55 dejó un saldo de centenas de muertos y miles de heridos en el atentado terrorista militar más grande de la historia de nuestro país.

Cuando fue quizás, el momento clave a partir del cual se desató una enorme ola de violencia en la política argentina durante más de dos décadas(al que le sucedieron la posterior proscripción del peronismo, la lucha civil y militar encarnizada de las décadas de los 60 y 70, y finalmente, el siniestro Proceso de Reorganización Nacional de Videla), el país se encontraba en un gobierno democrático, si bien convulsionado, pero calmo.

Fue cuando los principales referentes de la rebelión, el ministro de Marina, contralmirante Aníbal Olivieri, el vicealmirante Benjamín Gargiulo, y los tenientes primero de navío Emilio Eduardo Massera, secretario de Olivieri, y sus ayudantes Horacio Mayorga y Oscar Antonio Montes, entre otros, ordenan arrojar catorce toneladas de bombas, y disparar miles de municiones de sus ametralladoras sobre la Casa Rosada y Plaza de Mayo, provocando cientos de muertos y aproximadamente 1.500 heridos.

El plan, asesinar al presidente constitucional, Juan Domingo Perón. Una vez normalizado el país se haría la convocatoria a elecciones generales con la proscripción del peronismo.

Hay quienes consideran incidentes el enfrentamiento de Perón con los sectores eclesiásticos: la suspensión de la enseñanza obligatoria de religión y moral, la obligación del pago de impuestos a los templos y organizaciones religiosas, la intención de separar a la Iglesia del Estado, la ley del divorcio y el reconocimiento sucesorio a los hijos extramatrimoniales molestaron a la jerarquía eclesiástica y a muchos de sus fieles.

En abril de 1955, el gobierno propuso pasar el feriado del Día de la Bandera al 18 de junio. Los líderes de la rebelión deciden, entonces, que bajo el pretexto de un “desagravio a la bandera” una flota de aviones sobrevuele la Catedral metropolitana. Era la señal para el ataque contra la Casa Rosada y la Plaza de Mayo. Ese día, cuarenta aviones de combate, un batallón de infantería con armamento liviano y un grupo de 150 civiles con armas cortas descargaron más de nueve toneladas de explosivos sobre la Ciudad de Buenos Aires.

Lo cierto es que aquel día, hace 65 años, la Argentina no estaba en guerra con ningún país ni había una guerra civil. En Buenos Aires no había siquiera un piquete. Era un gobierno constitucional, respetuoso de los símbolos religiosos y legítimo. Sin embargo, al día de hoy, todavía hay quienes hablan del ataque como “bautismo de fuego”. Pero el “bautismo de fuego” se da en una guerra. La primera bomba cayó sobre un trolebús cargado de trabajadores. Si el objetivo explícito era terminar con el gobierno de Perón, entre los objetivos no dichos había uno inequívoco: un escarmiento a la población. Fue un atentado terrorista. El más grande que sufrió la República Argentina. Un intento de tomar el gobierno a través del terror.

Era tal el odio de ciertos sectores de la política hacia el peronismo, que catorce días después la mesa directiva del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, principal partido de la oposición, en un extenso comunicado señalaba entre sus principales fundamentos que: “El radicalismo y el país quieren que la sangre argentina sirva, como en horas gloriosas, a la causa de la democracia y de la libertad”. El documento firmado por el entonces presidente de la agrupación política, Arturo Frondizi, y el secretario Federico Monjardin, no hace mención ni lamenta los muertos y heridos. En la parte resolutiva la Declaración de la Unión Cívica Radical señala en su artículo 1º que: “La responsabilidad de los trágicos sucesos del 16 de junio de 1955 es enteramente del gobierno. 2º.- El radicalismo reitera su solidaridad con cuantos sufren cárcel .3º.- La UCR continúa su lucha por el restablecimiento de la moral y la democracia en la vida de la República”.

Por muchos años, este crimen de lesa humanidad pasó inadvertido, se le restó trascendencia o fue ocultado deliberadamente por políticos y gobiernos.

«Quedate en casa con Memoria»

La Comisión de Familiares de las víctimas del bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 hizo una «conmemoración virtual» al cumplirse un nuevo aniversario de este ataque de fuerzas militares sobre la población civilque provocó más de 500 muertos. A través de redes sociales, la comisión convocó a la población a sumarse a este homenaje bajo la consigna «Quedate en casa con Memoria».

«Este 16 de junio no podemos hacer nuestro homenaje a las víctimas del bombardeo de Plaza de Mayo en el Monumento Del Cielo los Vieron Llegar», lamentaron los familiares en el texto. Por eso convocaron: «Te invitamos a sumarte a las 12:40, -hora en empezaron las bombas-, a la conmemoración virtual que haremos, poniendo en tus redes o celular esta imagen o la imagen y video del bombardeo que tengas». «No olvidemos la masacre más sangrienta de nuestra historia contra el pueblo argentino», finaliza el texto, que es acompañado por una foto del momento del bombardeo