Congreso Argentino de Salud Mental: sostener lo singular

Hoy, en la tercera jornada del XIX Congreso Argentino de Salud Mental, Buenos Aires vuelve a ser escenario de una discusión que excede largamente las fronteras de la clínica. En las salas del Congreso se debate sobre adolescencias, inteligencia artificial, consumos problemáticos, internaciones, violencia, suicidio, discapacidad, género, cuidados comunitarios y derechos. Pero, detrás de esa diversidad, persiste una pregunta común: cómo preservar la singularidad de cada persona en una época que tiende a clasificar, acelerar y uniformar.

Corresponsalía Diario PORTADA

La jornada no ofrece una respuesta única, algo más valioso: la posibilidad de escuchar experiencias de hospitales, universidades, dispositivos territoriales, organizaciones comunitarias y equipos interdisciplinarios que trabajan allí donde el sufrimiento se vuelve más intenso. En el Congreso se habla de políticas públicas, sí, pero también de la escucha concreta; de las urgencias que llegan a una guardia, de las familias agotadas, de los adolescentes que no encuentran palabras, de las personas que quedan atrapadas en circuitos institucionales y de los profesionales que intentan sostener un cuidado posible aun en condiciones adversas.

El riesgo de lo automático

La tecnología ocupa una parte sustantiva de los debates. Se discuten el impacto de los algoritmos en las infancias y adolescencias, el uso problemático del smartphone, las apuestas en línea, la sexualidad digital, la pornografía, las aplicaciones de citas, la inteligencia artificial y los nuevos lenguajes del malestar en las redes.

Congreso Argentino de Salud Mental: sostener lo singular

No se trata de sostener una nostalgia imposible por un mundo sin pantallas. La tecnología integra la vida cotidiana, habilita aprendizajes, facilita accesos y genera nuevas formas de relación. Pero ninguna plataforma es neutral. Los algoritmos ordenan visibilidades, regulan flujos de atención y promueven comparaciones que pueden afectar la autoestima, el deseo, el descanso y los vínculos de millones de personas, especialmente de niños, niñas y adolescentes.

El problema no está en que exista la tecnología, sino en que la vida humana quede subordinada a sus lógicas. Cuando la urgencia se responde únicamente con inmediatez; cuando una emoción se traduce en dato; cuando el sufrimiento se reduce a una métrica; cuando una aplicación sustituye la presencia de una red de cuidado, algo fundamental se pierde. Ningún algoritmo puede reemplazar la mirada profesional, la escucha comprometida ni la responsabilidad de las instituciones.

Congreso Argentino de Salud Mental: sostener lo singular

En ese marco, adquiere especial relevancia la participación de Sergio Gustavo Benaroya, de Mendoza, en el XIX Congreso Argentino de Salud Mental. Su intervención durante las primeras horas de la mañana es la intervención en la comunicación libre "Sostener la singularidad en tiempos de algoritmos: nuevas coordenadas de la urgencia subjetiva", en el Salón San Martín del Hotel Marriott.

El título de su exposición concentra una de las tensiones más importantes de nuestro tiempo. La urgencia subjetiva no puede ser tratada como un incidente estándar ni como una falla que deba corregirse mecánicamente. La persona que llega desbordada a una guardia, a una escuela, a un servicio de salud o a una consulta no es un conjunto de síntomas a ordenar de manera automática. Lleva una historia, una trama familiar, vínculos, pérdidas, violencias, deseos, recursos y formas singulares de pedir ayuda.

Accedé a la exposición del Dr. Sergio Benaroya en este link.

Sostener la singularidad exige resistir la tentación de las respuestas uniformes. Implica no confundir velocidad con eficacia ni protocolo con escucha. Los protocolos son necesarios: orientan, protegen y ordenan intervenciones. Pero no reemplazan la lectura situada de cada caso. Ninguna fórmula puede anticipar por completo qué significa una autolesión, un consumo, un episodio de angustia, una conducta de riesgo o un silencio persistente para quien lo atraviesa.

Congreso Argentino de Salud Mental: sostener lo singular

La comunicación de Benaroya se inscribe así en un debate que atraviesa todo el Congreso: cómo atender el sufrimiento en una época de algoritmos sin que la promesa de eficiencia termine borrando aquello que hace única a cada experiencia humana. No se trata de oponer clínica y tecnología, sino de establecer una prioridad ética: la herramienta debe estar al servicio del sujeto, no el sujeto al servicio de la herramienta.

