Del Borocotazo al Garrochazo Permanente: el poder se reacomoda, la sociedad espera

En la Argentina del "todo sigue", los pases políticos ya no sorprenden y las estructuras de poder se blindan con la misma disciplina que las viejas familias que nunca sueltan a los suyos. Del Borocotazo a los saltos en serie del PRO hacia La Libertad Avanza, del barro en la gestión bonaerense al círculo de protección que rodea a Chiqui Tapia, el país vuelve a mostrar que la casta nunca se fue: simplemente cambió de camiseta. Mientras tanto, la sociedad -el verdadero Kraken- aguarda bajo la superficie.

Quién diría que el famoso "Borocotazo" -aquel de 2005, cuando el diputado electo Eduardo Lorenzo Borocotó dio un salto antes de asumir por el PRO para pasarse a las filas del kirchnerismo oficialista- se convertiría en una postal casi cotidiana de la política argentina. En esos tiempos, toda la política, el periodismo y, obviamente, la opinión pública se encontraban indignados, y con justa razón: era inadmisible, impropio de la política de aquellos años, lo que había sucedido.

Por Martín Tula | martin.tula@portada.com.ar

Hoy todo cambió. Hoy quienes leemos la política, y quienes de una u otra manera están involucrados en ella, después de cada elección miran quién queda en el espacio perdedor para empezar las apuestas: quiénes y en qué momento van a pasarse a las filas del ganador. Desde la elección de 2023 hasta esta última vimos cómo el salto con garrocha desde el PRO hacia La Libertad Avanza dejó de ser un hecho aislado: pasó a ser algo sistemático, casi automático, con cada votación.

Esta semana se dieron algunos pases más, como los de Alejandro Bongiovanni y Verónica Razzini. Esto trae como consecuencia que el PRO siga reduciéndose a cenizas políticas y que Mauricio Macri se atrinchere con lo poco que le queda, mientras que el oficialismo acumula más poder que hace apenas un año.

Así como existe el mito de que las cucarachas son las primeras en moverse cuando algo va a pasar -no porque vean el futuro, sino porque sienten antes que nadie el cambio de aire-, los dirigentes del PRO que vienen saltando al oficialismo reaccionaron igual: no hubo estrategia ni convicción, sólo instinto de supervivencia, la necesidad de seguir siendo parte de la gestión y del Estado. Percibieron el temblor interno del PRO, el desgaste de sus liderazgos y el achique del bloque, y corrieron hacia un nuevo refugio político antes de que el derrumbe los alcanzara.

La casta nunca se fue: solo se reacomodó en un nuevo gobierno. Por eso ahora no se la nombra más y sólo se habla de los "kukas", el nuevo eslogan de combate del gobierno de Javier Milei. Este rearmado hoy le da volumen político, pero también puede transformarse en un cuchillo de doble filo para el próximo año: si las cosas empiezan a complicarse mínimamente, no tengo dudas de que el "bote al agua" o el "salto con garrocha" volverán a activarse tanto en Nación como en la provincia de Buenos Aires.

Provincia que hoy vive hoy una película aparte: entre las peleas continuas de La Cámpora con Kicillof y el desgaste que le generan al gobernador, un desgaste que, si no se detiene, podría complicar seriamente sus pretensiones electorales hacia 2027.

Hoy todo es barro. Lo vemos en la política partidaria y de gestión, con las denuncias como las causas ANDIS y Libra; lo vemos en la AFA, con definiciones dudosas en el ascenso, con el cierre polémico del campeonato de Primera División, con el "campeonato de escritorio" otorgado a Rosario Central, y con las denuncias de lavado de activos contra la financiera Sur Finanzas, empresa que es sponsor de Platense, Banfield, Barracas Central y distintas ligas bajo la órbita de la AFA.

Julio Grondona tenía un anillo cuya frase era "Todo pasa". Creo que esa frase hoy no aplica: yo diría que todo sigue y se acrecienta. Las sospechas de corrupción y de arreglos deportivos cada día son más fuertes. Hoy Chiqui Tapia tiene soporte gremial con Camioneros -donde su suegro Hugo Moyano lo respalda-; tiene apoyo político con Axel Kicillof, que lo puso a cargo del CEAMSE bonaerense y además impulsó el cambio de jurisdicción de la Asociación del Fútbol Argentino desde la Ciudad de Buenos Aires (Viamonte) hacia el predio Lionel Messi en Ezeiza. ¿Qué implica ese cambio? Que la AFA ya no está bajo la jurisdicción de Comodoro Py y pasa a depender de la justicia ordinaria bonaerense. Precavido el Chiqui.

Este círculo de prevención se termina de cerrar con el reciente respaldo vía comunicado desde la Conmebol, donde -casualidad o causalidad- trabaja hoy como asesora legal Carolina Cristinziano, esposa de Gonzalo Belloso, actual presidente de Rosario Central. Cristinziano también fue parte de la Comisión Normalizadora de la AFA en 2016. Una vez terminado ese proceso, llegó la presidencia de Tapia.

Al final, lo que rodea al Chiqui no es una estructura criminal, pero sí una estructura de poder que se comporta como una Cosa Nostra moderna: un sistema de lealtades, favores y blindajes que lo sostiene en cada crisis, desde la AFA hasta la política bonaerense. Y la ironía es que ese entramado termina cerrando perfecto con el origen italiano del apellido Cristinziano, su círculo más cercano: un guiño involuntario de la historia que enlaza nombres y lógicas de poder que se mueven con la misma disciplina y eficacia que aquellas viejas familias que jamás dejaban caer a uno de los suyos.

Mientras la corrupción, las sospechas, los pases políticos y la incertidumbre de hacia dónde vamos como país siguen acumulándose, la sociedad argentina es un Kraken: puede pasar años en silencio, pero cuando decide emerger no hay poder, dirigente ni estructura que la contenga. Los argentinos siguen dormidos en un letargo que nos deja una pregunta abierta querido lector:

¿Hasta cuándo?

Conocer para deliberar: solo la luz del día espanta las redes de poder que prefieren la sombra.

Luigi Einaudi, Presidente de Italia (1948-1955)

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