Recetas viejas para nuevos actores: El eterno Déjà Vu argentino

Déjà vu. El INDEC vuelve a estar en el centro de la escena, los datos generan ruido, aparece una Oficina de Respuesta Oficial para disciplinar el relato y el recuerdo de Guillermo Moreno y de 6, 7, 8 deja de ser pasado. Cuando un gobierno empieza a discutir la realidad en lugar de explicarla, la historia argentina demuestra que nunca es una buena señal. Esta nota no habla de nostalgia: habla de alertas.

Cuando parece que todo toma cierto curso normal, este gobierno hace otro esfuerzo por generar dudas y malestar en la ciudadanía. Cuando se ven y se analizan las decisiones tomadas por Javier Milei, uno se pregunta si realmente le interesa gobernar en pos de una Argentina mejor o si pretende ser solo un monarca que escribe su propia historia y que esa sea la única verdad absoluta, donde quien escriba algo distinto sea considerado falaz. A esto se suma la persistente búsqueda de beneficios para los suyos (la casta), con datos manipulados o acuerdos llenos de dudas sobre quiénes son los verdaderos beneficiados de cada decisión tomada.

Cuando Guillermo Moreno intervino el INDEC allá por febrero de 2007, y esa situación se extendió hasta 2015, comenzando en el gobierno de Néstor Kirchner y continuando durante el de Cristina Fernández de Kirchner, sabíamos que esa decisión no iba a tener un buen destino. Porque cuando un gobierno manipula los datos -y eso fue lo que sucedió-, justificando cambios en la metodología de medición, las consecuencias son negativas: los mercados pierden credibilidad en el país, el FMI excluye a la Argentina de sus estadísticas oficiales y las mediciones privadas terminan ubicándose siempre por encima de las oficiales.

Querido lector, usted podría decirme que no es lo mismo lo que sucedió esta semana con el INDEC, y es cierto: no hubo intervención directa de nombres propios, ya que quien estaba al frente (Marco Lavagna) renunció. Pero sí hubo, nuevamente, una intervención en las formas de medir la inflación. A partir de este mes íbamos a tener una nueva medición que el gobierno de Javier Milei decidió no aplicar, manteniendo la que se venía utilizando.

Esta nueva metodología del IPC, que ya estaba técnicamente lista y se basaba en la ENGHo (Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares) 2017-2018, incorporaba mayor peso a servicios como alquileres, tarifas y transporte -rubros con subas más intensas- y reducía la ponderación de bienes tradicionales, por lo que habría mostrado una inflación algo más alta que la actual en varios períodos. El argumento oficial fue preservar la comparabilidad de las series y evitar "ruidos" estadísticos durante el proceso de desinflación, aunque economistas advierten que seguir midiendo con una canasta desactualizada distorsiona la lectura real del costo de vida.

Marco Lavagna, en su cuenta de X, dijo:

Gracias por todos los mensajes y saludos recibidos. Fue un verdadero privilegio haber estado al frente del INDEC y trabajar junto a un equipo tan comprometido con la producción de estadísticas públicas. Nueva etapa se abre.

Como se dará cuenta, querido lector, no hizo ni una sola mención ni a esta gestión ni a la anterior. Por ende, se ve a las claras que no se fue de la mejor manera. Esto también generó "ruido" -esa palabrita que utiliza el gobierno para justificar errores- en los mercados, donde el riesgo país volvió a superar los 500 puntos, y las acciones cayeron. No solo las que cotizan en bolsa, sino también las de la credibilidad de una parte de la sociedad que aún tenía algo de fe en este gobierno.

Hoy todo es duda: ¿será real el dato que tendremos el próximo martes 10 de febrero?, ¿estará manipulado?, ¿se manipularon los anteriores?, ¿qué va a pasar con los próximos? Son las mismas preguntas que nos hicimos durante el kirchnerismo y que hoy vuelven a revivir.

Pero el déjà vu no fue solo con el INDEC. También hubo un revival del recordado 6, 7, 8 o del NODIO del gobierno de Alberto Fernández. En la red social X se creó una cuenta gubernamental llamada Oficina de Respuesta Oficial, destinada a desmentir a la prensa o a algunos periodistas en particular. Lo llamativo es que esa misma cuenta no se encarga de desmentir las fake news que abundan en X, tanto a favor como en contra del gobierno. Claro, hacerlo implicaría también desmentir a sus propios trolls y a dirigentes que no se cansan de difundir datos incorrectos del gobierno, de la oposición y de todo aquello que interfiera con el relato propio.

Lo curioso es que, en la supuesta búsqueda de la verdad, este gobierno fue el que limitó el acceso a la Información Pública mediante el Decreto 780/2024, en septiembre de 2024. Si no se hubiese tomado esa decisión, hoy no existiría la Oficina de Respuesta Oficial, porque cualquier persona podría acceder de manera directa a la información, sin depender exclusivamente de investigaciones o informes periodísticos.

La manipulación de datos, de la información y la construcción constante de un relato donde todo aquel que no se alinee pasa a ser el enemigo, nos siguen trayendo recuerdos de malos gobiernos anteriores. Gobiernos que durante años lograron que gran parte de la sociedad creyera que vivía en un país salido de un cuento de Disney, cuando en realidad terminamos protagonizando un cuento de terror.

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi.

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