Mendoza: el territorio que ahora miran los tecnócratas
La llegada de empresarios tecnológicos a Mendoza no comienza con Wamani. Hace más de dos décadas, capitales anglo-malayos adquirieron enormes extensiones en Malargüe y tomaron el control de Las Leñas. Hoy, el proyecto de Martín Varsavsky vuelve a colocar a la provincia en el radar de las grandes fortunas globales. Al mismo tiempo, la tapa de una revista muestra a los grandes tecnócratas observados por un robot sin rostro que parece estudiarlos y reproducirlos. La imagen funciona como una metáfora de una época: quienes construyeron la revolución tecnológica empiezan a contemplar una inteligencia artificial que aprende de ellos y puede terminar ocupando su lugar.
De Las Leñas a Wamani, la historia de las grandes compras de tierra vuelve a cruzarse con Silicon Valley y con el frente de una revista, que plantea quién observa a quién en la era de la inteligencia artificial.
Wamani: el nuevo capítulo
Wamani es el proyecto que llevó nuevamente a Mendoza a las páginas de la prensa internacional.
Martín Varsavsky, empresario argentino-español, adquirió en diciembre de 2023, junto con otros cinco socios, una propiedad de aproximadamente 32.000 hectáreas en Mendoza. Allí desarrolla un establecimiento con viviendas prefabricadas, domos geodésicos, energía solar, pista de aterrizaje y otras instalaciones destinadas a darle autonomía.
La inversión ronda los 10 millones de dólares y el proyecto contempla seguir ampliándose.
La explicación que acompaña la iniciativa es conocida: ante un mundo atravesado por conflictos internacionales, interrupciones de las cadenas de suministro y riesgos extremos, los territorios alejados de los grandes centros de poder pueden adquirir un valor estratégico.
Wamani no es simplemente una estancia de grandes dimensiones. Es la expresión territorial de una nueva preocupación de algunas de las mayores fortunas tecnológicas: cómo preservar autonomía cuando el mundo se vuelve imprevisible.
Las Leñas: el antecedente
Pero Mendoza ya había vivido una historia de grandes adquisiciones extranjeras. Entre 2002 y 2003, un grupo de capitales anglo-malayos avanzó sobre enormes extensiones del sudoeste provincial. Las operaciones vinculadas al grupo Walbrook incluyeron tierras en Malargüe y el control del 97% del complejo Las Leñas.
Las cifras de aquellos años eran extraordinarias: las distintas adquisiciones llevaban la superficie controlada por el grupo a cientos de miles de hectáreas, en una región cordillerana próxima a Chile.
El contexto legal era muy diferente
Todavía no existía la Ley 26.737 de Tierras Rurales, que recién sería sancionada en 2011 y establecería límites a la propiedad extranjera. Esa legislación fue posteriormente derogada en 2023, reabriendo una discusión que continúa hasta hoy. El antecedente importa porque demuestra que el interés por el territorio mendocino no nació con la inteligencia artificial. Primero fueron las inversiones vinculadas al turismo y al desarrollo territorial. Ahora aparece una lógica asociada a la autonomía y a la incertidumbre global.
El robot que observa a los tecnócratas
Y entonces aparece el frente de una tapa de The Economist . Los grandes protagonistas de la revolución tecnológica están reunidos en una imagen que tiene algo de retrato de época. Durante años fueron presentados como los hombres capaces de anticipar el futuro: los constructores de Internet, de las plataformas digitales y de la inteligencia artificial.
Pero esta vez no están solos. Frente a ellos aparece un robot sin rostro, que los observa y los estudia. No parece simplemente vigilarlos. Parece aprender de ellos. La lectura más interesante de la imagen está justamente ahí: el robot no necesita tener una identidad propia porque está construyéndola a partir de quienes tiene delante. Los observa, los copia, incorpora sus gestos, sus códigos, su comportamiento. En otras palabras, el tecnócrata aparece frente al espejo de su propia creación. Durante décadas, ellos observaron el mundo para convertirlo en datos. Ahora una máquina los observa a ellos.
Y la pregunta deja de ser solamente qué hará la inteligencia artificial con el trabajo humano. También empieza a ser qué hará con quienes construyeron las tecnologías que la hicieron posible. La portada puede leerse como una escena de transición: los antiguos protagonistas del progreso tecnológico contemplan el nacimiento de una figura que aprende de ellos para convertirse en algo parecido a ellos.
Dos momentos, una misma provincia
Las Leñas pertenece a una Argentina que recién comenzaba a discutir el alcance de las grandes compras extranjeras de tierra.
Wamani pertenece a otra época: la de los multimillonarios tecnológicos, la inteligencia artificial y la preocupación por los riesgos sistémicos. No son el mismo negocio ni responden a la misma lógica. Pero ambos episodios colocan a Mendoza frente a una cuestión que excede lo inmobiliario.
¿Por qué una de las regiones más remotas del país vuelve a aparecer en el radar de quienes concentran algunas de las mayores fortunas del planeta?
Quizás la respuesta esté precisamente en aquello que la tecnología no puede fabricar. El territorio. Y mientras los tecnócratas buscan un lugar donde protegerse de un futuro incierto, el robot de la portada parece formularles una pregunta todavía más incómoda:
Si las máquinas ya aprendieron a imitarlos, ¿cuánto falta para que sean ellas las que decidan cómo será el mundo que viene?







