El desafío de Adriana García: la nueva rectora de la UNCUYO gobernará sin mayoría y con un Consejo Superior dominado por el radicalismo
Aunque la fórmula de Encuentro Plural se quedó con el Rectorado, el frente saliente "Sumar Universidad" retiene 8 de los 12 decanatos y casi la mitad del Consejo Superior. Analizamos el complejo tablero de gobernabilidad, la sorpresiva baja participación en las urnas y la crisis del DAMSU como prioridad absoluta.
¿Cómo quedó conformado el Consejo Superior de la UNCUYO tras las elecciones de 2026?
- Tras las elecciones en la UNCUYO, el Consejo Superior quedó configurado bajo un esquema de cohabitación política, donde el frente oficialista saliente Sumar Universidad (UCR) retiene 8 de los 12 decanatos y cerca de la mitad del cuerpo colegiado.
- Debido a esto, la rectora electa por el peronismo y sectores progresistas, Adriana García, gobernará sin mayoría automática y estará obligada a negociar acuerdos institucionales para avanzar con sus reformas de gestión, la política presupuestaria y la reestructuración de la obra social DAMSU.
El nuevo y fragmentado mapa del poder universitario
La contundente victoria de Adriana García en el balotaje al Rectorado de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) reconfigura la política provincial, pero abre un desafiante período de cohabitación institucional. El frente opositor Encuentro Plural logró imponerse en la fórmula ejecutiva, pero el oficialismo saliente, nucleado en "Sumar Universidad" (ex Interclaustro), demostró una notable resiliencia territorial. El espacio liderado por Gabriel Fidel retiene el control de ocho de los doce decanatos electos, consolidando una base de poder corporativo que forzará a la nueva gestión a abrir canales de diálogo permanentes desde el primer día.
El Consejo Superior: el freno de mano del radicalismo
Este escenario de paridad se trasladará de forma directa al Consejo Superior, el órgano máximo de deliberación y toma de decisiones de la casa de altos estudios. Sumar Universidad conservará allí cerca de la mitad de las bancas entre decanos, representantes docentes, estudiantiles, graduados y el personal de apoyo académico.
García y su vicerrectora Ana Sisti asumirán formalmente sus funciones el próximo 16 de agosto para un mandato que se extenderá hasta 2030,
Sin una mayoría automática que le garantice gobernabilidad propia, el bloque de respaldo a García -compuesto por el peronismo, el kirchnerismo y corrientes progresistas- estará obligado a tejer alianzas puntuales para aprobar presupuestos, validar reformas reglamentarias o impulsar cambios de fondo en la estructura del campus.
Preocupación por la baja participación en las urnas
Más allá de la mística del triunfo opositor, el escrutinio dejó una luz de alerta encendida respecto de la legitimidad social de la convocatoria: el marcado ausentismo.
Las estimaciones oficiales confirmaron que la cantidad de sufragantes en la segunda vuelta estuvo llamativamente por debajo de los 20.000 votantes que asistieron el 9 de junio, quedando incluso detrás de los registros históricos de 2022. Sobre un padrón total que supera los 58.000 miembros habilitados, la baja participación interpela a la nueva conducción sobre la necesidad de profundizar la democratización real y la ampliación de la ciudadanía universitaria en el mediodía mendocino.
Los tres frentes urgentes que marcan la agenda de García
García y su vicerrectora Ana Sisti asumirán formalmente sus funciones el próximo 16 de agosto para un mandato que se extenderá hasta 2030, y la lista de prioridades no da margen para dilaciones. En primer lugar, deberán timonear el severo escenario de restricciones presupuestarias y el consecuente reclamo de recomposición salarial que jaquea al sistema universitario nacional. A esto se le suma de manera urgente la alarmante crisis financiera que atraviesa el Departamento de Asistencia Médico Social Universitario (DAMSU), la obra social propia de la institución, que se convirtió en el eje más sensible del debate durante toda la campaña electoral.







