«Las campanas del rosario, por que no repicarán, sabiendo que yo muero por oírlas repicar», así comienza la tonada en honor a la Capilla del Rosario de Guaymallén, un lugar con una rica historia, que se cae a pedazos.

 

La Capilla del Rosario de Guaymallén se encuentra en el distrito homónimo,  entre las calles Martínez de Rosas y Amigorena, sin bien no es tan preciso el dato de su construcción, se sabe que fue construida entre 1830 y 1835 aproximadamente,  y su historia dice que era parte de una de las propiedades de las familias Araujo, también llamadas Acequias de Gómez.

La antigua Capilla fue casa de ejercicios espirituales, alojamiento de tropas confederadas rosistas y además muy importante como albergue de muchas familias dignificadas por el terremoto del año 1861. También fue sede del obispado de Mendoza y hogar de las monjas de la Compañía de María.

Más cerca en el tiempo fue residencia de Doña Juanita Mendoza, vecina del lugar que cuidó como pudo este patrimonio arquitectónico.

La construcción de la iglesia es fiel reflejo de una arquitectura colonial del Alto Perú del siglo XIX, donde el adobe, el barro y un sistema de arena con troncos rollizos en su base es lo que ayudó que esta joya resistiera terremotos y aluviones.

CAPILLA DEL ROSARIO, Guaymallén. | Huellas Cuyanas

Un patrimonio olvidado:

El hombre necesita manifestar y expresar lo que es su historia y mostrar su patrimonio cultural.

La histórica capilla fue además entre otras cosas set de cine, en una época de oro de la industria cinematográfica en Argentina, donde la logística era real y tangible. Así es que durante el año 1955 se estrena «Marianella», una película argentina en blanco y negro dirigida por Julio Porter y que tuvo como protagonistas a Olga Zubarry, actriz de fetiche de varios directores durante décadas.

Uno de los set elegidos por el director de la película fue la capilla, la filmación incluye escenas de vecinos que hicieron las veces de extras en una procesión por las calles de Guaymallén y también dentro de la iglesia.

 

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El edificio histórico en la década del noventa fue cedida por la familia Mendoza-Grajales a la municipalidad de Guaymallén, quien por entonces,  Intendente Jorge Pardal encaró junto a Patrimonio de la Provincia la recuperación de  la iglesia y se declaró monumento histórico.

A fines del año 1998 la municipalidad le transfiere terrenos e iglesia al Arzobispado de la provincia.

Hoy este patrimonio corre peligro de quedar sólo en la memoria de los vecinos que ven como se cae a pedazos una parte importante de la historia de la zona y de la provincia.

Si bien las responsabilidades de que este monumento histórico no termine solo en el recuerdo de algunos es compartido, es sorprendente el olvido del municipio, quien podría aceptar que la historia de un pueblo no solo es asfaltar calles, si no mantener el legado de los vecinos de la zona y de la provincia.

 

Por Fernando Cascino.