Los asistentes al evento contarán con la posibilidad de acceder sin cargo a la obra "Infancias en Urgencia Digital: Clínica del Sufrimiento Psíquico en el Mundo Algorítmico". El libro propone una mirada clínica y política sobre cómo el entorno digital algorítmico produce nuevas formas de sufrimiento psíquico, malestar y trauma en niñas, niños y adolescentes, y ofrece herramientas para abordarlos sin reducirlos a "uso excesivo de pantallas" ni a un problema técnico individual.

Congreso Argentino de Salud Mental: sostener lo singular

El eje del libro es la idea de "medioambiente psíquico algorítmico": hoy la subjetividad infantil y adolescente se constituye dentro de un ecosistema de plataformas, algoritmos de recomendación, métricas de visibilidad, redes sociales, videojuegos en línea e inteligencia artificial generativa que organizan la mirada, la pertenencia, la vergüenza y la exposición. No se trata solo de describir tecnologías o "riesgos", sino de entender cómo allí se producen malestar, urgencia subjetiva, trauma digital y también posibilidades de cuidado.

Contenidos principales de la obra:

  • Analiza cómo lo digital deja de ser un "contexto externo" y pasa a ser un medioambiente psíquico que estructura autoestima, lazo social, relación con el cuerpo y formas de sufrimiento en la infancia.
  • Describe el "malestar algorítmico": hiperestimulación, vigilancia constante, comparaciones permanentes y cuantificación del reconocimiento a través de likes, vistas y seguidores, con impacto en sueño, ansiedad, irritabilidad y retraimiento.
  • Examina la vulnerabilidad evolutiva y de género en la lógica de plataforma, mostrando cómo el diseño de sistemas de recomendación y visibilidad amplifica de forma desigual la exposición, la sexualización, el odio y la humillación sobre ciertos cuerpos e identidades.
  • Desarrolla la noción de "urgencia subjetiva en escenas digitales": momentos en que una imagen, video, chat o montaje vivido como sin salida precipita crisis agudas, ideas autolesivas o sensación de que "la vida se terminó" por lo que circula en la red.
  • Sitúa el cuerpo como superficie central de visibilidad, evaluación y comparación, trabajando fenómenos de disociación, autoobservación crítica y experiencias de desposesión del propio cuerpo cuando este queda atrapado en imágenes que circulan sin control.
  • Analiza el rol del algoritmo como operador clínico y político que selecciona, repite y clasifica contenidos, consolidando bucles de exposición al daño y distribuyendo de forma desigual el sufrimiento según perfiles y posiciones sociales.
  • Dedica un capítulo a deepfakes, nudificadores y escenas sintéticas, mostrando cómo los montajes sexuales o humillantes generados por IA producen un tipo específico de trauma digital donde la falsedad técnica no elimina la verdad traumática del daño.
  • Propone una "clínica psicológica de la urgencia digital", con movimientos concretos: desacelerar la escena, reconstruir la secuencia digital, nombrar la violencia sin moralizar, cuidar el cuerpo en la escucha y articular con familia, escuela, justicia y plataformas.

Durante el encuentro, compartieron la mesa Inés Alberdi, representante del Ministerio de Salud del GCBA, quien expuso sobre "La práctica analítica en la guardia hospitalaria: de la emergencia clínica a la emergencia del sujeto". Por su parte, Agustina Magalí Torres, del Hospital José Tiburcio Borda, presentó el trabajo titulado "¿Vos tampoco sabés qué hacer, no?. Un intento de elaboración acerca del encuentro con la clínica que angustia". En tanto, Brian Banszczyk (vinculado a Clinica Saint Michel, Universidad Siglo 21, UNC, UCC y AATRA) disertó acerca de "Urgencias subjetivas, algoritmos y violencia simbólica: cuerpo, consumo y clausura del porvenir". La especialista Debora Chevnik, en representación del Hospital de Niños R. Gutiérrez, abrió el debate con su presentación "¿Las palabras están vivas?". Asimismo, Miranda Boccalon, del Hospital Piñero, compartió sus reflexiones bajo el título "Entre la urgencia y la no demanda ¿Qué lugar al análisis allí?". Finalmente, el equipo del Hospital Escuela de Salud Mental, integrado por Rosa Verónica González, Ariana Suvire, María Candela Perez, Agustina Bagur y Benjamín González, expuso sobre "Urgencias subjetivas: intervenciones posibles en un dispositivo de guardia interdisciplinaria".

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