Nunca un partido ante Inglaterra será sólo un partido

Porque por encima de eso, sea la disciplina que sea, hay una historia que duele, hay un territorio usurpado, hay un crimen de guerra en la decisión de bombardear el Belgrano, hay más de seiscientos argentinos muertos en Malvinas.

Alejandro Frías
Escritor, crítico literario, editor. Periodista Cultural. Autor de "El Gol con la mano del Chueco" (cuento, 2023); "Serie B" (cuentos, 2024) y "Barro de domingo", novela escrita junto a Daniel Fermani.

El mensaje ante Inglaterra es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa.

Dijo Lionel Scaloni apenas terminado el partido ante Suiza, unos días antes de la semifinal. "No busquemos otra cosa", dijo, pero tras la victoria ante Inglaterra ver, primero, a los jugadores argentinos en el campo de juego con un trapo que reclamaba la soberanía sobre las Malvinas y, luego, en las redes, a Miguel Galarza festejar haciendo flamear una bandera argentina ante el monumento a su hijo, José Luis Galarza, muerto en las islas, deja bien en claro que no, que no era sólo un partido de fútbol, y que no hace falta buscar otras cosas, porque esas otras cosas están bien a la vista.

Que el entrenador de la Selección diga lo que dijo está bien. Está muy bien. Porque es un referente, y, como tal, no se puede permitir exacerbar los ánimos, cosa que podría hacer que hubiera desmadres tanto en el estadio en el que se juegue cualquier Argentina-Inglaterra como en sus inmediaciones, tanto en el país como en cualquier lugar del mundo donde un argentino y un inglés se crucen, además de dejar el campo abierto para cualquier reclamo diplomático. Así que bien ahí, Scaloni, hiciste lo que tenías que hacer. Y también hizo lo que tenía que hacer cantando el Himno Nacional como lo cantó.

La bandera de Malvinas que los jugadores exhibieron tras eliminar a Inglaterra permanece bajo resguardo de Patricio Auber, mozo de la Selección.

Quien no hizo lo que tenía que hacer fue el Gobierno nacional, que, ante la prohibición de la FIFA de introducir a la cancha banderas y de cualquier manifestación de reclamo de soberanía de parte de la hinchada argentina, no optó por quedarse callado, sino que respaldó tal decisión, en un gesto más de parte de Milei y sus acólitos a favor de la entrega de nuestro patrimonio, de apoyo al imperialismo y de sumisión ante el poder de los grandes capitales.

Pero volvamos a lo de si era un partido de fútbol y nada más. Y es que nunca un encuentro deportivo ante Inglaterra será sólo un partido más, porque por encima de eso, sea la disciplina que sea, hay una historia que duele, hay un territorio usurpado, hay un crimen de guerra en la decisión de bombardear el Belgrano, hay más de seiscientos argentinos muertos en Malvinas, hay una causa nacional que une, sin grietas, a la Nación argentina.

Detrás de un partido, de un encuentro deportivo, hay símbolos que hacen que en el campo de juego se dispute mucho más que un resultado. Y si, encima, se le gana a una Selección inglesa en un Mundial como se le ganó en este 2026, entonces todos esos símbolos se refuerzan.

No es para nada casualidad que cualquier hinchada del fútbol argentino tenga al menos una bandera, un "trapo" en el que estén representadas las islas Malvinas. Porque las Malvinas son un símbolo que, como tal, puede tener muchas y amplias lecturas, pero la principal, aquella en la que hay más acuerdo, es la de la reivindicación de la soberanía nacional y de la sangre derramada.

Pero hay más. Malvinas y el fútbol (los dos únicos motivos por los que la Argentina se une) se vinculan con mucho más que las banderas y las consignas pintadas en ellas. Malvinas también es Rattin estrujando el banderín del córner con la bandera inglesa, es Maradona con sus dos goles en el Mundial 86, es cada uno de los cantos que hace mención a "los pibes de Malvinas", es Miguel Galarza haciendo flamear la Bandera ante el monumento a su hijo, es el grupo de gente que en el Metrotranvía de Mendoza se puso a cantar la "Marcha de Malvinas" cuando terminó el partido, y ahora también es la Scaloneta, la brava remontada después de ir perdiendo y los jugadores desplegando un trapo pintado que evadió toda prohibición de la FIFA y de un Gobierno nacional entreguista.

Para que un símbolo se convierta en tal y unifique su significado, debe haber un acuerdo tácito entre las personas, una convención no escrita que lo cargue de sentido, y las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son un símbolo, porque su historia está grabada con la sangre de soldados argentinos en el corazón de un país. Por eso, nunca un encuentro deportivo contra Inglaterra será sólo un partido. Siempre estará cargado de símbolos, y ante eso, no hay nada que hacer ni que decir. Y es que por siempre resonará (y desde siempre resonó) el pedido del exfutbolista y excombatiente Luis Escobedo: "Que jueguen por los pibes que quedaron allá".

NR: Alejandro Frías es autor del libro "Malvinas en el Rock" (Editorial Leo Libros).

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