Las apuestas online y una alarma que no admite demora

El viernes 28 de agosto de 2026, entre las 15:40 y las 16:40 horas, el Salón Río Colorado del Hotel Marriott fue escenario de una de las mesas redondas más significativas del 9.º Congreso Argentino de los Consumos Problemáticos.

Dr. Sergio Benaroya
Abogado UBA. Especializado en Familia, Niñez y Adolescencia, Genero, Responsabilidad Médica y Salud Mental. Diplomaturas en Psicopatología, Psicoanálisis, Autismo, Psicosis, IA, Criminología, Vínculos Patológicos, Sexología Clínica.

Bajo el título "Análisis de las motivaciones para apostar online en jóvenes y adultos en el Área Metropolitana de Buenos Aires", el encuentro convocó a pensar una realidad que ha dejado de ocupar un lugar periférico para convertirse en una cuestión de indudable interés público: la expansión de las apuestas digitales y sus efectos sobre la salud mental, los vínculos, las economías familiares y la vida comunitaria.

La actividad fue presidida por Diego Abel Argentino y contó con las exposiciones de Matías Andrés Defferrari, Denise Sol Rennis y el propio Argentino, representantes de la Universidad de Flores. Desde recorridos profesionales y académicos complementarios, los disertantes lograron abordar el fenómeno sin reducirlo a una explicación única ni a una mirada moralizante. El eje estuvo puesto en comprender qué lleva a jóvenes y adultos a apostar, qué factores sostienen esa conducta y qué responsabilidades colectivas se activan frente a un consumo que encuentra en la tecnología un acceso inmediato, permanente y difícil de limitar.

Las apuestas online y una alarma que no admite demora

La expansión del juego online transformó radicalmente la experiencia de apostar. Lo que antes se asociaba con casinos, hipódromos, bingos o agencias de lotería hoy puede desarrollarse desde un teléfono celular, a cualquier hora y desde casi cualquier lugar. Una cuenta, una billetera virtual, una promoción y conexión a internet pueden bastar para iniciar una secuencia de depósitos, apuestas y pérdidas -o ganancias transitorias- con una velocidad que muchas veces dificulta registrar sus consecuencias reales.

La accesibilidad permanente, la inmediatez de la recompensa, el anonimato relativo y la publicidad dirigida conforman un entorno distinto al de las modalidades tradicionales de juego. Ninguna de esas condiciones implica, por sí sola, una adicción; sin embargo, juntas pueden favorecer que una práctica inicialmente recreativa se vuelva repetitiva, compulsiva o económicamente dañina. El problema no reside únicamente en la existencia del juego, sino en una arquitectura digital diseñada para mantener la atención, facilitar la continuidad y presentar el azar como oportunidad.

Una discusión situada

La mesa permitió ubicar las apuestas online dentro de un contexto más amplio: hiperconectividad, presión económica, incertidumbre cotidiana, exposición constante a mensajes publicitarios y búsqueda de gratificación inmediata. Desde esa perspectiva, apostar no puede ser interpretado exclusivamente como una elección individual aislada de las condiciones sociales en las que se produce.

Las apuestas online y una alarma que no admite demora

El análisis presentado sobre jóvenes y adultos del Área Metropolitana de Buenos Aires resultó especialmente valioso porque permitió vincular el debate general sobre ludopatía y consumos problemáticos con experiencias próximas. Las motivaciones para apostar no son homogéneas. En algunos casos aparecen el entretenimiento y la búsqueda de adrenalina; en otros, la necesidad de pertenecer, aliviar el aburrimiento, escapar de un malestar emocional, mejorar el estado de ánimo o encontrar una salida económica rápida frente a la incertidumbre.

La investigación expuesta por la Universidad de Flores reunió, de manera preliminar, a 172 participantes, de los cuales 100 señalaron haber apostado durante el último año. Sus autores aclararon que se trató de una muestra no representativa, por lo que los resultados no permiten proyectar conclusiones generales sobre toda la población. Esa precisión metodológica no reduce la importancia del estudio: por el contrario, demuestra prudencia científica y abre interrogantes que merecen ser profundizados con muestras más amplias, estudios cualitativos y enfoques interdisciplinarios.

