Contaminación en Corralitos: los reclamos vecinales crecen y surge una pregunta incómoda para los ambientalistas
Hace más de un año que vecinos de Corralitos, Rodeo de la Cruz y zonas aledañas vienen denunciando derrames de líquidos cloacales atribuidos a la empresa AYSAM. En los últimos meses, las protestas se intensificaron con presentaciones ante organismos públicos, reclamos judiciales y acciones vecinales que terminaron escalando hasta la imputación de autoridades de la empresa.
Derrames, imputaciones y una pregunta incómoda: ¿por qué algunas luchas ambientales generan más movilización que otras?
Sobre la situación del titular de Aysam, Humberto Daniel Mingorance procesado por la justicia.
Sin embargo, mientras crece la preocupación por la contaminación del agua, el riego de cultivos y los riesgos sanitarios para miles de familias, surge una pregunta que recorre las calles de Guaymallén: ¿por qué esta situación no genera el mismo nivel de movilización que otros conflictos ambientales de la provincia?
La contaminación que los vecinos dicen sufrir todos los días
Los vecinos sostienen que ya no están hablando de una amenaza futura ni de un daño potencial. Afirman que la contaminación está ocurriendo ahora mismo.
Las denuncias hablan de líquidos cloacales escurriendo por canales, acequias , sectores de cultivo e inclusive en la propia red de agua. También describen olores insoportables, acumulación de residuos y riesgos sanitarios permanentes para quienes viven en la zona.
Algunos testimonios resultan particularmente alarmantes. Una vecina de Rodeo de la Cruz habría denunciado que el agua que llegaba a su vivienda presentaba rastros compatibles con materia fecal y orina, situación que incluso habría alcanzado tanques y cisternas.
De confirmarse plenamente estas denuncias, no se trataría solamente de un problema ambiental sino también de una cuestión muy grave de salud pública.
Porque mientras se discute sobre el futuro del agua en Mendoza, hay familias que dicen convivir diariamente con aguas servidas.
Cultivos regados con aguas contaminadas
Otra de las preocupaciones planteadas por los vecinos está relacionada con la producción agrícola.
Según denuncian, parte de los líquidos cloacales terminarían mezclándose con cursos de agua utilizados para riego.
La situación genera inquietud respecto de la calidad de frutas, verduras y otros productos agrícolas que luego llegan a las mesas de miles de mendocinos.
La discusión, entonces, deja de ser exclusivamente ambiental para transformarse también en una cuestión alimentaria y sanitaria.
La ausencia de los grandes movimientos ambientalistas
Es aquí donde aparece una de las preguntas más incómodas.
Durante los últimos años Mendoza fue escenario de importantes movilizaciones contra distintos proyectos considerados riesgosos para el ambiente. Hubo marchas multitudinarias, cortes de rutas, campañas en redes sociales y una fuerte presencia de organizaciones ambientalistas.
Sin embargo, frente a las denuncias de Corralitos, muchos vecinos sienten que esa misma energía no aparece.
No cuestionan la importancia de defender el agua. Por el contrario. Lo que se preguntan es por qué una posible contaminación futura genera una reacción inmediata mientras una contaminación denunciada como actual parece despertar menos interés.
La pregunta no apunta a desacreditar las luchas ambientales sino a interpelarlas.
Si el agua vale tanto como sostienen quienes la defienden, ¿no debería existir el mismo compromiso cuando la contaminación afecta a familias concretas, barrios concretos y cultivos concretos?
El riesgo de la selectividad
Algunos vecinos van más allá y sostienen que parte del activismo ambiental ha terminado integrándose a estructuras estatales vinculadas precisamente a áreas ambientales de distintos municipios u organismos públicos.
No afirman que exista una relación directa entre esos procesos y el silencio actual. Pero sí consideran legítimo preguntarse si determinadas causas reciben más atención que otras.
La sospecha, expresada por algunos sectores vecinales, es que ciertas luchas logran una visibilidad enorme mientras otras quedan relegadas a pesar de involucrar situaciones que impactan directamente sobre la salud de la población.
La "Fiesta Nacional de la Cloaca"
Frente a la falta de respuestas que consideran suficientes, algunos vecinos decidieron recurrir a la sátira en la casa de gobierno de Mendoza .
