La cruzada de Milei para desmalvinizar el fútbol: entrega de soberanía bajo el disfraz de la neutralidad deportiva

Resulta particularmente doloroso que el "trabajo sucio" de los intereses británicos no sea ejecutado solo por organismos internacionales, sino por las propias autoridades argentinas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ha presentado esta prohibición no como una imposición externa ineludible, sino como una decisión consensuada con las autoridades locales y la FIFA.

Guillermo Carmona
Guillermo Carmona
Guillermo Carmona es abogado. Dirigente mendocino del Peronismo y de Unión por la Patria. Fue Diputado Nacional por Mendoza. Fue Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la Cancillería Argentina.

El fútbol, para los argentinos, nunca es solo un juego. Es un espacio de identidad, memoria y, fundamentalmente, de afirmación nacional. Sin embargo, lo ocurrido antes, durante y después del partido en el que nuestra Selección Nacional le ganó a Inglaterra y logró el paso a la final mundialista enciende alarmas por la prohibición del ingreso de banderas y símbolos alusivos a las Islas Malvinas a los estadios. 

Por Guillermo Carmona, militante justicialista, ex Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la República Argentina

Lo que se presenta como una medida de orden y neutralidad deportiva es, en realidad, el reflejo de una política de "desmalvinización" que el actual gobierno de Javier Milei ha decidido profundizar, ahora incluso en el ámbito del deporte.

La hipocresía mundialista de la FIFA

La resolución de prohibir símbolos de Malvinas por considerarlos "gestos políticos" revela una hipocresía sistémica en la FIFA. Esta organización, que hoy invoca la despolitización del deporte para censurar el legítimo reclamo argentino, es la misma que aplica un evidente doble estándar geopolítico.

Es la misma FIFA que prohibió la participación de Rusia en competencias internacionales por razones estrictamente geopolíticas y que, simultáneamente, cedió ante las presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para levantar sanciones a jugadores estadounidenses.

También es la organización que consintió el maltrato hacia selecciones como la de Irán por motivos que nada tienen que ver con lo deportivo. Al prohibir la libre expresión de los hinchas argentinos bajo presión británica, la FIFA no está protegiendo el fútbol, sino actuando como una herramienta del "Norte Global" para menospreciar las expresiones soberanas de los países de la periferia.

Del servilismo ministerial a la traición de la soberanía

Resulta particularmente doloroso que el "trabajo sucio" de los intereses británicos no sea ejecutado solo por organismos internacionales, sino por las propias autoridades argentinas. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ha presentado esta prohibición no como una imposición externa ineludible, sino como una decisión consensuada con las autoridades locales y la FIFA.

Este "servilismo anglófilo" marca una ruptura peligrosa con la tradición de defensa de la integridad territorial. Este episodio tiene un antecedente que los mendocinos no podemos olvidar: durante el Mundial Sub-20 de 2023, las autoridades del gobierno de Mendoza aceptaron proceder al cambio del nombre del Estadio Malvinas Argentinas y a retirar los carteles que así lo identificaban. Se trataba de una censura de la FIFA inaceptable respecto de nuestros símbolos y de la reafirmación de soberanía que nuestra Constitución Nacional impone como irrenunciable. En ese momento era secretario de Estado e impulsé un categórico rechazo del gobierno nacional a la medida que se materializó en una protesta formal de la Cancillería Argentina.

Hoy nos encontramos con una administración que, no solo acepta una imposición arbitraria, sino que incluso parece gozar de la sobreactuación de lo prohibitivo.

Esta actitud no es aislada. Se enmarca en la misma línea histórica de un nacionalismo de fachada instaurado por las dictaduras militares: muy nacionalistas para los desfiles y actos oficiales, pero entreguista y subordinado estratégicamente a potencias extranjeras cuando se trata de la defensa real de nuestros derechos soberanos.

La actitud servil de la ministra Monteoliva reflejada en el lamentable papel de comunicadora y defensora oficiosa de una decisión de la FIFA también tiene antecedentes en un exministro mendocino del actual gobierno. Ocurrió en febrero de 2025, cuando el entonces ministro de Defensa Luis Petri pretendió justificar en la red social X las incursiones de una aeronave militar británica que operaba sobre la Zona Económica Exclusiva Argentina apagando sus instrumentos de localización y poniendo en riesgo las operaciones de la aviación comercial. En lugar de exigir explicaciones al gobierno británico, Petri eligió en esa ocasión transformarse en el vocero y apologista de una acción de provocación británica.

La conducta épica y ejemplar de los jugadores argentinos

El triunfo de la Selección Argentina sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026 no solo fue una victoria deportiva, sino que se convirtió en un acto de diplomacia pública y "poder blando" (soft power) de alcance global. Al desplegar una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas" tras el triunfo, los jugadores transformaron el campo de juego en un potente instrumento de posicionamiento internacional para la Cuestión Malvinas.

