OPINIÓN

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

El gobierno de Javier Milei denuncia una supuesta campaña rusa de desprestigio basada en una inversión de 283 mil dólares repartida entre 23 medios. Sin embargo, al traducir esa cifra a valores reales de mercado, su impacto resulta prácticamente inexistente: equivale a montos marginales incapaces de influir en la agenda pública. Frente a esto, el artículo plantea que el deterioro de la imagen oficial no responde a operaciones externas, sino a decisiones económicas, endeudamiento creciente con el Fondo Monetario Internacional, antecedentes de fuga de capitales bajo la conducción de Luis Caputo y posibles irregularidades en el uso de recursos estatales.

Adrián Characán
Adrián Characán

Una cifra mínima atribuida a una supuesta operación extranjera contrasta con los verdaderos volúmenes de pauta, endeudamiento y decisiones internas que explican el deterioro de la imagen oficial.

Hablan de una campaña rusa como si en esa explicación pudiera esconderse todo. Como si 283 mil dólares alcanzaran para construir un clima de época, para torcer la percepción social, para instalar una narrativa capaz de erosionar a un gobierno entero. Pero cuando uno deja de lado el impacto de la frase y se mete en los números, lo que aparece no es una operación sofisticada, sino una desproporción evidente.


Doscientos ochenta mil dólares repartidos en 23 medios. Entre ellos El Destape, Infobae y El Cronista. Traducido a tiempo real, a lógica de mercado, eso implica aproximadamente mil dólares por mes por medio durante un año. En el mundo de la comunicación, eso no es una campaña. Es, en el mejor de los casos, una presencia testimonial. Un volumen incapaz de disputar agenda, mucho menos de imponer un clima adverso sostenido.

Según la investigación, los contenidos se habrían publicado en estos medios:

1. Infobae

2. Realpolitik

3. Ámbito

4. C5N

5. Diario Con Vos

6. El Destape

7. Big Bang News

8. Diario Registrado

9. A24

10. Dos Bases

11. La Patriada Web

12. En Orsai

13. Sección Ciudad

14. El Ciudadano Web

15. Política Argentina

16. Tiempo Argentino

17. Grito del Sur

18. El Cronista

19. Infocielo

20. Data Clave

21. Agenda Urbana

22. Ciudadano Agro

23. Contraste MDP

Para dimensionarlo, alcanza con mirar la escala real de la pauta. La Ciudad de Buenos Aires ha invertido históricamente cifras cercanas a los 300 millones de dólares en medios como Grupo Clarín. En Mendoza, durante la gestión de Alfredo Cornejo, se supera con record los 8300 millones de pesos anuales en publicidad ya denunciado el 9 setiembre en 2025 por el medio El Otro Diario. Ahí hay volumen, repetición, capacidad de instalar sentido. Lo otro, en cambio, es marginal.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Pero la insistencia en la hipótesis externa no es casual. Funciona como desplazamiento. Porque si no es Rusia, entonces ¿qué explica el desgaste? Y ahí la respuesta deja de ser incómoda para volverse evidente.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Más de 110 mil millones de dólares en cosechas record , acuerdos , el salvataje de Trump  y compromisos con el Fondo Monetario Internacional. Un esquema que no empieza ahora, pero que se profundiza. La continuidad de nombres como Luis Caputo, ya presente en la gestión de Mauricio Macri, donde la fuga de capitales superó los 66.000 millones de dólares entre las dos gestiones de Macri Y Milei . Más deuda, menos margen. Más ajuste, más fragilidad social.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Y en paralelo, las señales que erosionan desde adentro. Créditos del Banco de la Nación Argentina que recuerdan demasiado al antecedente de Vicentin. Beneficios concentrados, decisiones difíciles de justificar, nombres que generan ruido. Un joven de apellido Menem, con apenas 24 años, accediendo a financiamiento en condiciones de mas de 300 mil dolares , que el resto del entramado productivo no consigue. No hace falta una operación extranjera cuando la inconsistencia es doméstica.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

También están los silencios. Chequeado, al abordar esta supuesta trama, omitió referencias claras a medios como El Cronista e Infobae. Y entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué se muestra y qué se oculta? ¿Quién decide dónde poner el foco? ¿Qué intereses sostienen esas estructuras, muchas de ellas vinculadas a financiamiento internacional?


El ecosistema mediático tampoco es ajeno a estas tensiones. Roberto Navarro en El Destape, Daniel Hadad en Infobae, y las versiones que vinculan a José Luis Manzano  en El Cronista y con movimientos alrededor de la adquisición de Telefe. Un entramado donde la pauta es poder. Pero otra vez: no se construye poder con mil dólares por mes.


La historia reciente ofrece un contraste contundente.

Cambridge Analytica operó con millones, con bases de datos, con segmentación precisa para influir en procesos electorales, incluido el ascenso de Mauricio Macri. Esa sí fue una ingeniería del comportamiento. Comparar eso con esta supuesta campaña rusa es, cuanto menos, forzar la realidad hasta el límite.

Los viajes, las compras y la impunidad como paisaje


Y mientras se habla de operaciones extranjeras, hay escenas mucho más cercanas, más concretas, más difíciles de explicar. Nombres que empiezan a circular, como el de Manuel Adorni, asociados a viajes, consumos, movimientos que no terminan de cerrar en un contexto donde el ajuste se predica como virtud moral. A eso se suman versiones sobre contrataciones y honorarios vinculados a su entorno familiar, su esposa , donde se mencionan cifras elevadas por servicios de coaching ontológico en ámbitos empresariales, incluso en estructuras del tamaño de YPF, lo que profundiza la percepción de privilegio.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Porque ahí es donde el discurso se vuelve frágil. No en Moscú, no en una supuesta mesa de estrategas rusos, sino en los propios actos. En los privilegios que se filtran, en los gastos que contrastan con la austeridad declamada, en las decisiones que parecen diseñadas para unos pocos mientras se le exige sacrificio a la mayoría.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

La lógica no es nueva. Cambian los nombres, cambian las caras, pero el mecanismo persiste: el poder como espacio de beneficio, la cercanía al gobierno como atajo, el Estado como herramienta selectiva. Y entonces, otra vez, la pregunta se impone sin necesidad de épica ni conspiración: ¿cuánto daño puede hacer una campaña externa frente a un entramado que se desgasta desde adentro?

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Porque cuando la sospecha deja de ser excepción y empieza a volverse paisaje, ya no hay relato que alcance para taparlo. Ni siquiera uno que venga, dicen, desde Rusia.

Por eso, quizás el problema no sea la existencia de una operación externa, sino la necesidad de explicarse a través de ella. Porque cuando los números no cierran, cuando la economía no responde, cuando las decisiones generan más incertidumbre que alivio, el desgaste no necesita financiación extranjera. Se produce solo.

Rusia pone la plata, pero el desprestigio lo fabrica el propio gobierno

Y ahí, en ese punto, la frase inicial deja de ser provocación para volverse diagnóstico: no hay campaña que pueda desprestigiar más a un gobierno que sus propios actos.

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