Por Claudio Ochoa

Desde las elecciones del 6 de junio, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sigue sin formalizar la proclamación del nuevo Presidente del Perú. En segunda vuelta, Pedro Castillo (Perú Libre) le ganó a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) por solo 44.051 votos. Con una demora inusitada, la JNE postergó la proclamación para el 15 de julio y, luego, volvió a aplazarla para el 20 de julio. Mientras tanto, la tensión sigue elevada en el país.

 

Perú sumergido en una profunda crisis sanitaria, económica, social y, fundamentalmente, política, es el escenario con el que tendrá que lidiar el próximo gobierno. Desde hace 5 años, la nación viene atravesando una grave crisis con tres presidentes que debieron renunciar por escándalos de corrupción. Actualmente preside Francisco Sagasti con mandato hasta este 28 de julio, fecha en que debería asumir el nuevo mandatario.

A esta crisis se le agregó la pandemia que dejó un extraordinario número de muertes. Hospitales desbordados, gente muriendo sin poder ser atendida, negocios lucrando con la desesperación de su población, es el resultado de un sistema de salud muy precarizado luego de treinta años de políticas neoliberales. En lo económico, la pandemia provocó una contracción en el Producto Bruto Interno (PBI) de 11.1% en el 2020, 2.000.000 de nuevos desempleados y la pobreza subió al 31.1%, porcentaje al que se debe sumar otro 35 % considerado oficialmente no pobre; pero que viven en situación de vulnerabilidad. El déficit fiscal que era del 1,6 % en el año 2019 pasó al 8,9% en el 2020; y la deuda externa pasó del 27 al 36% del PIB.

La democracia latinoamericana otra vez en riesgo… 

La irrupción de Pedro Castillo en el escenario nacional, alineó al “establishment peruano” detrás de Keiko Fujimori: políticos e intelectuales, como el Nobel de Literatura, el activista de derecha Mario Vargas Llosa, y casi la totalidad de los medios masivos y el empresariado. Con este espaldarazo, Fujimori se animó a más y anunció que no va reconocer la victoria de su rival, por lo que continúan presionando para que la JNE directamente anule la votación y se realicen nuevos comicios. “Si ganamos nosotros triunfó la democracia y si ganan ellos, entonces, triunfó el fraude” es el apotegma que la extrema derecha está utilizando en toda América, incluido EEUU. Por su parte, los observadores electorales de la OEA ya dijeron que los comicios peruanos fueron limpios, como así también se expidió Estados Unidos, que declaró que fueron «elecciones libres, justas, accesibles y pacíficas» y que constituyeron un «modelo de democracia en la región». También los presidentes de Argentina y Bolivia salieron a expresarse pidiendo que se respete la voluntad popular.

La tobillera de Keiko y el Cisne Negro

Esta sería la tercera elección presidencial que perdería Keiko Fujimori, hija del ex mandatario Alberto Fujimori, quien se encuentra preso por corrupción y delitos de lesa humanidad. Ella también está acusada de lavado de activos, organización criminal, falsedad y obstrucción a la justicia por aportes millonarios no declarados. Estuvo 15 meses en prisión preventiva y actualmente se encuentra bajo un régimen de libertad restringida. La fiscalía le tiene pedido una condena de 30 años.

Antes de la primera vuelta; Castillo no era tenido en cuenta, tenía pocas opciones de triunfo, figuraba séptimo en los sondeos; pero luego arrasó con todas las previsiones. La “teoría del cisne negro” es una metáfora que, en el ámbito económico y político, describe aquellos sucesos que ocurren por sorpresa, que nadie había previsto y que, para bien o para mal, terminan teniendo un gran impacto.

 

Los votantes en números

 

Voto Joven: El mayor segmento del electorado lo conforman personas que tienen entre 20 y 34 años y representa el 39.43 % del total; lo sigue el segmento con personas que tienen entre 35 y 49 años de edad.

 

Votantes en el Exterior: El principal país con votantes peruanos es Estados Unidos, luego viene España y en tercer lugar se encuentra la Argentina con 102 mil electores. En la Argentina ganó Keiko Fujimori con el 57,3% (24.454 votos), mientras que el 42,7 % (18.217 votos) fueron para Castillo.

