Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

Hoy, 27 de agosto, el XIX Congreso Argentino de Salud Mental transita una de sus jornadas más intensas. En el Hotel Marriott de Buenos Aires, profesionales, investigadores, trabajadores de la salud, integrantes de organizaciones sociales y referentes institucionales intercambian experiencias y debates sobre una realidad que ya no puede permanecer al margen de la conversación pública: el sufrimiento psíquico atraviesa a la sociedad entera y exige respuestas que combinen escucha, derechos, comunidad y políticas públicas.

Corresponsalía Diario PORTADA

El programa de este jueves reúne temas que, a primera vista, parecen diversos: infancia, adolescencia, inteligencia artificial, violencia, salud perinatal, consumos problemáticos, suicidio, discapacidad, justicia, hospitales, trabajo, migraciones, cuidados paliativos y derechos humanos. Sin embargo, todos se conectan con una misma pregunta: ¿qué hacemos cuando una persona comienza a perder sus lazos, su horizonte o su capacidad de pedir ayuda?

La respuesta no puede quedar limitada a una guardia, un diagnóstico o una intervención aislada. Requiere escuelas que escuchen, familias sostenidas, equipos interdisciplinarios, dispositivos territoriales, instituciones capaces de actuar a tiempo y un Estado que no aparezca solamente cuando la crisis ya se volvió irreversible.

Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

Una época de algoritmos

La discusión sobre tecnología ocupa un lugar destacado durante toda la jornada. Se abordan la subjetividad digital, la inteligencia artificial, el impacto de las pantallas, la sexualidad en red, la privacidad, los duelos en entornos digitales, la violencia simbólica, la sobreexposición y las transformaciones que producen los algoritmos en los vínculos contemporáneos.

No se trata de rechazar la tecnología. Las herramientas digitales pueden ampliar accesos, facilitar intercambios, ofrecer recursos educativos y acercar servicios a quienes viven lejos de los grandes centros urbanos. Pero tampoco son neutrales. Las plataformas ordenan la atención, estimulan el consumo, modelan expectativas y pueden transformar la comparación social en una fuente permanente de angustia.

En niños, niñas y adolescentes, estos fenómenos adquieren una sensibilidad especial. La imagen corporal, el deseo de pertenecer, la exposición a violencias, el acoso, el grooming, el sexting, las apuestas y las lógicas de rendimiento digital forman parte de una escena que las familias no pueden enfrentar solas. Se necesita alfabetización digital, prevención, formación docente, responsabilidad empresarial y regulación pública.

Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

La inteligencia artificial concentra otra parte del debate. En distintas mesas se discute qué clase de sujeto supone la IA, qué puede aportar a la salud mental, cuáles son sus límites éticos y por qué ningún sistema automatizado puede reemplazar la escucha clínica. Un algoritmo puede procesar información; no puede comprender el sentido singular de una pérdida, una autolesión, un consumo o una crisis de angustia. La innovación puede ser valiosa, pero solo si se pone al servicio de las personas y no si convierte la vida psíquica en una suma de predicciones.

Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

Trayectorias que no deben interrumpirse

Entre las actividades de la mañana, merece una mención especial la comunicación libre coordinada por Sergio Benaroya, en el Salón Río Paraná A. Bajo el título "Trayectorias Interrumpidas", el espacio reúne trabajos sobre conductas de riesgo y procesos de subjetivación en jóvenes adultos, dentro del eje de salud mental y personas en conflicto con la ley.

La coordinación de Benaroya pone en el centro una cuestión decisiva. Las trayectorias no se interrumpen de golpe. Antes de una conducta de riesgo, una autolesión, un consumo problemático, un intento de suicidio o una situación de conflicto con la ley, suelen existir señales: desvinculación escolar, precariedad, violencia, deterioro de vínculos, aislamiento, discriminación, falta de acceso a cuidados, experiencias de encierro o ausencia de proyectos posibles.

Una de las exposiciones analiza las trayectorias interrumpidas y los procesos de subjetivación de jóvenes adultos en relación con conductas de riesgo. Otra se pregunta qué sucede "cuando la violencia se anuncia", al examinar adolescencia, algoritmos y el borde extremo entre matar y morir. También se presenta una reflexión sobre los vínculos entre conductas suicidas y construcciones de género, así como el complejo abordaje de las autolesiones en mujeres privadas de libertad.

Sergio Benaroya coordinó la mesa sobre las conductas de riesgo, los procesos de subjetivación en adolescentes y jóvenes, la prevención del suicidio, las autolesiones, la violencia, los contextos de encierro, el género, las redes sociales y el cuidado comunitario.

Sergio Benaroya coordinó la mesa sobre las conductas de riesgo, los procesos de subjetivación en adolescentes y jóvenes, la prevención del suicidio, las autolesiones, la violencia, los contextos de encierro, el género, las redes sociales y el cuidado comunitario.

