El riesgo LLA: las tensiones internas que empiezan a incomodar a Javier Milei

Caputo habla de "justicia social" para defender los créditos hipotecarios y Bullrich admite que hay sectores que atraviesan un momento difícil y cuestiona el costo del crédito. Las señales empiezan a aparecer dentro del propio oficialismo y abren una pregunta incómoda para Javier Milei: ¿el próximo desafío ya no será el regreso del "riesgo kuka", sino la aparición de un "riesgo LLA"?

Martín Tula
Analista Político. Periodista. Activista y referente en discapacidad. Influenciador en redes sociales.

El riesgo LLA: cuando los propios empiezan a marcar distancia

El gobierno de Javier Milei ya no parece tener como principal riesgo al "kirchnerismo" o al famoso "riesgo kuka". El nuevo riesgo para el Presidente puede estar mucho más cerca: dentro de La Libertad Avanza. Y ese riesgo empieza a aparecer en las posiciones que, de a poco, están tomando dos de los dirigentes más importantes que acompañaron al Gobierno durante estos años: Luis "Toto" Caputo y Patricia Bullrich. No estamos hablando de opositores ni de dirigentes que hayan abandonado el oficialismo. Estamos hablando de dos figuras que forman parte del poder y que, cada una a su manera, comienzan a reconocer que existe una realidad económica y social que ya no puede explicarse solamente con los números de la macroeconomía.

El primero en dar una señal llamativa fue Caputo. Al anunciar el nuevo esquema de créditos hipotecarios impulsado por el Gobierno, el ministro utilizó una expresión que, para un gobierno que durante años construyó su identidad alrededor de la libertad de mercado y de la menor intervención posible del Estado, resulta llamativa:

Los hipotecarios son una prioridad por diferentes razones. Una, porque hace a la justicia social.

El programa contempla $2 billones provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES, que serán canalizados hacia los bancos mediante depósitos a plazo para que las entidades otorguen nuevos créditos hipotecarios UVA destinados a primera vivienda. El Estado, en este caso, vuelve a intervenir como proveedor de fondeo de largo plazo para intentar abaratar y ampliar el crédito.

El riesgo LLA: las tensiones internas que empiezan a incomodar a Javier Milei

Alguno podrá decir que $2 billones representan solamente una pequeña porción del patrimonio del FGS y que, por lo tanto, no existe un riesgo significativo para los fondos previsionales. Y es cierto que el monto es acotado en relación con el patrimonio total. Pero la discusión interesante no pasa solamente por cuánto dinero se utiliza, sino por la contradicción política que encierra la medida. Porque mientras el Gobierno sostiene que el Estado no debería intervenir para resolver los problemas derivados del endeudamiento entre privados, sí considera legítimo utilizar fondos públicos para fondear al sistema bancario y estimular una determinada línea de crédito. No es necesariamente una mala política: el acceso a la vivienda puede justificar una herramienta de estas características. Pero entonces la pregunta es otra:

¿Por qué cuando el problema es una familia endeudada el Estado debe correrse, mientras que cuando se trata de generar crédito hipotecario el Estado vuelve a ocupar un lugar central?

Y hay otro dato que hace todavía más interesante la discusión. El Banco Nación ya ofrece, para determinados casos de vivienda única y permanente y para quienes cobran sus haberes en la entidad, créditos hipotecarios UVA con una tasa nominal anual fija del 6,7%, con plazos de hasta 30 años. El nuevo esquema anunciado por el Gobierno establece una tasa máxima de UVA + 7,5% anual y un plazo mínimo de 15 años. Es decir, al menos para determinados clientes, el propio Banco Nación ya cuenta con una oferta más competitiva que el nuevo esquema que el Gobierno busca impulsar en el sector privado.

Entonces aparece la pregunta inevitable: si el Estado ya tiene una herramienta que ofrece mejores condiciones, ¿qué necesidad existe de crear otra? La respuesta oficial es fomentar el crédito hipotecario y ampliar la oferta. Pero políticamente también puede leerse de otra manera: generar una herramienta visible que permita mostrarle a la sociedad, antes de las próximas elecciones, que el Gobierno tiene algo concreto para ofrecer en materia de vivienda. Y allí aparece una contradicción que La Libertad Avanza todavía no termina de resolver: un gobierno que llegó prometiendo retirar al Estado de la economía empieza a recurrir a herramientas estatales cuando necesita que determinados sectores reaccionen.

