Prácticas en el Hospital Álvarez
Hay experiencias de formación que no caben en una constancia, un programa de cursada ni una lista de horas cumplidas. Las prácticas profesionales en el Dispositivo de Consumos Problemáticos del Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez, en la Ciudad de Buenos Aires, pertenecen a esa clase de experiencias: aquellas que obligan a revisar lo aprendido, a escuchar de otro modo y a comprender que, detrás de cada consulta, hay una vida que no puede reducirse a un diagnóstico ni a una sustancia.
Formarse en este dispositivo supone ingresar a un espacio de referencia en la atención pública de los consumos problemáticos. Su Hospital de Día fue fundado en 2003 y su creación dentro de un hospital general constituyó una experiencia pionera, al proponer una respuesta asistencial por fuera de la segregación y de la lógica del encierro. Un proyecto legislativo nacional de 2018 lo describió como un dispositivo único en América Latina por funcionar en la estructura de un hospital general y destinado específicamente al tratamiento de personas con consumos problemáticos de drogas.
Esa distinción no debe entenderse como una medalla institucional ni como una afirmación vacía de prestigio. Su relevancia está en el modelo de atención que sostiene: una clínica que recibe a personas muchas veces rechazadas por otros servicios, que reconoce los consumos como parte del campo de la salud mental y que procura evitar la estigmatización. El dispositivo articula psicoterapia individual y grupal, atención psiquiátrica, trabajo social, terapia ocupacional, actividades de Hospital de Día e intervenciones con familias y redes.
Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez, en la Ciudad de Buenos Aires.
Para quien realiza una práctica profesional, ese entramado permite advertir rápidamente que no existe "el paciente adicto" como categoría homogénea. Hay adolescentes, jóvenes y adultos; personas con vínculos familiares frágiles o sostenedores; trayectorias atravesadas por pobreza, violencia, exclusión, desempleo, soledad o padecimientos subjetivos; consumos asociados a sustancias y también nuevas expresiones, como las apuestas digitales. Cada situación exige una escucha singular y una intervención que no se limite a controlar una conducta, sino que se pregunte qué función cumple ese consumo en una historia determinada.
Aprender en la complejidad
El valor de estas prácticas no reside en observar desde afuera. Consiste en aproximarse a la complejidad real de un campo en el que intervienen la clínica, la familia, la escuela, el trabajo, la justicia, los organismos estatales y las organizaciones comunitarias. Allí se aprende que una entrevista no es solo una técnica; puede ser el comienzo de un vínculo, la primera ocasión en mucho tiempo en que una persona es escuchada sin quedar definida por aquello que consume.
"Hacer prácticas en el Dispositivo de Consumos Problemáticos del Hospital Álvarez significa aprender que la intervención comienza por no juzgar."
También se aprende que el trabajo interdisciplinario no es una fórmula decorativa. Psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y terapistas ocupacionales, entre otros profesionales, aportan miradas diferentes y necesarias. La atención de los consumos problemáticos requiere justamente esa pluralidad: ninguna disciplina, por sí sola, alcanza para responder a sufrimientos que combinan dimensiones subjetivas, corporales, sociales, familiares y territoriales.
El Hospital Álvarez forma parte de la Red de Adicciones de la Ciudad y ofrece psicoterapia, Hospital de Día, internación, terapias grupales e individuales y grupos vinculados con los entornos digitales. Esa diversidad muestra que no hay una única puerta de entrada ni una única modalidad de tratamiento: hay estrategias que deben ajustarse a los tiempos, recursos y posibilidades de cada persona.
Las nuevas urgencias
La trayectoria del dispositivo adquiere hoy una vigencia particular frente a las transformaciones de los consumos. En julio de 2024, el hospital abrió un espacio específico para el abordaje de consumos problemáticos en entornos digitales, con especial atención a las apuestas en línea entre adolescentes y jóvenes. Según La Nación, se trató del primer dispositivo de este tipo dentro de un hospital porteño, creado para brindar una respuesta concreta a una problemática creciente que afecta también a niños y niñas desde los 12 años.
Este desarrollo expresa una enseñanza fundamental para la formación profesional: las instituciones de salud no pueden permanecer inmóviles ante los cambios sociales. Los consumos problemáticos no se agotan en las sustancias; también se manifiestan en prácticas atravesadas por las plataformas, la disponibilidad permanente, el endeudamiento, el aislamiento y la promesa de una ganancia inmediata. Comprender estas nuevas formas de malestar exige actualizar las herramientas clínicas, preventivas y comunitarias.
Una escuela de ética
Hacer prácticas en el Dispositivo de Consumos Problemáticos del Hospital Álvarez significa aprender que la intervención comienza por no juzgar. Implica reconocer que las personas no son sus diagnósticos, sus recaídas, sus deudas ni las marcas sociales que pesan sobre ellas. Es entender que el acceso a una atención pública, gratuita, respetuosa y sostenida es parte del derecho a la salud.
La experiencia deja, sobre todo, una convicción: trabajar en consumos problemáticos demanda conocimientos técnicos, pero también una posición ética. Requiere disponibilidad para escuchar, capacidad para trabajar con otros, respeto por la autonomía de las personas y compromiso para sostener procesos que rara vez son lineales. En un tiempo que suele pedir soluciones inmediatas para problemas complejos, este dispositivo enseña el valor de acompañar, construir confianza y abrir posibilidades.
No es exagerado afirmar que realizar prácticas allí constituye una experiencia única. No porque garantice respuestas fáciles ni porque convierta la complejidad en certeza, sino precisamente porque enseña a habitar las preguntas más difíciles. Y permite comprender que, aun en contextos de dolor, exclusión y vulnerabilidad, una institución pública puede ser un lugar de cuidado, de restitución de derechos y de construcción de futuro