Al final no era un "bolazo", como dijo el gobernador @rodysuarez, lo del Estadio Malvinas Argentinas durante el Mundial Juvenil Sub 20. Y no solo taparon a nuestras islas, también lo hicieron con la bandera argentina.#LasMalvinasSonArgentinas %uD83C%uDDE6%uD83C%uDDF7 pic.twitter.com/1oQne7UyIb— Guillermo Carmona (@grcarmonac) May 23, 2023 Hoy nos encontramos con una administración que, no solo acepta una imposición arbitraria, sino que incluso parece gozar de la sobreactuación de lo prohibitivo. Esta actitud no es aislada. Se enmarca en la misma línea histórica de un nacionalismo de fachada instaurado por las dictaduras militares: muy nacionalistas para los desfiles y actos oficiales, pero entreguista y subordinado estratégicamente a potencias extranjeras cuando se trata de la defensa real de nuestros derechos soberanos. La actitud servil de la ministra Monteoliva reflejada en el lamentable papel de comunicadora y defensora oficiosa de una decisión de la FIFA también tiene antecedentes en un exministro mendocino del actual gobierno. Ocurrió en febrero de 2025, cuando el entonces ministro de Defensa Luis Petri pretendió justificar en la red social X las incursiones de una aeronave militar británica que operaba sobre la Zona Económica Exclusiva Argentina apagando sus instrumentos de localización y poniendo en riesgo las operaciones de la aviación comercial. En lugar de exigir explicaciones al gobierno británico, Petri eligió en esa ocasión transformarse en el vocero y apologista de una acción de provocación británica. La conducta épica y ejemplar de los jugadores argentinosEl triunfo de la Selección Argentina sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026 no solo fue una victoria deportiva, sino que se convirtió en un acto de diplomacia pública y "poder blando" (soft power) de alcance global. Al desplegar una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas" tras el triunfo, los jugadores transformaron el campo de juego en un potente instrumento de posicionamiento internacional para la Cuestión Malvinas.El impacto de esta imagen fue tal que generó un verdadero "terremoto geopolítico".

El impacto de esta imagen fue tal que generó un verdadero "terremoto geopolítico".

Este gesto, lejos de ser una provocación, logró lo que la reticencia del actual gobierno nacional parece evitar: visibilizar ante los ojos del mundo que el reclamo de soberanía es una causa viva y una política de Estado que trasciende cualquier intento de censura institucional.

El impacto de esta imagen fue tal que generó un verdadero "terremoto geopolítico" en la propia opinión pública británica. Figuras prominentes como Simon Jenkins, columnista del diario The Guardian, reaccionaron afirmando que las islas no pueden seguir siendo británicas para siempre y calificando la ocupación actual como un "absurdo resabio imperial". El gesto de los futbolistas argentinos obligó a los medios y a la política de Londres a enfrentar el anacronismo colonial y los altos costos económicos y reputacionales que implica mantener una fortaleza militar aislada en el Atlántico Sur, sacando a la diplomacia británica de su cómoda inercia.

En definitiva, la valentía de los jugadores en el césped puso en evidencia la fragilidad del estatus quo que el Reino Unido ha intentado congelar durante más de cuatro décadas. Mientras el gobierno de Milei critica la visibilización del reclamo en los estadios, la acción de los deportistas demostró que la historia aún tiene una deuda pendiente en el Atlántico Sur que no va a desaparecer. Esta pancarta en manos de los campeones mundiales recordó al mundo -y a las propias autoridades argentinas- que la soberanía no es un tema del pasado, sino una realidad geográfica e histórica ineludible que exige retomar las negociaciones de inmediato.

Una reafirmación soberana, no una infracción política

Es imperativo recordar que la reafirmación de soberanía sobre las Malvinas no es un capricho partidario ni una "opinión política": es un reclamo histórico y un mandato constitucional. Prohibir que un hincha lleve las islas en su bandera o incluso en su piel es ignorar que las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes forman parte integral del mapa bicontinental de la Argentina.

El gobierno de Milei, con su admiración confesa por figuras como Margaret Thatcher, está logrando lo que los británicos siempre han deseado: ampliar las restricciones que ya imponen en las islas -donde los argentinos no pueden exhibir los símbolos patrios- a cualquier estadio del mundo donde juegue nuestra selección.

El fútbol se ha convertido en el nuevo escenario de una disputa neocolonial. Al aceptar que la mención a nuestras islas es un "gesto político" prohibido, el gobierno no solo falta a sus deberes constitucionales, sino que ofende la sensibilidad colectiva de un pueblo que ve en Malvinas una causa justa reconocida por el derecho internacional.

Desde que llegó al poder, Milei ha buscado desmalvinizar la política exterior y la relación con el usurpador británico, desatando una resistencia manifiesta de la mayoría de la sociedad argentina que reacciona reafirmando el compromiso malvinero. Hoy va por la desmalvinización del fútbol. Tampoco se la permitiremos.

Esta nota habla de:

Nuestras recomendaciones