Importar ropa destruye empleo
Se puede discutir hasta dónde conviene proteger una industria, lo que no se puede discutir ni aceptar es el desprecio y la burla al trabajo argentino. Importar ropa destruye el trabajo de quien fabrica productos similares o sustitutos en Argentina. Y no crea puestos de trabajo en su reemplazo.
Comenzó con una licitación de tubos para un gasoducto que perdió el tradicional proveedor que fabrica en Argentina, derrota festejada por Sturzenegger y Milei. Luego, en la misma sintonía, vino un ataque a la industria textil. Luis Caputo dijo en una entrevista de propaganda que él sólo compra ropa en el exterior porque aquí es muy cara. Sincronizado, Manuel Adorni fue más allá: "comprás un jean afuera, ¿decime dónde se pierden puestos de trabajo?" le pregunta retóricamente a un Luis Majul que no sabe si responder lo obvio. Hace silencio.
Digamos algo elemental, eso que calla Luis Majul en el video: importar ropa destruye el trabajo de quien fabrica productos similares o sustitutos en Argentina. Y no crea puestos de trabajo en su reemplazo.
En realidad, el argumento del gobierno se basa en la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo pero con esteroides. La lleva a lugares que, seguramente, incomodarían al economista inglés. Cada país debe especializarse en aquellos productos que elabora más eficientemente sostenía Ricardo, cualquier intervención del Estado al respecto empeora la asignación de recursos.
La pregunta que Adorni esperaba en el video, pero Majul temió realizar, se completa con la explicación que quería dar y que está en la prédica gubernamental. Adorni sabe que el fabricante del jean en Argentina venderá menos, en el límite, deberá cerrar; lo que ansía decir, y es el corazón de la discusión, es que "esos recursos que se liberan" (el empresario que quiebra, el galpón, las máquinas y los trabajadores desocupados) encontrarán algo para hacer que sea más eficiente que los textiles. De ese modo, el país encontrará la asignación óptima de sus factores productivos. Pues bien, eso no funciona. No hay ni un solo caso en que un país desarrollado haya llegado a serlo con esta filosofía, que además encubre varias trampas.
Empecemos por las trampas. No es lo mismo hacer competir a las empresas textiles con importaciones teniendo un dólar a $ 1.500 que a $ 3.000, empresas que quiebran con economía abierta con un tipo de cambio menor serían rentables si se duplicara. ¿De quién depende esto con las políticas actuales? Del gobierno, que fijó las "bandas", una especie de "tablita" al modo Martínez de Hoz. Es decir, la burla de Sturzenegger, Caputo y Milei a los empresarios y trabajadores textiles es una triple crueldad: sus políticas los funden, los gobernantes se burlan de ellos, y, además, le echan la culpa a empresarios y trabajadores acusándolos de ineficientes.
Pero sigámosles la corriente, supongamos que no gobiernan, y discutamos en términos teóricos, ¿se verifica la previsión de la escuela clásica de que la especialización en la ventaja comparativa es conveniente a un país? Decididamente NO. Ningún país ha sido exitoso anclado exclusivamente en sus ventajas comparativas. En primer lugar porque el abastecimiento del consumo interno ocupa la mayor parte de la producción de cada nación y ella es de naturaleza diversa. Por otro lado, la idea de "ventaja" como algo dado e inmutable es falsa, lo que demuestran los casos de cada uno de los países exitosos que se pueden tomar de ejemplo es que las ventajas se construyeron. Japón construyó su ventaja fabricando autos confiables, eso no estaba dado. China construyó su ventaja en electrónica, eso no estaba dado.
Y fueron los Estados los que implementaron políticas para desarrollar esa ventaja. El mismo Estados Unidos, que tanto rige con sus dictámenes la política doméstica, aplica una estricta regulación de su comercio exterior. Se equivoca quien vea en Donald Trump el creador del proteccionismo estadounidense, es algo tan antiguo como el mismo país y se reconoce a Alexander Hamilton, uno de los "padres fundadores" y primer secretario del Tesoro (del presidente George Washington), como referente de la protección a la industria en aquel país.
¿Qué hacía Hamilton? Poner aranceles a los productos industriales extranjeros para proteger los propios.
Se puede discutir hasta dónde conviene proteger una industria, porque es cierto que no se debe defender cosas ilógicas, lo que no se puede discutir ni aceptar es el desprecio y la burla al trabajo argentino.






