Más divisas, más presión: cómo una guerra larga puede beneficiar y complicar a Argentina
Un informe del CEPA advierte que una guerra larga podría beneficiar las exportaciones energéticas argentinas, aunque al costo de mayor inflación, tensión fiscal y dificultades financieras.
La prolongación del conflicto en Oriente Medio y el consecuente aumento del precio internacional del petróleo abren un escenario ambiguo para la economía argentina. Mientras el encarecimiento del crudo fortalece el ingreso de divisas y mejora la balanza energética, también amenaza con trasladar presión sobre la inflación, los subsidios energéticos y el frente financiero. Así lo plantea un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que analiza los efectos globales y domésticos de una guerra de larga duración.
El trabajo cuestiona la hipótesis de una resolución rápida del conflicto, impulsada por analistas que priorizan el impacto electoral sobre el presidente estadounidense Donald Trump. Según el CEPA, una mirada geopolítica obliga a considerar intereses estructurales de Estados Unidos que trascienden la coyuntura política: Washington es actualmente exportador neto de energía y un precio elevado del petróleo podría reforzar tanto su poder económico como estratégico.
El informe recuerda incluso declaraciones del propio Trump, quien sostuvo en marzo de 2026 que Estados Unidos "gana mucho dinero" cuando sube el precio del petróleo por su condición de principal productor mundial.
El petróleo alto, una oportunidad para Argentina
En el plano local, Argentina aparece como uno de los pocos países potencialmente favorecidos por un petróleo caro. El CEPA sostiene que, con el barril Brent un 60% por encima del valor previo a la guerra, la balanza energética -que ya explica el 43% del superávit comercial- recibe un fuerte impulso.
El efecto ya comenzó a sentirse: el Banco Central acumuló USD 8.855 millones en reservas en lo que va del año y, si el petróleo se mantiene en estos niveles, el superávit energético podría incrementarse en cerca de USD 4.000 millones durante 2026.
El principal beneficiario empresarial sería YPF, que mostró un flujo libre de caja de USD 871 millones en el primer trimestre del año. Según el análisis, un conflicto prolongado podría acelerar inversiones energéticas o incluso abrir nuevas formas de financiamiento indirecto para el Tesoro, mediante dividendos o colocaciones financieras.
La mejora tampoco se limitaría al corto plazo. Proyecciones del vicepresidente del Banco Central, citadas en el informe, prevén un superávit energético de USD 19.000 millones en 2027 y de USD 22.000 millones en 2028 con un Brent de USD 70. Si el petróleo permaneciera por encima de ese nivel, el ingreso extra de divisas podría ampliarse en al menos USD 14.000 millones adicionales durante los próximos años.
Donald Trump sostiene que Estados Unidos "gana mucho dinero" cuando sube el precio del petróleo.
La otra cara: inflación y presión sobre las cuentas públicas
Sin embargo, el CEPA advierte que el beneficio cambiario tiene una contracara inmediata: combustibles más caros y tarifas energéticas bajo presión.
La suba internacional del petróleo encarece el costo de generación energética y obliga al Gobierno a elegir entre dos caminos: aumentar subsidios para evitar el impacto en las boletas o trasladar el costo a los usuarios, acelerando la inflación.
Según el informe, la administración de Javier Milei eligió sostener subsidios al gas durante el invierno, postergando parte del ajuste tarifario para el verano. El problema, advierte el CEPA, es que si el conflicto internacional se prolonga, el "shock" tarifario podría duplicarse, acumulando tanto el ajuste diferido como los nuevos aumentos internacionales.
La decisión oficial de posponer la implementación del Fondo de Aportes Laborales (FAL), aprobado en la reforma laboral, también es interpretada como un síntoma de fragilidad fiscal. Para el centro de estudios, el Gobierno desistió de avanzar porque la menor recaudación hubiera comprometido la meta de superávit fiscal.
En paralelo, el presidente anunció una baja de retenciones para trigo y cebada y prometió una reducción gradual de los derechos de exportación a la soja a partir de 2027, aunque condicionada a la situación fiscal.
Más tasas y menos financiamiento
El informe también enciende luces amarillas sobre el frente financiero. Una inflación internacional más alta y mayores tasas de interés globales tienden a encarecer el financiamiento para economías emergentes como la argentina.
El CEPA señala que incluso sin un aumento del riesgo país, una suba de las tasas de referencia en Estados Unidos encarece automáticamente el costo de la deuda argentina. Además, podría producirse el fenómeno conocido como flight to quality: inversores abandonando activos riesgosos para refugiarse en bonos del Tesoro estadounidense.
El petróleo podría darle aire al modelo económico, de Javier Milei, aunque sin resolver sus fragilidades de fondo.
Hasta ahora, provincias y empresas argentinas lograron captar financiamiento externo por más de USD 13.500 millones, incluso por encima del superávit comercial acumulado desde las elecciones. Pero una desaceleración de ese flujo complicaría la acumulación de reservas del Banco Central.
A esto se suma un factor político externo: un eventual desgaste de Trump producto de una guerra prolongada podría debilitar su capacidad de sostener apoyos internacionales relevantes para Argentina, en especial ante organismos multilaterales o eventuales acuerdos financieros.
El Banco Central y la "línea de fondo" para 2027
El informe dedica un extenso capítulo al manejo de las cuentas del Banco Central y advierte sobre lo que considera una estrategia oficial para fortalecer un "colchón financiero" de cara al año electoral de 2027.
El organismo monetario transfirió al Ministerio de Economía $24,4 billones provenientes de utilidades contables. De ese total, el ministro Luis Caputo destinó $18,4 billones a cancelar Letras Intransferibles y otros $6 billones a reforzar depósitos del Tesoro en el Banco Central.
El CEPA sostiene que esta ingeniería financiera ya fue utilizada durante 2025 para sostener el esquema monetario y cambiario previo a las elecciones, mediante pagos de deuda en efectivo, absorción de tensiones financieras y compras de dólares.
Hacia adelante, el centro de estudios interpreta que el Gobierno estaría construyendo una "línea de fondo" para afrontar un escenario complejo en 2027, marcado por fuertes vencimientos de deuda en pesos. El desafío no sería menor: los compromisos alcanzarían unos $240 billones, equivalentes a varias veces la actual base monetaria.
Un equilibrio frágil
La conclusión del informe es ambivalente. Argentina podría verse beneficiada por un ciclo internacional de petróleo caro, gracias a la expansión energética y el ingreso de dólares. Pero ese alivio externo conviviría con tensiones fiscales, inflacionarias y financieras que podrían volver más inestable el programa económico.
En otras palabras, el petróleo podría darle aire al modelo económico, aunque sin resolver sus fragilidades de fondo. El verdadero interrogante, advierte el CEPA, es si el Gobierno podrá transformar ese "viento de cola" energético en estabilidad duradera o si apenas servirá para postergar tensiones que reaparecerán con más fuerza en el horizonte electoral de 2027.








