Fuente: miradorprovincial.com

Una de las particularidades que tiene el rugby, es que se presenta como un deporte integrador. Es una disciplina para todos.

Sin importar características físicas, cualquiera puede practicarlo. De hecho, hasta puede señalarse que existe una posición para cada contextura.

Asimismo, jugadores hipoacúsicos se desarrollan a la perfección en un deporte cuya comunicación dentro del campo es clave.

El rugby de sordos trascendió a nivel mundial, donde todos los jugadores federados son hipoacúsicos.

El Deaf Rugby, como es reconocido internacionalmente, tiene su propia Copa del Mundo, y cada seleccionado lleva adelante giras y disputa amistosos al igual que cualquier otro elenco convencional.

Pese a que todavía hay muchos mitos alrededor, es importante entender el sistema de juego para conocer cómo se desarrolla cada partido.

En líneas generales, las leyes en el rugby para hipoacúsicos son las mismas que en el convencional, con algunas variantes.

La única regla que a veces se quiebra es que los jugadores frenan el juego al sonar el silbato, en el Deaf Rugby, algunos árbitros usan una bandera colorida en vez de silbato.

En las prácticas, muchas veces hay intérpretes de lenguajes de señas y como es de esperar, está prohibido el uso de audífonos, ya que podría ser peligroso ante un golpe.

En el más alto nivel, los árbitros suelen revisar a los jugadores para asegurarse que ninguno lo use, a raíz de los distintos niveles existentes de hipoacusia, puede haber equipos que tengan más jugadores que no oigan que otros.

Para buscar que sea justo e inclusivo para los jugadores y equipos, hay mínimas variaciones a las reglas que se aplican por consenso y están basadas en la comunicación visual, el uso de banderas, señas de los referís y orientación para sordos para incrementar las señales visuales, además de intérpretes de lengua de señas disponibles para ayudar al árbitro.

La medida global para el rugby para hipoacúsicos es una pérdida de al menos 40 decibeles, aunque en algunos países se permiten jugadores con menor perdida para partidos que no sean competitivos.

En el más alto nivel, también hubo y hay casos de jugadores con hipoacusia.

Ben Cohen, campeón del mundo con Inglaterra en Australia 2003, es clínicamente sordo, con tan solo el 46% de la audición.

Mat Gilbert, quien jugara para Bath, Worcester Warriors y Llanelli Scarlets, es parte del seleccionado de sordos de Gales.

Del mismo modo, Jodie Ounsley, jugadora del Sale Sharks, quien es profundamente sorda y juega para el seleccionado inglés de Sevens y para el conjunto de England Deaf.

Hoy día, el rugby de sordos está en más de 20 países y dadas las similitudes entre el rugby para hipoacúsicos y el rugby habitual, las uniones nacionales son las responsables de la gobernanza y administración del rugby y trabajan en colaboración con las partes interesadas del rugby de hipoacúsicos, con el apoyo de World Deaf Rugby, una organización que apunta a unir, inspirar y alentar a las comunidades de gente con problemas de audición.

En Argentina, a nivel oficial aún es una deuda pendiente trabajar para formalizar este seleccionado nacional desde la UAR (Unión Argentina de Rugby).

Mariano Matut y Gustavo Díaz son los impulsores del Rugby Sordos Argentina (RSA), que está destinado a todos los sordos del país que practiquen la disciplina y para aquellos que quieran aprender el deporte.

La mayoría de los jugadores que integra el seleccionado nacional juega en clubes de Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Misiones, Jujuy, Río Negro, San Juan y Buenos Aires.

Como los integrantes del equipo residen en diferentes puntos del país, los entrenamientos se hacen en forma de concentraciones, distintas veces en el año. Para continuar creciendo, no deben existir barreras.