No se trata de justificar la violencia ni de diluir responsabilidades. Se intenta comprender que toda intervención eficaz necesita leer el contexto. La estigmatización no previene; el castigo sin acompañamiento no repara; la indiferencia institucional solo consolida el abandono. Cuando un joven queda atrapado entre una guardia, una escuela que no puede contener, un conflicto judicial y una familia agotada, la respuesta no puede ser la fragmentación de servicios. Debe ser una red.

La mesa coordinada por Benaroya incluye, además, experiencias de prevención comunitaria del suicidio en la Patagonia, una estrategia territorial para fortalecer redes de cuidado en San Juan y la presentación de un Plan de Seguridad para servicios de urgencia, concebido como una intervención breve con potencial para salvar vidas.

Esa articulación resulta especialmente valiosa. La prevención del suicidio no depende de una sola disciplina ni de un único dispositivo. Requiere combinar atención clínica, trabajo territorial, perspectiva de género, comunicación responsable, formación profesional, respuestas en las urgencias y participación comunitaria. Ninguna persona debería atravesar sola un momento límite simplemente porque el sistema no logró reconocer a tiempo lo que estaba ocurriendo.

Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

El deber de prevenir

Hablar de suicidio exige seriedad, prudencia y compromiso. No hay fórmulas rápidas, ni una causa única, ni una respuesta automática. La prevención empieza antes de la crisis: en el vínculo que se sostiene, en la escucha que no juzga, en la escuela que registra un cambio significativo, en el hospital que garantiza continuidad, en la familia que recibe apoyo y en la comunidad que no deja a sus integrantes librados al aislamiento.

La propuesta sobre el Plan de Seguridad en servicios de urgencia recupera una idea esencial: incluso una intervención breve puede ser decisiva cuando llega en el momento adecuado. Pero esa intervención debe formar parte de una continuidad. Dar una respuesta en la guardia y luego devolver a una persona al mismo desamparo no es suficiente. La urgencia necesita seguimiento, redes, tratamiento y condiciones materiales para que la vida pueda recomponerse.

Las estrategias comunitarias presentadas desde Patagonia y San Juan también muestran que el cuidado no depende exclusivamente de los grandes hospitales. Los municipios, las escuelas, los equipos de atención primaria, las organizaciones sociales y las redes locales pueden construir respuestas cercanas, reconocibles y sostenidas. En un país federal, las políticas de salud mental solo serán efectivas si dialogan con las realidades concretas de cada territorio.

Más allá del diagnóstico

El Congreso también incorpora exposiciones sobre salud mental perinatal, duelos, violencias sexuales, migraciones, discapacidad, consumos problemáticos, ludopatía, envejecimiento, cuidados paliativos y derecho a la intimidad. Cada uno de estos temas recuerda que las personas no son diagnósticos ni expedientes. Son sujetos con historias, vínculos y necesidades que no caben en una única categoría.

La discusión sobre internaciones, consentimiento y dispositivos de atención resulta, por eso, indispensable. Una intervención puede ser necesaria frente a una urgencia, pero debe respetar la dignidad, la autonomía y los derechos. Cuidar no es encerrar; acompañar no es controlar; proteger no es borrar la voz de quien atraviesa un padecimiento.

La salud mental comunitaria propone justamente salir de esa falsa alternativa entre abandono e institución cerrada. Requiere hospitales de día, dispositivos de acompañamiento, atención primaria, redes familiares, inclusión educativa y laboral, estrategias de vivienda y políticas sociales capaces de sostener una vida fuera del encierro.

Salud mental: escuchar antes de que sea tarde

Una responsabilidad común

Lo que se debate hoy en el Congreso excede a los especialistas. Interpela a los medios, a las familias, a las universidades, a los sistemas de justicia, a las empresas tecnológicas y a todos los niveles del Estado. La salud mental no se defiende con declaraciones abstractas. Se defiende con presupuestos, equipos, formación, accesibilidad, continuidad de cuidados y un compromiso sostenido con los derechos humanos.

La coordinación de Sergio Benaroya condensa esa exigencia. Hablar de trayectorias interrumpidas obliga a mirar aquello que sucede antes del desenlace: las señales ignoradas, las redes que faltan, las instituciones que no logran articularse y las oportunidades que no llegan.

El desafío que deja esta jornada es claro. Hay que abandonar la lógica de llegar tarde. Prevenir es escuchar antes de que el silencio se vuelva acto. Es acompañar antes de que el riesgo se convierta en destino. Es construir respuestas capaces de decir, con hechos y no solo con palabras, que ninguna vida debe quedar fuera del cuidado colectivo.

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