OPINIÓN

Peligro de extinción: la clase media

Durante décadas, Argentina construyó una clase media que fue sinónimo de movilidad social, trabajo, consumo, educación y la posibilidad de proyectar un futuro. Hoy, mientras existen organizaciones dedicadas a preservar especies amenazadas, no parece existir una institución destinada a proteger a una clase social que pierde ingresos, capacidad de consumo, estabilidad laboral y patrimonio.

Adrián Characán
Adrián Characán

Una especie que nadie protege

Hay especies que entran en peligro de extinción y, entonces, aparecen fundaciones, asociaciones, científicos y organismos internacionales dispuestos a estudiarlas, protegerlas y evitar que desaparezcan.

Peligro de extinción: la clase media

Con la clase media argentina sucede algo extraño.

No hay fundaciones que la rescaten. No hay campañas internacionales para preservarla. No hay un programa del Fondo Monetario Internacional para evitar su desaparición. Tampoco parece existir una alarma mundial cuando una familia que durante décadas pudo pagar su alquiler, comprar alimentos, mantener una vivienda, pagar una obra social y tomarse unos días de vacaciones empieza a endeudarse para llegar a fin de mes.

Peligro de extinción: la clase media

Y quizás allí esté el verdadero problema.

Porque la clase media no desaparece de un día para otro. Se extingue lentamente.

Primero deja de consumir lo que consumía. Después cambia las marcas. Posterga el médico. Suspende actividades. Deja de salir. Usa la tarjeta. Pide un préstamo. Utiliza una billetera virtual. Refinancia. Busca un segundo trabajo. Después un tercero.

Y finalmente descubre que ya no puede sostener la vida que había construido.

Los números permiten dimensionar una parte del fenómeno. En abril de 2026, la morosidad del crédito de las familias llegó al 12,1%, con un incremento de 8,4 puntos porcentuales interanuales, según el Banco Central.

Y el deterioro no se limita al crédito.

En el primer semestre de 2026, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población y la indigencia al 7,5%, de acuerdo con el INDEC. Al mismo tiempo, la desocupación llegó al 7,9% durante el segundo trimestre.

Es decir: mientras algunos hogares intentan no caer de la clase media, otros ya cayeron debajo de la línea de pobreza.

Y el mercado laboral también cambió.

Más de un millón de personas trabajan actualmente como conductores o repartidores de aplicaciones, según estimaciones sectoriales. Uber, Rappi, PedidosYa y otras plataformas pueden ser una fuente de ingresos y, para muchas personas, una alternativa frente al desempleo. Pero también muestran una transformación: cada vez más personas necesitan combinar actividades para alcanzar ingresos suficientes.

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Ya no son necesariamente ocho horas de trabajo.

Son diez, doce, catorce.

A veces dos empleos. A veces tres.

La antigua idea de trabajar durante décadas en una empresa, construir una carrera y llegar a la jubilación parece pertenecer a otro país.

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Y esta historia no comenzó con Javier Milei.

Durante el gobierno de Mauricio Macri también hubo decisiones que marcaron una etapa de fuerte endeudamiento. En junio de 2017, el Estado argentino emitió un bono a 100 años por US$ 2.750 millones.

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También quedaron bajo investigación judicial operaciones vinculadas con seis parques eólicos relacionados con empresas de la familia Macri. 

Hoy el escenario es diferente, pero la pregunta vuelve a aparecer: ¿qué ocurre cuando una sociedad pierde progresivamente a su clase media?

La extinción no es solamente argentina

Lo que sucede en Argentina forma parte de una transformación más amplia.

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En Estados Unidos, algunas de las grandes estructuras comerciales que durante décadas fueron símbolos del consumo de masas atraviesan una profunda reconversión.

 Los grandes malls ya no responden necesariamente al mismo modelo para el que fueron construidos: algunos cierran, otros pierden locales y otros son transformados en viviendas, oficinas, centros médicos o espacios de entretenimiento.

