Ariel Robert

A medio siglo del último golpe de Estado y el imperativo de fomentar la memoria

.Pasaron 50 años desde el último golpe de Estado devenido genocidio. La obligación de ser reiterativos hasta que vuelva a instalarse en la memoria colectiva la importancia del Estado de Derecho y la Democracia

El 76% de la población actual de la Argentina no había nacido en 1976, y pronunciarnos sobre el Golpe del ‘76 es redundante, necesariamente redundante.

Iguales a nadie

Así como cada ser humano es único, para sobrevivir resulta indispensable que exista otro ser humano. Somos una especie más dentro de las muchas en el Planeta, y como ninguna otra somos dependientes, vulnerables, frágiles, sensibles, irrepetibles, conscientes y malvados. Los hay inocentes y culpables. Las conductas son oscilantes y la moral es un convenio social.

Repetir de memoria

Para fijar conceptos y aprender a desenvolvernos, para poder hablar, escribir, leer, la repetición no es una elección sino un requisito inevitable. La memoria está en el ADN. Somos, como el resto de los seres, la preservación de la memoria. La organización de nuestra anatomía depende de esa memoria. Durante la vida mudamos de piel; cambiamos con regularidad la sangre; las células se renuevan. Los órganos con los que nacimos no son los mismos que los que portamos con el transcurso de los años. Todos esos cambios, modificaciones, renovaciones surgen naturalmente y no dependen de nuestra voluntad sino de la dinámica molecular y de la memoria genética.

Palabra por palabra

La diferencia del homo sapiens con los demás reside, primero, en la capacidad del habla. Establecer códigos y poder descodificarlos nos convierte en los racionales capaces de crear sistemas de comunicación inteligentes. En ese orden, la palabra es la materia prima. Las palabras designan objetos, describen acciones, juzgan, nombran. O sea, además de tejidos, carne, huesos, glándulas, hormonas, neuronas, somos palabra. Otorgarle un sentido al verbo y que eso se establezca como un acuerdo entre individuos es lo que nos permite vincularnos, en definitiva, conformar una sociedad. Adulterar el significado de las palabras trae como consecuencia falta de entendimiento cuando no, confusión, engaño, trampa.

Golpear a la Nación

El golpe del 24 de marzo de 1976 no fue un gesto espontáneo ni repentino. Eso no le quita gravedad ni dramatismo. Las máximas autoridades de las fuerzas armadas, auspiciados por sectores y personajes de la sociedad civil y de la Iglesia, decidieron romper el orden constitucional, asaltaron el poder institucional y en actitud mesiánica y criminal, ignoraron la Ley, se apoderaron de la República y destruyeron la legitimidad de los tres poderes.

El terror como mecanismo y mensaje

Desde el Estado cometieron crímenes imperdonables. So pretexto de reprimir a grupos subversivos, arrasaron con personas privándolos de sus mínimos derechos. Les arrebataron la vida, sus hijos y para que no queden dudas sobre las actitudes miserables, también se apropiaron de los bienes. La planificación del genocidio queda plasmada por los métodos utilizados. Además de torturar, apropiarse de bebés, ejecutar sin juicio previo, arrojaron gente viva al Río de la Plata y al mar; ocultaron los cadáveres, les quitaron hasta su identidad.

Medio siglo y la Historia desnuda

Los crímenes comienzan gatillando palabras, pero no son las palabras las culpables. La delación falsa. El señalamiento falaz. La imputación mentirosa. La manifestación hipócrita, el propósito mezquino, el odio, la incomprensión, el resentimiento y el desprecio por el otro traducen palabras en despojo, dolor y asesinatos cobardes. Eso es lo que se conmemora el 24 de marzo y de ninguna manera es imprescindible ser víctima directa para comprender el daño que ese, el último golpe, le asestó al país. Tampoco es necesario ser contemporáneo para interpretar la historia.

Derecho de admisión

Declarar cosas insólitas durante una sesión de tortura porque la verdad no satisface al verdugo es natural e inevitable, pero que algunos que ocupan lugares de exposición pública inventen argumentos queriendo asimilar mártires con victimarios, es inadmisible. La libertad de opinión no exime de responsabilidad y la ignorancia no indulta a quienes ejercen el periodismo habiendo estudiado historia con Johnatan Viale y ética con José Luis Espert. Insistir en el rescate de la memoria es un imperativo, hacerlo con honestidad es obligatorio.

La defensa de la verdad es una ideología

Por coincidencia o decisión, en estos últimos días, hemos sido testigos de visitas y noticias relevantes. Una triste, como la muerte de Jünger Habermas, filósofo de la escuela de Frankfurt autor de Acción Comunicativa teoría que guarda una estrecha relación con el compromiso por una democracia participativa y un periodismo serio y responsable. Serrat se convirtió en doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo aunque su discurso sea directo, incondicional y confrontativo con el ideario de los fervorosos levantadores de muros y ante el incomprensible aplauso de la vicegobernadora mendocina que exhibe desafiante su postura negacionista.

Casi en simultáneo y él sí con el propósito de adherir a la conmemoración de los 50 años del fatídico golpe, regresó al país el periodista Robert Cox, valiente director del Buenos Aires Herald, diario que publicó desde el inicio de la dictadura las fechorías de los crápulas que tomaron el poder. Y no menos valorable la actitud de José Ignacio López, prestigioso periodista, de fuerte compromiso con la iglesia católica y no menos valiente, quien enfrentó a Videla preguntándole por los desaparecidos ante el estupor de colegas y el cinismo del presidente de facto. Una cabal demostración de que, cuando se antepone el coraje en defensa de la verdad, la diestra y la siniestra no ofrecen diferencias

Esta nota habla de:
Últimas noticias de Memoria, Verdad y Justicia

Nuestras recomendaciones