Reconectar con lo humano: la salud mental también se construye todos los días

La salud mental ocupa hoy un lugar central en la agenda pública. Depresión, ansiedad, soledad, violencia, estrés y agotamiento emocional atraviesan la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, todavía tendemos a tratar estos problemas como si fueran exclusivamente individuales: una dificultad privada que debe resolverse en el consultorio, con medicación o mediante la voluntad personal.

Dr. Sergio Benaroya
Abogado UBA. Especializado en Familia, Niñez y Adolescencia, Genero, Responsabilidad Médica y Salud Mental. Diplomaturas en Psicopatología, Psicoanálisis, Autismo, Psicosis, IA, Criminología, Vínculos Patológicos, Sexología Clínica.

La conferencia ofrecida por el psicólogo e investigador Alan Kazdin en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México invita a ampliar esa mirada. Su planteo no desconoce la importancia de la psicoterapia, de los tratamientos médicos ni de las nuevas herramientas digitales. Por el contrario, destaca que hoy existen múltiples recursos para atender la salud mental, desde la telemedicina y las aplicaciones hasta los sistemas de inteligencia artificial y la realidad virtual.

Pero advierte que la disponibilidad de tecnología no puede hacernos perder de vista una cuestión esencial: las personas necesitan reconectarse con su dimensión humana, empática y comunitaria.

El contexto contemporáneo multiplica las fuentes de malestar. El cambio climático, las temperaturas extremas, la contaminación, los desastres naturales, la migración forzada, la inseguridad alimentaria e hídrica y la violencia urbana no son fenómenos ajenos a la salud mental. Son condiciones que afectan la vida diaria, generan incertidumbre y debilitan la capacidad de las comunidades para afrontar situaciones adversas.

Reconectar con lo humano: a salud mental también se construye todos los días.

Reconectar con lo humano: a salud mental también se construye todos los días.

Las grandes ciudades expresan con claridad este problema. La inseguridad, el tránsito, las distancias extensas y el tiempo perdido en traslados dificultan prácticas tan sencillas como caminar al trabajo, encontrarse con otras personas o disponer de un momento de descanso. Estas acciones, que pueden parecer menores, tienen un valor profundo: favorecen el movimiento físico, reducen el aislamiento, permiten el contacto con el entorno y pueden contribuir a disminuir el estrés.

En ese sentido, la salud mental no depende únicamente de lo que sucede dentro de una consulta. También se relaciona con la calidad del aire que se respira, la seguridad de las calles, la posibilidad de acceder a espacios verdes, el tiempo disponible para la vida familiar y comunitaria, la estabilidad laboral y la existencia de redes de apoyo. Cuando las ciudades y las instituciones no ofrecen esas condiciones, el sufrimiento psíquico deja de ser solo un problema personal para convertirse en una expresión de desigualdades y fallas colectivas.

La inteligencia artificial puede colaborar en la detección temprana de síntomas, en la personalización de intervenciones y en la ampliación del acceso a servicios de salud. Los chatbots, las consultas remotas, las aplicaciones y otros recursos tecnológicos pueden ser especialmente útiles para quienes viven lejos de centros especializados o enfrentan barreras económicas y geográficas. No obstante, estas herramientas deben utilizarse con responsabilidad, supervisión profesional y criterios éticos. Nunca deberían reemplazar el vínculo terapéutico ni la necesidad de construir comunidades más cuidadas.

El desafío, entonces, es integrar innovación y humanidad. No se trata de elegir entre tecnología o contacto personal, sino de aprovechar los avances disponibles para fortalecer una atención más accesible, preventiva y cercana. La salud mental necesita profesionales capacitados, servicios disponibles y recursos digitales confiables; pero también necesita ciudades habitables, espacios de encuentro, políticas ambientales eficaces y condiciones de vida dignas.

Las políticas públicas tienen aquí una responsabilidad ineludible. Facilitar la caminata y la movilidad segura, promover espacios verdes y comunitarios, prevenir la violencia, ampliar la atención psicológica y psiquiátrica, acompañar a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad y reducir las consecuencias sociales de las crisis ambientales no son medidas aisladas. Forman parte de una misma estrategia: construir entornos que permitan vivir con menos estrés y con mayor posibilidad de cuidado mutuo.

Alan Kazdin es psicólogo e investigador.

Alan Kazdin es psicólogo e investigador.

La enseñanza principal de la conferencia de Kazdin es clara: no basta con intervenir cuando el malestar ya se ha instalado. También es necesario prevenirlo, modificando las condiciones cotidianas que lo favorecen. Recuperar tiempo, vínculos, movimiento, descanso y empatía no es un lujo. Es una parte fundamental de una política integral de salud mental.

En una época dominada por la prisa, la hiperconexión y la incertidumbre, reconectar con lo humano debe ser una prioridad. Porque cuidar la salud mental no significa solamente tratar síntomas: significa crear una sociedad en la que las personas puedan sentirse acompañadas, seguras y capaces de construir una vida con sentido.

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