El riesgo LLA: las tensiones internas que empiezan a incomodar a Javier Milei

Pero Caputo no es el único que está mostrando un cambio de tono. Patricia Bullrich también comenzó a marcar diferencias con el discurso más duro del Presidente. La senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza reconoció que "algunos sectores están pasando un momento difícil" y reclamó mayor velocidad para que los resultados del programa económico lleguen a las familias, las pymes y las empresas. No cuestionó el rumbo general del Gobierno, pero sí introdujo una palabra que durante mucho tiempo pareció prohibida dentro del oficialismo: la dificultad que atraviesa una parte de la sociedad.

Y después fue todavía más lejos. En el Senado, Bullrich cuestionó el costo de los créditos y calificó como "un robo" el Costo Financiero Total cuando aparece escondido en la letra chica. También propuso un mecanismo de "etiquetado frontal" para que quien tome un préstamo pueda conocer con claridad cuánto terminará pagando y reclamó que bancos y fintech se hagan cargo de una parte de la situación generada por el sobreendeudamiento. La discusión es significativa porque introduce un concepto que hasta hace poco parecía ajeno al discurso libertario: que las entidades financieras también tienen una responsabilidad en el problema.

Bullrich no está proponiendo que el Estado rescate a quienes no pueden pagar sus deudas. Su planteo es diferente: que bancos y fintech participen en soluciones, que exista mayor transparencia sobre el costo de los créditos y que el Banco Central analice herramientas para enfrentar el crecimiento de la morosidad. De hecho, esa preocupación llegó a la mesa política del Gobierno. Es un matiz, pero en política los matices pueden ser el comienzo de una distancia.

A primera vista, podría celebrarse que una representante de los argentinos en el Senado se preocupe por el endeudamiento, la morosidad y la situación de quienes no pueden llegar a fin de mes. Y está bien que así sea. Pero la política tiene otra lectura. Bullrich sabe que existe un sector de la sociedad que acompañó a Milei pero que puede empezar a mirar hacia otro lado si el programa económico no consigue traducirse en una mejora concreta. Y Patricia también sabe algo que aprendió durante décadas de política argentina: cuando una corriente empieza a perder fuerza, conviene tomar distancia antes de que el costo de permanecer adentro sea demasiado alto.

Bullrich tiene, además, una característica política que no puede desconocerse: nunca fue una dirigente inmóvil. Su trayectoria está marcada por cambios de espacio, alianzas y reacomodamientos. Pasó por el peronismo, la Coalición Cívica, el PRO y Juntos por el Cambio antes de terminar incorporándose al universo libertario. Por eso no resulta extraño que ahora empiece a construir un discurso propio dentro de La Libertad Avanza. La pregunta no es solamente si se está diferenciando de Milei. La verdadera pregunta es si está empezando a preparar el terreno para algo que puede ser políticamente mucho más ambicioso:

Un mileísmo sin Milei.

Porque allí aparece el verdadero "riesgo LLA".

No es que Caputo se haya convertido en peronista ni que Bullrich haya dejado de apoyar al Gobierno. El problema para Milei es que sus propios dirigentes empiezan a reconocer aquello que durante mucho tiempo el oficialismo prefirió minimizar: que la macroeconomía puede mostrar señales positivas y, al mismo tiempo, existir una economía cotidiana que todavía no convence. Bullrich incluso lo resumió con una frase que debería ser leída con atención dentro de la Casa Rosada: hay que conseguir que los resultados lleguen "a cada familia, pyme y empresa".

Y mientras los propios comienzan a introducir estos matices, la sociedad también empieza a modificar sus preocupaciones. En una medición de Synopsis realizada en mayo, el desempleo aparecía como la principal preocupación ciudadana, con 33,2%, por encima de la inflación, que registraba 11,2%. Esto no significa que la inflación haya dejado de importar. Significa algo más profundo: para una parte importante de los argentinos, el problema ya no es solamente cuánto aumentan los precios, sino cuánto trabajo existe, cuánto se gana y qué capacidad tiene ese ingreso para sostener una vida digna.