 

Fuentes: RENIEC y ONPE

 

Si bien el impulso electoral de Castillo proviene del Sur peruano, su triunfo también obedece a un “sentimiento antipartidista” latente en un gran porcentaje de la sociedad. Podríamos decir que el voto de Castillo no se enfoca tanto contra el neoliberalismo sino en un rechazo generalizado por la actual “clase política” y en una búsqueda de lo “distinto”. Algo entendible considerando el hastío social por la seguidilla de escándalos. Los que votaron a Pedro Castillo están cansados de las formas del establishment, e incluso se nota cierto desinterés por los dirigentes más conocidos de línea “nacional y popular” y que no han mostrado renovación ni propuestas innovadoras.

Castillo es hijo de campesinos y la pobreza está presente desde sus orígenes. Fue maestro rural por más de veinte años en aldeas que, aunque estén ubicadas en las tierras más ricas en oro, tienen índices de pobreza mayores al 60%. La figura de Castillo alcanzó proyección nacional en el año 2017 cuando encabezó una huelga de más de 230.000 maestros en busca de mejores salarios. Sufrió la represión por parte de la policía en Lima. Finalmente el Gobierno cedió y lograron algunas mejoras. Desde la huelga, recibió invitaciones de distintos partidos para ser candidato a legislador nacional; pero los profesores del sindicato le sugirieron que considerara la Presidencia del país. A fines de 2020 confirmó su postulación como candidato presidencial por el partido Perú Libre, un grupo de progresistas de izquierda.

El programa de gobierno de Pedro Castillo

Si queremos localizar la línea política de Castillo, descubrimos en sus declaraciones una gran admiración por la sencillez del expresidente uruguayo José Mujica y por los gobiernos de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador que le otorgaron un rol empresarial y regulador al Estado. Castillo ha dicho que si gana convocará a una asamblea constituyente que redacte una nueva Constitución para sustituir la de 1993, surgida tras el «autogolpe» del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000). Advirtió que el Congreso «está defendiendo una Constitución que ha terminado con todos los derechos y con el saqueo del país» y sería cerrado si no acepta una Asamblea Constituyente.

Otra promesa, que ha desatado críticas muy fuertes de sectores políticos, empresariales e intelectuales, es la de nacionalizar la extracción de minerales y gas en un país que es exportador global de cobre, plata y oro a través de multinacionales. Afirma que la riqueza obtenida será usada en la educación y para enfrentar la pobreza. Quiere elevar el presupuesto educativo de los 3,5% actuales al 10 %, para garantizar una mejor infraestructura, equipamiento, aumento de sueldo a los docentes y la creación del programa Perú Libre de Analfabetismo, que alistará a 50.000 maestros jóvenes. También ha prometido revisar los 21 Tratados de Libre Comercio que, dice, “han liquidado la empresa nacional”.

Un punto de debate entre los sectores progresistas es que, en repetidas ocasiones, Castillo se ha manifestado en contra del enfoque de igualdad de género en la educación, como así también del matrimonio igualitario. En el tema del aborto aseguró que, aunque él no está de acuerdo lo trasladaría a la Asamblea Constituyente para que lo decida. Al respecto, Lourdes Contreras, dirigente de la Marcha Mundial de las Mujeres Macronorte Perú ha manifestado que existen posibilidades ciertas de avances ya que Castillo tiene apertura de diálogo con las organizaciones y con el movimiento de mujeres y las circunstancias configuran una gran posibilidad de incidencia que – por todo lo que representa – se perdería en caso de que ganara Keiko Fujimori. 

Si el 20 de julio se convierte en presidente, las posibilidades de cumplir sus promesas dependen de su fortalecimiento político entrelazado con las organizaciones sociales y de su capacidad de negociación, ya que enfrentará a un país totalmente polarizado y a un Congreso dividido con 10 partidos y donde su grupo –Perú Libre– sólo tendría 37 de los 130 curules.