Fuente: primeraedicion.com.ar

Paula Pisak quedó discapacitada luego de una cesárea mal practicada. Más de una década después habló de cómo sigue la causa y la importancia de no rendirse. Su caso se conoció nacionalmente y se convirtió en referente contra la violencia obstétrica.

Paula Pisak, la mujer que quedó hipoacúsica y parapésica luego de sufrir mala praxis durante una cesárea, el lunes pasado se recibió de abogada vía Meet y se convirtió en la primera abogada hipoacúsica recibida virtualmente durante la pandemia en Misiones.

“Fue una situación bastante particular porque era la primera vez que lo usaba y como soy hipoacúsica con pérdida total de la audición, no estaba segura de cómo lo iba a lograr. Por suerte la plataforma tiene un chat, así que pude comunicarme sin inconvenientes y de manera fluida”, contó la nueva abogada de la provincia, Paula Pisak.

“Estudiar abogacía fue mi deseo desde joven, pero la situación económica de mi familia lo impidió. Por eso, estudié Profesorado en Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM”, dijo. Sin embargo, el sueño de ser abogada perduró y finalmente, luego de tantos años y piedras en el camino, Paula demostró que las limitaciones sólo están en la mente.

Paula comenzó a estudiar abogacía en el anexo de la UNNE ubicado en Posadas:

“El problema es que debía cursar obligatoriamente porque al ser hipoacúsica, el cursado a distancia no me resultaba fácil. Eso incluía viajar 3 veces por semana, realmente fue desgastante y muchas veces depresivo, porque además soy discapacitada motriz y camino con la ayuda de un bastón así que todo me costaba el doble”, contó.

“Me despertaba a las 4 de la mañana y tomaba un colectivo para ir a la facultad”, narró.

Pese a la fatiga del día a día, Paula siguió esforzándose pero luego del segundo embarazo, la situación se hizo más compleja:

“Cuando quedé embarazada de mi segunda hija todo se hizo mucho más difícil. Además, cuando nació, no me otorgaron licencia así que tenía que ir a cursar a la semana de haber parido, todavía con los puntos de la operación”, destacó.

Toda esta situación, “me ocasionó un desequilibrio emocional muy grande así que abandoné la carrera y decidí postergar mi sueño”, se lamentó.

Sin embargo, años después, a Paula le llegó la buena noticia que se abriría una sede de la UCASAL en Capioví: “quedaba cerquita de casa y podía hacerla a distancia. Sólo tenía que ir a la facultad para rendir”, dijo.

A partir de ese momento, “me puse manos a la obra, pedí el pase y reconocimiento de materias e inicié un nuevo camino”.

Hoy, ya recibida de abogada “sólo ansío acompañar a las tantas mujeres víctimas de violencia de todo tipo. Ya lo venía haciendo, pero ahora me propongo ayudar desde otro lugar”, destacó.

En noviembre se cumplirán 16 años desde que la vida de Paula cambió por completo:

“A mis 24 años me convertí en madre primeriza y en discapacitada”, el 17 de noviembre del 2004, Paula quedó hipoacúsica y parapésica luego de un caso de mala praxis por su cesárea.

“No sólo había perdido mi salud sino también mi trabajo, cada día me enfrenté a injusticias y discriminación de todo tipo”, aseguró.

Pese a tantos años de padecimientos, Paula nunca se rindió. Al contrario, utilizó cada piedra en el camino para reconstruir su vida. “Volví a apostar a mi vida y a disfrutar de la maternidad”.

“Cada actividad nueva que realizaba me hacía sentir tan plena y fuerte que me olvidé de mis limitaciones”, señaló.

Además, a raíz de lo sucedido, se comprometió cada vez más con las causas sociales.

“Comencé a militar más activamente como ciudadana comprometida y dejé de lado las palabras para ir a la acción. Además, me convertí en militante por los DDHH, referente del OVO en Misiones”, contó.

Finalmente, Paula dejó un mensaje alentador:

“Mientras haya en cada persona un soplo de vida, un sueño que los motive o una injusticia que les genere malestar, luchen. Vivan sin medir porque los límites desaparecen cuando traspasan nuestra mente. Muchos médicos creyeron no volvería a caminar y acá estoy: cuando no pude me arrastré en el piso y cuando me caí me levanté, pero nunca me rendí porque al final del camino al menos sé que lo intenté y voy a tener mil historias por contar”, concluyó.

En Misiones, “la violencia obstétrica se encuentra tan naturalizada que muchas de estas prácticas terminan en muertes”, sostuvo Paula.

En este sentido, remarcó que “la violencia obstétrica sigue ocurriendo. Cada semana me llega un caso solicitando ayuda para denunciar y más ahora en pandemia. En las ciudades pequeñas lo noto más porque los hospitales no cuentan con el suficiente personal idóneo. Misiones necesita rever su sistema de salud: no sólo falla la infraestructura sino también la calidad humana”, opinó.

Al respecto, mencionó que “en Jardín América por ejemplo, tenemos en construcción un enorme Hospital pero esas instalaciones la conformarán los hombres y mujeres que posteriormente se desenvuelvan allí. Por eso es importante invertir en especialistas con vocación”, sostuvo.

Cabe destacar que Paula sigue con una causa judicial inconclusa correspondiente a su demanda civil por daños, expediente 3.683/2006. “Gané la primera instancia, la segunda se apeló y hoy está en la Suprema Corte a espera de uno nuevo.

Paula no puede escuchar a sus hijas, pero las puede ver y tocar:

“No escucharlas se tornó secundario y aunque me gustaría conocer sus voces o saber cuando lloran, agradezco a Dios la oportunidad de vivir”.