El racismo no nació en una cancha

El racismo no nació de individuos. Nació de estructuras históricas de dominación que todavía siguen produciendo desigualdad. Colonialismo, racismo e imperialismo en cuestión.

Javier Prezioso
Filósofo argentino. Reflexiones y teorizaciones en torno a diversas cuestiones filosóficas, históricas, políticas, periodísticas, desde un punto de vista teórico que pretende ser riguroso y crítico, desde el punto de vista del oprimido.

Europa conquistó y colonizó América, esclavizó a millones de africanos y colonizó Asia. En el Siglo XIX se repartió África como si fuera un pastel y además estableció los primeros campos de concentración ahí, antes que los nazis. Los imperios británico, francés y alemán establecieron alrededor de 40.000 campos de exterminio. Pero de eso jamás vociferan una sola palabra. Y para justificar todo eso fue necesaria una idea. Que había seres humanos superiores y seres humanos inferiores. Eso es el racismo moderno.

Por Javier Prezioso | @filocritica

No fue un error, no fue un "exceso". Fue una herramienta política y económica. Había que convencer al mundo de que era natural que unos pueblos dominaran a otros. El racismo fue una de las grandes ideologías del capitalismo colonial.

Después de siglos de esclavitud y colonialismo, las mismas potencias que construyeron ese orden ahora pretenden dar lecciones de moral al resto del mundo. Hablan de racismo. Pero rara vez hablan de imperialismo. Hablan de discriminación. Pero casi nunca hablan de colonialismo. Hablan de tolerancia. Pero olvidan quién escribió las reglas del juego.

El racismo fue una de las grandes ideologías del capitalismo colonial.

El racismo fue una de las grandes ideologías del capitalismo colonial.

En Argentina también existe un relato similar. Se dice que "descendemos de los barcos". Como si antes no hubiera existido nadie, como si los pueblos originarios fueran un detalle, como si los afroargentinos hubieran desaparecido por arte de magia. Como si el mestizaje nunca hubiera existido. En fin: el viejo mito de la argentina "blanca y europea" es una narrativa política colonialista y eurocéntrica que aún persiste, donde se asocia lo blanco con lo bueno, civilizado, superior y lo no blanco como inhumano, inferior, subdesarrollado, etc.

La llamada "argentina blanca" nunca fue una descripción objetiva. Fue un proyecto de país. Una identidad construida por las élites del siglo XIX para acercarse simbólicamente a Europa y alejarse de América Latina. No describía la realidad. Intentaba producirla. Argentina no es la excepción: lo mismo sucede en todos los países del tercer mundo.

La marginación de indígenas y afrodescendientes no son invenciones locales aisladas,

La marginación de indígenas y afrodescendientes no son invenciones locales aisladas,

Resulta curioso ver cómo algunos, a raíz de eventos repudiables sucedidos en las tribunas, pretenden convertir a Argentina en el emblema mundial del racismo mientras guardan silencio sobre sus propias sociedades. En México, el debate sobre los "whitexicans" existe precisamente porque amplios sectores denuncian el privilegio racial y de clase de una parte de las élites. En Brasil, las huellas de la esclavitud siguen estructurando la desigualdad. En casi toda América Latina, los pueblos indígenas y afrodescendientes continúan ocupando las posiciones más vulnerables. El problema no es argentino. Es latinoamericano. Y sus raíces son coloniales.

La colonialidad fue tan eficaz que los pueblos colonizados terminaron reproduciendo muchas de las jerarquías impuestas por los colonizadores. El ideal de la piel blanca, la asociación entre "europeo" y "civilizado", y la marginación de indígenas y afrodescendientes no son invenciones locales aisladas, sino parte de un legado colonial que sigue operando en las estructuras sociales y culturales de la región.

La hipocresía más grande proviene de uno de los países organizadores del mundial: Estados Unidos. Desde estados unidos llegan lecciones sobre racismo. La ironía resulta evidente. El país que mantuvo la esclavitud durante siglos, que estableció leyes de segregación racial durante 100 años, donde el movimiento por los derechos civiles debió enfrentarse al racismo institucional y donde todavía persisten profundas desigualdades raciales, el mismo país que desató más de 65 guerras luego de la Segunda Guerra Mundial, que bombardeó con Agente Naranja Vietnam, ese mismo país pretende presentarse como árbitro moral del resto del mundo mientras bombardea países, desata nuevas guerras, financia genocidios, saquea recursos, apoya gobiernos títere y secuestra presidentes... vaya "libertad".

La disputa por decidir qué país es "más racista" no sólo sirve para provocar rivalidades y prejuicios xenofóbicos entre los países oprimidos (el vetusto "divide ut regne", divide y reinarás) sino también para ocultar una pregunta mucho más importante: ¿qué sistema histórico produjo todas esas formas de racismo?.

Nada de esto justifica un insulto racista, al contrario. Significa comprender que el racismo no desaparecerá únicamente castigando individuos. Porque no nació de individuos. Nació de estructuras históricas de dominación que todavía siguen produciendo desigualdad. El racismo no empezó en una tribuna. Empezó en los barcos negreros, en las colonias, en los imperios, en las plantaciones, en las empresas comerciales. Mientras esa historia siga ocultándose, el mundo seguirá discutiendo los síntomas e ignorando las causas.

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