Ese cambio es fundamental para entender lo que puede suceder políticamente de acá en adelante. Milei construyó su liderazgo sobre una sociedad que quería romper con el pasado. El problema es que romper con el pasado no alcanza eternamente. Después de la ruptura viene la construcción. Después de la denuncia viene la gestión. Después de la batalla cultural vienen los resultados.

Y quizás allí esté el verdadero desafío para el Presidente.

Milei fue extraordinariamente eficaz para explicar por qué la Argentina había llegado hasta donde llegó. Fue capaz de señalar responsables, construir un enemigo y convencer a millones de argentinos de que había que cambiar el rumbo. Pero ahora tiene que demostrar algo diferente: que el nuevo rumbo también puede mejorar la vida cotidiana de quienes lo votaron.

Porque un gobierno puede sobrevivir a la crítica de la oposición. Lo que resulta mucho más difícil es sobrevivir cuando las dudas comienzan a aparecer dentro del propio espacio.

Y los primeros movimientos ya están ocurriendo.

Caputo habla de "justicia social" para defender el crédito hipotecario. Bullrich habla de sectores que están pasando un momento difícil, cuestiona el costo financiero de los préstamos y reclama que bancos y fintech se hagan cargo. Mientras tanto, Milei continúa defendiendo su programa y su propia interpretación de la realidad económica.

El problema no es que existan diferencias. Las diferencias son normales en cualquier gobierno.

El problema aparece cuando esas diferencias empiezan a responder a una misma preocupación: cómo hacer para que la sociedad vuelva a sentir que el cambio también es para ella.

Y eso es precisamente lo que puede transformar al "riesgo kuka" en "riesgo LLA".

Porque si el oficialismo pierde votos, no necesariamente será porque el kirchnerismo haya vuelto a convencer a la sociedad. Puede ocurrir algo mucho más incómodo para La Libertad Avanza: que sus propios votantes comiencen a buscar una alternativa que conserve algunas de las ideas del Gobierno, pero que las combine con mayor moderación, diálogo y sensibilidad frente a los problemas cotidianos.

Ahí Patricia Bullrich puede encontrar una oportunidad. Un discurso de derecha, pero menos confrontativo. Una defensa del equilibrio fiscal, pero con mayor preocupación por el bolsillo. Una continuidad del modelo, pero sin la necesidad permanente de confrontar con todos.

Ese espacio existe. Y si el Gobierno no lo ocupa, alguien más lo hará.

Las próximas elecciones internacionales también forman parte del tablero. Brasil tendrá su primera vuelta presidencial el 4 de octubre y Estados Unidos celebrará sus elecciones legislativas de medio término el 3 de noviembre. Son dos procesos que pueden tener impacto político y económico sobre la Argentina, particularmente por la relación que Milei construyó con Donald Trump y por la importancia estratégica de Brasil para nuestro país.

Pero el desafío principal del Gobierno no estará en Washington ni en Brasilia. Estará acá.

En el bolsillo de los argentinos.

Milei necesita mantener su pragmatismo económico, pero ahora deberá agregar algo que hasta hace poco parecía secundario dentro de su construcción política: empatía. Porque gobernar no es solamente tener razón sobre el pasado. Es conseguir que el futuro que se promete pueda ser vivido por quienes hoy están haciendo el esfuerzo.

Y si ese esfuerzo no empieza a traducirse en una mejora concreta, ese 60% de argentinos que, según la medición de Synopsis que venimos analizando, no quiere volver al pasado ni quedarse exactamente donde está puede terminar buscando una tercera opción.

No necesariamente un nuevo peronismo.

No necesariamente una nueva izquierda.

Quizás, simplemente, un nuevo outsider.

Y ese sería el peor escenario para Milei: que después de haber llegado a la Presidencia como el gran outsider de la política argentina, termine abriendo la puerta para que otro venga a ocupar ese mismo lugar.

Porque el próximo que prometa romper el sistema ya no tendrá que enfrentarse con la vieja política.

Tendrá que enfrentarse con Javier Milei.

La gente no come batalla cultural.

Agustin Laje - Agosto de 2026 en INFOBAE


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