En videos difundidos en redes sociales aparecen representaciones tragicómicas que bautizan a la situación como la "Fiesta Provincial de la caca" con su reina, que representa a los vecinos, utilizando personajes y apodos cargados de ironía e impotencia por la desidia política.
Detrás de las protestas, sin embargo, aparece una realidad mucho menos divertida.
Muchos vecinos aseguran que deben comprar agua embotellada para evitar riesgos. Otros directamente no tienen recursos económicos para hacerlo.
La sátira surge entonces como una forma de protesta nacida de la frustración.
Porque cuando las denuncias se acumulan y las soluciones no llegan, el humor suele convertirse en una de las últimas herramientas de visibilización.
Del incendio millonario al cannabis
Mientras los vecinos de Corralitos denuncian la presencia de aguas servidas , otro tema parece haber quedado sepultado bajo las cenizas de la agenda pública: el incendio ocurrido en dependencias de la Municipalidad de Guaymallén.
La causa sigue rodeada de interrogantes y suspicacias. En aquel episodio se habría destruido equipamiento tecnológico valuado en millones de dólares y, pese a la gravedad del hecho, no se observan avances que despejen definitivamente las dudas sobre lo ocurrido.
Algunas versiones sostienen que el fuego pudo haber sido intencional y que su objetivo habría sido eliminar posible documentación vinculada a gastos en el lujoso Hotel Hilton , la segunda oficina del Intendente y contrataciones que hoy siguen generando cuestionamientos políticos.
En paralelo, el intendente Marcos Calvente continúa al frente de la gestión y, hace pocas semanas, apareció junto al ministro Natalio Mema anunciando proyectos vinculados al cultivo de cannabis en Los Corralitos.
La imagen genera una inevitable contradicción. Mientras los vecinos siguen reclamando soluciones a problemas elementales como los desbordes cloacales y la contaminación del agua, la agenda oficial ya parece concentrarse en nuevos desarrollos productivos. Antes de discutir qué se va a cultivar en Corralitos, muchos habitantes consideran que sería razonable garantizar primero la calidad del agua y la recuperación ambiental de la zona. Porque, de lo contrario, cualquier anuncio corre el riesgo de quedar envuelto en el mismo clima de dudas y cuestionamientos que hoy atraviesa a buena parte de la gestión municipal.
Las preguntas que siguen abiertas
Mientras avanzan las investigaciones y continúan los reclamos, quedan varios interrogantes pendientes.
¿Cuál es el alcance real de la contaminación denunciada? ¿Qué impacto sanitario podría estar generando? ¿Qué controles se realizaron y cuáles faltan realizar? ¿Por qué la problemática no alcanzó la misma repercusión pública que otros conflictos ambientales?
Y, finalmente, una pregunta que atraviesa toda la discusión:
Si el agua es un recurso estratégico para Mendoza, ¿por qué algunas amenazas parecen movilizar a toda la provincia mientras otras quedan prácticamente confinadas a los barrios afectados?
Los vecinos de Corralitos creen tener una respuesta. Las autoridades deberán demostrar si la tienen también. Más allá de las posiciones a favor o en contra de cada proyecto, los hechos dejan una pregunta difícil de evitar.
Sin embargo, cuando son vecinos los que denuncian contaminación concreta y posibles riesgos para la calidad del agua que consumen diariamente, no parece observarse la misma intensidad.
Tal vez la discusión nunca debió plantearse entre producir o no producir. Quizás el verdadero desafío era exigir controles más rigurosos, mayores regalías, mejores condiciones ambientales y beneficios concretos para los mendocinos. Es decir, que las empresas que explotan recursos o desarrollan actividades económicas generen empleo de calidad, paguen lo que corresponde y operen bajo estrictas normas de control estatal.
La pregunta que queda flotando es si Mendoza perdió oportunidades de diversificar su matriz productiva y generar puestos de trabajo mejor remunerados, mientras problemas ambientales concretos y cotidianos continúan afectando a vecinos que muchas veces sienten que nadie los escucha. Porque cuando el agua contaminada sale por una acequia o aparece cerca de un surtidor domiciliario, la discusión deja de ser ideológica y se transforma en una realidad que golpea directamente la vida de las personas.