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En 2024 y 2025, las clausuras de locales comerciales superaron a las aperturas en casi 6.000 establecimientos en Estados Unidos, mientras que los centros comerciales regionales ingresaron en 2026 con una vacancia superior a su promedio de la década anterior. El fenómeno combina cambios en los hábitos de consumo, comercio electrónico, concentración del consumo y dificultades económicas de los hogares. 

Peligro de extinción: la clase media

No es simplemente que la gente haya dejado de comprar porque apareció Internet.

También está cambiando quién puede comprar.

Los shoppings que sobreviven tienden a orientarse hacia consumidores de mayores ingresos, mientras que los establecimientos destinados a sectores medios y bajos enfrentan mayores dificultades. Es una transformación del paisaje económico que también puede leerse como una transformación de la sociedad.

Y en las ciudades más golpeadas aparece otra postal.

Detroit tiene actualmente programas específicos para personas sin vivienda y para quienes atraviesan problemas de consumo de sustancias. En enero de 2024 se estimaban 1.725 personas en situación de sinhogarismo en la ciudad, de las cuales 305 estaban directamente en la calle o en lugares no aptos para vivir. El municipio sostiene programas que vinculan refugio, tratamiento de adicciones y asistencia social. 

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El fentanilo forma parte de esa crisis de opioides y ha provocado muertes y operativos policiales en Detroit. Pero no existen pruebas que permitan afirmar que el consumo sea financiado deliberadamente por tecnócratas para mantener a la población en un estado de dependencia. Esa hipótesis pertenece al terreno de las especulaciones y no debería confundirse con los hechos comprobados.

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En Europa ocurre algo diferente, pero igualmente preocupante: la crisis habitacional.

Peligro de extinción: la clase media

Eurostat calcula que en 2024 alrededor del 17% de la población de la Unión Europea vivía en viviendas consideradas sobreocupadas. Italia registraba alrededor del 24% y España cerca del 9%. El problema es particularmente grave en algunos países del Este europeo, donde las tasas superan ampliamente el 30%. 

No son necesariamente personas viviendo en cuatro o cinco metros cuadrados -esa cifra no representa el indicador europeo-, pero sí millones de personas compartiendo viviendas que no reúnen el espacio considerado adecuado para la cantidad de habitantes.

Peligro de extinción: la clase media

Son diferentes expresiones de un mismo problema: vivienda cada vez más cara, ingresos que no acompañan, concentración patrimonial y una sociedad donde cada vez resulta más difícil sostener las condiciones materiales que alguna vez fueron consideradas normales para una familia de clase media.

Peligro de extinción: la clase media

Y allí aparece la verdadera pregunta.

¿Qué ocurre cuando una persona que durante toda su vida se consideró de clase media descubre que ya no puede vivir como tal?

¿Cuando deja de pagar el alquiler? ¿Cuando vende el auto? ¿Cuando abandona la medicina privada? ¿Cuando deja de comprar medicamentos?¿Cuando se endeuda para comer? ¿Cuando necesita dos o tres trabajos?¿Cuando finalmente cruza la frontera estadística que separa a la clase media de la pobreza?

Quizás la clase media sea, efectivamente, una especie en peligro de extinción.

La diferencia con cualquier otra especie amenazada es que esta vez no necesitamos científicos para descubrir qué está ocurriendo.

Nos alcanza con mirar alrededor.

Y escuchar a quienes todavía están intentando sobrevivir antes de convertirse en aquello que jamás imaginaron que serían: pobres.

Peligro de extinción: la clase media

Porque cuando una sociedad destruye su clase media, no desaparece solamente un sector económico.

Desaparece también una de las principales promesas de la movilidad social: la posibilidad de que trabajar, estudiar y esforzarse alcance para vivir un poco mejor que la generación anterior.

Y cuando esa promesa desaparece, el problema deja de ser solamente económico. Se convierte en social.

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