Tener perros es una pérdida de tiempo
Una escena cotidiana puede convertirse, de repente, en un espejo incómodo sobre nuestras prioridades y nuestros usos de la tecnología.
Uno de los momentos en los que más me incomodo a mi mismo, en los que me auto reprendo, es cuando después de haber estado todo el día afuera de mi casa laburando con el celular me pongo a ver las redes sociales, a mandar audios sobre intrascendencias o chatear por WhastApp. Es en ese momento cuando, sistemáticamente ignoro a mis perros -que esperan mi llegada durante todo el día- mucho tiempo.
Por Fede Fayad | @fogon.agencia
De repente, tomo noción de eso y de que estoy todo el día afuera laburando, justamente, para poder estar tranquilo con los perros, disfrutando de su compañía y su cariño, sin hacer otra cosa. Y por sobre todas las cosas, sin mirar el celular.
Tener perros es una pérdida de tiempo. Y claro, automáticamente, me siento culpable por tener ese pensamiento.
Pero uno se obstina en dedicarle tiempo a lo intrascendente. Entramos de lleno en ese mundo en el que nadie nos obliga entrar, al menos en nuestro tiempo libre, y le dedicamos horas y horas a escrollear pantallas que no nos llevan a ningún lado, pues están pensadas para ese fin.
Y los perritos quedan ahí, suspendidos, nuevamente. Y esperan pacientes a que dejemos de mirar ese rectángulo negro para que los saquemos a pasear, a tocar el pasto, a reconectarnos con lo que de verdad importa en la vida. Inclusive, a veces, con el fin de llamar mi atención, ladran o lloran, para que levante la vista. Y yo, en un acto reflejo, lo primero que pienso es: "qué pesado este perro, para qué lo tengo".
Y claro, automáticamente, me siento culpable por tener ese pensamiento. Porque siento que mis prioridades "han abandonado el grupo". Postergando a mis perros. Esos seres a los que decidí tener para compartir tiempo valioso. Pasado ese primer embate, reflexiono. Y pienso, qué lindo tener perros, hay que disfrutarlos. Por lo que procedo a sacarles una foto, subirla a las redes. Empezar a ver las notificaciones... y otra vez me vuelvo a sumergir en ese mundo del que intento escapar, al menos en mis ratos destinados al ocio.
¿Con cuántas cosas nos pasará, no?
Y, que quede claro, este texto no habla de perros.






