Parásitos del poder: la casta que juraron destruir hoy gobierna
Prometieron terminar con los parásitos de la política. Hoy, los parásitos parecen haber cambiado de nombre... pero no de hábitos.
Cuando uno escuchaba al presidente Javier Milei decir que iba a terminar con los parásitos que viven de la política, compró. Sí, compró. Pensó que esta vez iba en serio. Que alguien venía a cortar de raíz los privilegios de los funcionarios públicos y esa casta prebendaria que vive a costa del trabajo de aquellos argentinos que se rompe todos los días para sobrevivir en un país sin rumbo a un destino incierto. Pero no.
La realidad, una vez más, se encargó de acomodar el relato.
Cuando estalló el caso de Diego Spagnuolo, con denuncias de coimas y sobreprecios en la Agencia Nacional de Discapacidad, la respuesta fue la de siempre: "esto viene de antes, de otras gestiones, incluso del gobierno de Mauricio Macri". Excusa vieja, gastada. No pasó el filtro de la Justicia ni el de la gente.
Los Parásitos Libertarios -sí, parásitos, porque hay que llamar a las cosas por su nombre- no son nuevos. Son reciclados. Cambiaron de discurso, no de lógica.
Después vino el ruido alrededor de José Luis Espert y supuestos vínculos con el narcotráfico. Otra vez la misma melodía: operación, campaña sucia, intento de dañar al gobierno. Tampoco cerró. Hoy, Espert está corrido, apagado, casi desaparecido del debate público. Incluso en X, donde antes jugaba de local.
Mientras tanto, el vocero Manuel Adorni marcaba la cancha con el discurso anticorrupción, señalando al kirchnerismo, al Estado lleno de ñoquis, al pasado. Firme, filoso, efectivo. El problema es que ese mismo discurso empieza a hacer ruido cuando las sospechas caen del otro lado del mostrador. Patrimonios que no cierran, gastos difíciles de explicar, estilos de vida que no coinciden con lo que eran hace apenas unos años.
Y es ahí donde se rompe todo.
Porque los que venían a terminar con la casta empiezan a parecerse demasiado a ella.
El gobierno está logrando algo que parecía difícil para muchos encuestadores de opinión pública: que el peronismo vuelva a ordenarse arriba de su piso histórico arriba del 35%.
Tipos que hace cinco años la peleaban -vendiendo autos, dando conferencias sobre economía, haciendo changas (panelista de televisión) o sobreviviendo como podían- hoy viven como aquello que denunciaban. No es relato. Es contraste. Es la foto.
Estos parásitos -sí, parásitos, porque hay que llamar a las cosas por su nombre- no son nuevos. Son reciclados. Cambiaron de discurso, no de lógica. Antes criticaban el privilegio; hoy lo administran y lo disfrutan.
Y mientras tanto, el escenario político se reconfigura.
El gobierno está logrando algo que parecía difícil para muchos encuestadores de opinión pública: que el peronismo vuelva a ordenarse arriba de su piso histórico arriba del 35%. Que cada vez menos gente compre que todo es culpa de Mauricio Macri solo el 10%. y que figuras como Myriam Bregman empiecen a crecer en intención de voto, se encuentra cuarta.
Entonces empiezan a aparecer conversaciones que hace meses eran impensadas: una fórmula Axel Kicillof - Bregman, un Mauricio Macri mirando con ganas volver al ring, una interna con Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad contra el actual jefe de gobierno.
El gobierno que venía a enterrar al kirchnerismo lo está resucitando y le está dando aire al peronismo. Le da argumento y le está devolviendo la centralidad.
Y entonces quedan las preguntas incómodas:
- ¿Se está armando un frente anti Javier Milei como el que en su momento frenó a Carlos Menem?
- ¿Hasta cuándo se puede sostener a un vocero sin pagar costo político?
- ¿Hay margen para una reelección?
- ¿O esto recién empieza y todavía falta ver más mugre?
Preguntas que hoy no tienen respuesta.
Pero que mañana pueden definir todo.
El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.
- John Dalberg-Acton, carta a Mandell Creighton, 1887.