En las franjas etarias intermedias, las distintas dimensiones relevadas -afrontamiento del malestar, mejora del estado de ánimo, motivaciones financieras y sociabilidad-adquirieron particular presencia. El dato invita a abandonar la idea de que el problema se limita a adolescentes o jóvenes. Aunque la preocupación por la exposición de las personas menores de edad es plenamente justificada, las apuestas también alcanzan a adultos insertos en el mundo laboral, a familias y a personas jubiladas.

La referencia a los adultos mayores resultó especialmente significativa. En ese grupo, las apuestas presenciales aparecieron con un peso más marcado, y se observó una asociación relevante entre la motivación de afrontar malestar y la condición de jubilación. Los expositores no establecieron causalidades definitivas, pero el hallazgo permitió interrogar la relación entre vulnerabilidad económica, soledad, debilitamiento de redes sociales, necesidad de pertenencia y prácticas de juego. En muchas ocasiones, el bingo, la lotería o el casino pueden constituir espacios de encuentro; esa dimensión humana no debe ignorarse, pero tampoco puede servir como excusa para desatender el riesgo de que personas vulnerables queden expuestas a pérdidas que no están en condiciones de afrontar.

Trayectorias que enriquecieron el debate

La presidencia de Diego Abel Argentino aportó una mirada integral sobre los consumos problemáticos y la salud mental. Su trayectoria docente e investigativa en la Universidad de Flores, junto con sus antecedentes en psicología clínica, procesos de afrontamiento, burnout y estilo personal del terapeuta, permitió orientar la discusión hacia la necesidad de intervenciones sensibles a la singularidad de cada persona y a las condiciones concretas de su entorno. Pensar el consumo problemático exige, precisamente, evitar diagnósticos apresurados y comprender los modos en que cada conducta se enlaza con una historia, un malestar y una red de vínculos.

Las apuestas online y una alarma que no admite demora

Matías Andrés Defferrari aportó su experiencia en el estudio y abordaje de las adicciones y los consumos problemáticos. Su recorrido académico y clínico, que incluye investigaciones sobre musicoterapia y adicciones, reforzó la idea de que las respuestas no pueden limitarse a reparar el daño una vez producido. Su intervención recuperó la necesidad de fortalecer la prevención, las oportunidades comunitarias, los recursos personales y las redes de apoyo que permiten advertir tempranamente las situaciones de riesgo.

Por su parte, Denise Sol Rennis enriqueció la mesa desde su experiencia como licenciada en Psicología, docente e investigadora, especialmente vinculada con la exploración, el diagnóstico y el acompañamiento de adolescentes, jóvenes y adultos. Su aporte permitió poner el foco en las motivaciones subjetivas que pueden encontrarse detrás de la conducta de apostar y en la importancia de distinguir entre una actividad recreativa y una práctica que comienza a afectar la autonomía, la economía, los vínculos o el bienestar emocional de la persona.

La riqueza del encuentro consistió justamente en que no presentó las apuestas online como un fenómeno uniforme. No toda persona apuesta por la misma razón, no toda apuesta representa un consumo problemático y no toda conducta de juego requiere una idéntica respuesta. Pero esa diversidad de motivos no disminuye la necesidad de prevención: la vuelve más necesaria y más compleja.

Prevenir sin estigmatizar

Uno de los principales aportes de la mesa fue la invitación a prevenir sin estigmatizar. La investigación presentada no tuvo por objeto diagnosticar ludopatía ni establecer una diferenciación clínica concluyente entre juego recreativo y juego patológico; buscó, en cambio, indagar las motivaciones de quienes apuestan. Esa delimitación fue fundamental porque evitó convertir a toda persona apostadora en alguien enfermo y, al mismo tiempo, impidió banalizar los signos de alarma.

El consumo problemático no se determina únicamente por la frecuencia de juego ni por el monto de dinero involucrado. También debe atenderse a sus efectos concretos: endeudamiento, ocultamientos, pérdidas de tiempo de estudio o trabajo, conflictos familiares, alteraciones del estado de ánimo, uso compulsivo de crédito, imposibilidad de detenerse y necesidad de recuperar, mediante nuevas apuestas, el dinero previamente perdido.

