Del estigma a la respuesta: consumos problemáticos en el centro del debate
Hoy, viernes 28 de agosto, el Buenos Aires Marriott reúne al 9° Congreso Argentino de los Consumos Problemáticos en una jornada que busca correr el debate de los prejuicios y poner en el centro la salud, los derechos y la vida cotidiana de quienes atraviesan situaciones de consumo.
Desde las 8.10, en el Salón Río Colorado, profesionales de hospitales públicos, universidades y dispositivos especializados comparten experiencias clínicas sobre guardias de salud mental, hospitales de día, inicio temprano del consumo de sustancias, impulsividad y ruptura de vínculos sociales. El punto de partida es claro: los consumos problemáticos no pueden leerse únicamente desde la sustancia ni desde la conducta individual. Allí aparecen también el sufrimiento psíquico, la precariedad, la falta de redes y las dificultades de acceso a una atención sostenida.
Salud, libertad y reducción de daños
Uno de los momentos centrales de la mañana es la mesa redonda sobre reducción de daños basada en evidencia, presidida por la doctora Silvia Inchaurraga. Su consigna es contundente: "Sin reducción de daños no hay salud, vida ni libertad para los sujetos que consumen drogas".
La afirmación interpela una vieja cultura institucional que todavía confunde tratamiento con castigo. Reducir daños no significa resignarse al consumo ni desconocer sus riesgos. Significa aceptar que ninguna persona deja de ser sujeto de derecho por consumir; que la asistencia debe estar disponible aun cuando no haya abstinencia inmediata; y que sostener la vida es siempre el primer deber de una política pública.
La pregunta ya no puede ser solamente cómo lograr que alguien deje de consumir. También debe ser cómo evitar muertes evitables, cómo garantizar atención oportuna, cómo reducir violencias y cómo reconstruir vínculos sin expulsar a las personas de los dispositivos que necesitan.
Nuevas formas, viejas exclusiones
El Congreso también pone en discusión consumos que se expanden en la vida contemporánea. Entre los pósteres de hoy se aborda el uso problemático del smartphone y, por la tarde, una mesa analiza las motivaciones para apostar online entre jóvenes y adultos del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Las apuestas digitales, con disponibilidad permanente y mecanismos diseñados para captar atención, constituyen un desafío sanitario y regulatorio que no admite respuestas superficiales. La prevención no puede limitarse a advertencias individuales frente a plataformas que operan con una enorme capacidad de persuasión, segmentación y exposición cotidiana.
En la misma línea, el uso problemático del teléfono obliga a pensar qué sucede cuando la hiperconexión reemplaza el descanso, los vínculos y la presencia. No se trata de patologizar toda tecnología, sino de reconocer que ciertas dinámicas digitales pueden profundizar aislamiento, impulsividad y malestar, especialmente cuando faltan espacios de escucha y pertenencia.
Mujeres, maternidad y estigma
Entre las propuestas de la jornada aparece una formulación que condensa una deuda persistente: "Aptas para maternar". El trabajo interroga el estigma que atraviesa a las mujeres madres con consumos problemáticos y el modo en que muchas intervenciones terminan evaluándolas desde la sospecha antes que desde el cuidado.
La protección de niños, niñas y adolescentes es irrenunciable. Pero proteger no equivale a castigar a las madres, separar automáticamente o reducir una historia compleja a un diagnóstico. La verdadera protección requiere dispositivos que contemplen violencia de género, pobreza, falta de vivienda, sobrecarga de cuidados y ausencia de redes familiares o comunitarias.
Una respuesta justa no enfrenta los derechos de las infancias con los derechos de las mujeres. Los integra: acompaña, fortalece condiciones materiales y evita que la intervención estatal reproduzca abandono bajo la forma de tutela.
Cuando el sistema también falla
Por la tarde, otra exposición plantea una cuestión decisiva: cuándo el "fracaso terapéutico" puede ser, en realidad, una decisión administrativa. La pregunta apunta a los modos en que instituciones, protocolos y clasificaciones pueden producir exclusión, particularmente en adolescentes con consumo problemático de sustancias.
No toda interrupción de un tratamiento expresa falta de voluntad de quien consulta. A veces se explica por turnos imposibles, falta de vacantes, derivaciones sin seguimiento, exigencias de abstinencia como condición de ingreso o equipos sobrecargados que no cuentan con herramientas suficientes.
La jornada también incluye trabajos sobre conducta suicida, trayectorias asistenciales, acompañamiento familiar, consumo y psicooncología, así como un taller que propone incorporar el cuerpo y la actividad kinésica a los procesos de rehabilitación. Esa pluralidad es una señal valiosa: no hay una única intervención posible ni una recuperación idéntica para todas las personas.
Cuidar antes que sancionar
El Congreso concluye esta noche con un desafío que excede a especialistas y hospitales. Los consumos problemáticos son una cuestión social: involucran salud mental, educación, trabajo, vivienda, vínculos, sistemas de cuidado y regulación estatal.
Escuchar antes de etiquetar, acompañar antes de expulsar y cuidar antes de sancionar no son sólo consignas. Son criterios mínimos para una sociedad que pretenda responder al sufrimiento sin multiplicarlo.








