El virus llegó para quedarse. Las medidas para combatir el Covid tienen como premisa evitar que nos contagiemos. 

El virus provoca la muerte de un porcentaje muy pequeño de quienes enferman, pero es tal su capacidad de expandirse, que es muy grande la cantidad de personas contagiadas y la de quienes han de ser hospitalizados.

El alto el número de ingresados en UTI y fallecidos en la provincia de Mendoza, es una alarma que tiene como principal responsables a los dirigentes políticos.

Al incrementarse estas cifras, los servicios de salud se saturan hasta no poder atender y tratar como es debido a las personas ingresadas, que en muchos casos lleva a el fallecimiento de personas que en circunstancias normales se habrían salvado.

Esta situación de exponer el personal de la salud a condiciones límites, se ve agravado:

  1. Falta de camas.
  2. Pacientes internados en los pasillos de los nosocomios.
  3. Falta de inversión en infraestructura sanitaria.
  4.  Carga horaria del personal de salud.
  5. Falta de insumos.
  6. Falta de oxígeno y respiradores.
  7. Falta de reactivos para el personal de salud.

El daño que causa la pandemia se acentúa en los trabajadores de la salud, que a diario se ven expuestos ante la desidia de un gobierno que pareciera priorizar la economía sobre la vida humana.

El confinamiento es importante para reducir a un mínimo la circulación del virus, sin embargo hay quienes aseguran que las consecuencias económicas o el colapso, serían tan o más gravosas que la situación actual.

En apariencia, las autoridades  estarían obligadas a elegir entre dos opciones muy malas, la mortandad por Covid en uno y el colapso económico en el otro.

Es imperativo que la provincia transparente los datos epidemiológicos, el colapso sanitario que se vive a diario en los distintos nosocomios de la provincia, requiere de respuestas inmediatas ante el inminente crecimiento de la tasa de contagio y mortalidad.

Seguramente la post pandemia traerá aparejada una contracción económica sin precedentes, sin embargo, el dilema entre salvar la economía o salvar la vida no debería ser motivo de debate.

La pandemia expuso las miserias de los políticos, siendo ellos los responsables de que Mendoza carezca de un sistema de salud eficiente.

Por otro lado, es imposible recomponer una economía que a diario se ve gravitada, para apelar a la reconstrucción de una economía sana es necesario implementar una serie de medidas, que incidan sobre el consumo, el salario, los impuestos y las inversiones.

Es necesario empezar a reconstruir la economía, pero nunca debe ser priorizada frente a la vida humana.

La economía es y dependerá de cada acción que haga el ser humano, por ende hay una falsa dicotomía entre economía y la salud.

La “vida humana” es de vital importancia para el desarrollo y la producción de bienes y servicios, que forman parte de la actividad económica.

Tras la crisis, se abre una oportunidad de reconstruir mejor, con un amplio compromiso en el diseño y la implementación de políticas asociadas a todas las áreas que hacen a los temas y procesos del desarrollo sostenible.

La aparición del coronavirus pareciera haber corrido el velo de la desigualdad, no solo porque expone las situaciones de dificultad para los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad, sino también, porque pone en evidencia las consecuencias nocivas y debilidades de un gobierno provincial, cuya responsabilidad es velar por el cumplimiento y el acceso a los derechos más elementales de toda la población.

La situación que estamos viviendo demanda una mayor responsabilidad  de los ciudadanos, en cuanto a las autoridades, deben garantizar transparencia informando con veracidad los motivos por cual se toma una decisión y no otra.

El no hacerlo, pone en peligro la credibilidad de las instituciones, ahora más que nunca, la provincia necesita liderazgo y personas capaces de atraer la confianza de la sociedad mendocina.

Pero confianza y credibilidad, exigen claridad, seriedad y transparencia.

En definitiva, hace falta que nos traten como “seres humanos”.