La prevención debe partir de una premisa sencilla: una plataforma de apuestas no es un mecanismo de ahorro, una inversión ni una solución para una urgencia económica. Sin embargo, buena parte de la publicidad digital tiende a presentar el juego como una oportunidad de éxito, una demostración de conocimiento deportivo o una vía rápida para resolver dificultades financieras. El lenguaje de las plataformas habla de "bonos", "cuotas", "premios", "oportunidades" y "jugadas inteligentes"; rara vez exhibe con igual intensidad el riesgo de pérdida, endeudamiento, aislamiento o deterioro de vínculos.

En ese sentido, la prevención no consiste en condenar a quien apuesta ni en responder con humillación, castigo o pánico moral. Por el contrario, requiere generar condiciones de escucha, información y acceso temprano a la ayuda. Las familias, los establecimientos educativos, los ámbitos laborales y los equipos de salud deben contar con recursos para reconocer señales de riesgo y acompañar sin reforzar el ocultamiento o la vergüenza.

Regular donde está el riesgo

El debate también puso de relieve que el Estado no puede quedar reducido a un papel de espectador frente a una industria que combina algoritmos de captación, publicidad persistente, estímulos de recompensa instantánea y medios de pago digitales de rápida disponibilidad. La regulación debe acompañar la transformación tecnológica antes de que el daño alcance dimensiones mayores.

Resulta indispensable fortalecer los controles de edad e identidad, limitar la publicidad dirigida o accesible a personas menores de edad e impedir mensajes que asocien el juego con éxito económico, prestigio personal o resolución inmediata de problemas materiales. Las plataformas deberían incorporar herramientas eficaces de autocontrol: límites de depósito, límites de tiempo, alertas ante patrones de riesgo, mecanismos claros de autoexclusión y vías visibles para solicitar orientación o asistencia.

La relación entre apuestas, endeudamiento y billeteras virtuales también demanda especial atención. La facilidad para transferir pequeños montos puede producir una falsa sensación de inocuidad. Un depósito aislado parece irrelevante, pero la acumulación de operaciones rápidas puede derivar en una pérdida considerable. La protección del usuario no debe agotarse en términos y condiciones extensos que pocas personas leen: debe traducirse en diseños digitales que no exploten la impulsividad, que informen con claridad el costo acumulado y que hagan visible el riesgo cuando la conducta comienza a intensificarse.

La responsabilidad, por lo tanto, debe ser compartida. Involucra a quienes juegan, a sus entornos afectivos, a las instituciones educativas y sanitarias, a los organismos de protección de consumidores, a las entidades financieras, a las empresas tecnológicas, a los reguladores del juego y a las autoridades públicas. Ningún sector puede resolver por sí solo un fenómeno que atraviesa salud mental, economía, tecnología, publicidad, educación y derechos de consumidores.

Una reflexión que continúa

La mesa redonda desarrollada en el 9.º Congreso Argentino de los Consumos Problemáticos dejó una conclusión clara: abordar las apuestas online exige mirar más allá de la pantalla. Supone reconocer las experiencias subjetivas de quienes apuestan, las condiciones que facilitan la repetición de la conducta, los mensajes que circulan en el entorno digital y las responsabilidades institucionales que no pueden seguir postergándose.

La propuesta de la Universidad de Flores constituyó un aporte valioso porque no pretendió clausurar el debate con respuestas absolutas. Por el contrario, abrió mejores preguntas y recordó que la investigación responsable debe reconocer sus límites, profundizar sus hallazgos y sostener una mirada humana sobre los problemas que estudia.

Las apuestas online no son un entretenimiento inocuo por definición, pero tampoco un fenómeno que pueda comprenderse desde el alarmismo vacío. Requieren responsabilidad individual, controles empresariales efectivos, políticas públicas inteligentes, prevención temprana y dispositivos de atención accesibles. Requieren, sobre todo, una conversación social más honesta, menos complaciente y más comprometida con el cuidado.

Mirar hacia otro lado sería aceptar que la disponibilidad permanente del juego se convierta, silenciosamente, en una nueva fuente de angustia, endeudamiento y deterioro de vínculos. El encuentro dejó planteado un desafío colectivo: impedir que el azar, presentado como promesa de salida, termine convirtiéndose en una puerta de entrada a un problema mayor.

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