El reconocido trovador cubano Silvio Rodríguez, publicó una carta en su blog “Segunda Cita”, donde pidió por la liberación de quienes “no fueron violentos” y resultaron detenidos en medio del estallido social del pasado 11 de julio.

El trovador hizo esta declaración tras sostener un encuentro con Yunior García Aguilera y Dayana Prieto, dos representantes del sector cultural que participaron en las movilizaciones, los cuales le manifestaron sus argumentos y frustraciones al respecto de la dura situación social que aqueja la isla caribeña. Como expresó Rodríguez, le resultó particularmente doloroso “escuchar que ellos, como generación, no se sentían ya parte del proceso cubano sino otra cosa.

La posición de Silvio trascendió a nivel internacional debido a la enorme popularidad del cantautor y, además, por su reconocida identificación con el régimen cubano. En este sentido, su carta se distancia de la narrativa esgrimida por el gobierno de Díaz Canel, el cual calificó a las personas que se manifestaron como mercenarios, vándalos y contrarrevolucionarios pro imperialistas.

Por último, Rodríguez mostró preocupación por el distanciamiento de las nuevas generaciones con relación a la revolución de 1959, ante lo cual llamó a tender “más puentes, tiene que haber más diálogos, tiene que haber menos prejuicios; menos ganas de pegar y más deseos de resolver la montaña de temas económicos y políticos pendientes; menos costumbre de escuchar a quienes hablan lo mismo con las mismas palabras, década tras década, como si las generaciones no vinieran también con sus propias palabras e ilusiones.”

Carta publicada por Silvio Rodríguez.

El encuentro con Yunior y Dayana fue bueno, no exagero si digo que fraterno; hubo diálogo, intercambio, nos escuchamos con atención y respeto. Para mí lo más doloroso fue escuchar que ellos, como generación, no se sentían ya parte del proceso cubano sino otra cosa. Me explicaron sus argumentos, sus frustraciones. Traté de hacerles comprender que a mis años también todo resultaba mucho más lento de lo que esperábamos que fuera. ¿Culpa de qué, de quienes? Y hablamos de incomprensiones entre edades diferentes, entre intereses y entendimientos diferentes. Demasiado doloroso para mí que se declaren fuera; no puedo aceptar ese fracaso ni en nombre del dolor por las incomprensiones. Yo también las sufrí y jamás llegué a sentirme fuera. Pero pienso que mi generación fue la inmediata a la insurreccional y que heredamos los motivos de nuestros padres y después, creciendo, sufrimos con ellos lo mucho que ha costado ser soberanos y además socialistas.

Tiene que haber más puentes, tiene que haber más diálogos, tiene que haber menos prejuicios; menos ganas de pegar y más deseos de resolver la montaña de temas económicos y políticos pendientes; menos costumbre de escuchar a quienes hablan lo mismo con las mismas palabras, década tras década, como si las generaciones no vinieran también con sus propias palabras e ilusiones.

Me pidieron que llamara a alguien y que pida amnistía para todos los presos. Recuerdo la última vez que pedí una amnistía. Fue en la Tribuna Antimperialista. Un segundo antes de subir una autoridad me dijo que no lo dijera. Si no digo eso, no digo nada, respondí. Y pude llegar al micrófono. Y entre otras muchas cosas pedí la libertad de aquella gente con quienes no estaba de acuerdo. Y un par de semanas después (no por mi culpa) 70 vidas fueron libres. No sé cuántos presos habrá ahora, dicen ellos que cientos. Pido lo mismo para los que no fueron violentos y cumplo con la palabra empeñada. Ellos no tienen nada que cumplirme porque nada pedí. Ojalá nunca más se sientan fuera (deseo lanzado al aire).”