El poder, los rituales y las sociedades secretas. Cuando el misterio entra en escena
Resumen: De El bebé de Rosemary a Ojos bien cerrados, el cine convirtió en ficción uno de los grandes temores humanos: que detrás de la realidad visible exista un mundo reservado para unos pocos, atravesado por rituales, símbolos y secretos. Pero la historia también ofrece ejemplos reales de figuras cercanas al poder y vinculadas con el esoterismo, desde Rasputín y López Rega hasta los casos contemporáneos de Jeffrey Epstein, Raúl Martins y Fernando Cerimedo. Entre ceremonias ancestrales, sociedades reservadas, sexo, dinero, inteligencia e información, la nota recorre una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo oculto permanece realmente oculto cuando hablamos del poder?
De El bebé de Rosemary a Ojos bien cerrados: cuando lo oculto, los símbolos y las creencias aparecen cerca de quienes concentran el poder
Hay películas que terminan cuando aparecen los títulos. Y hay otras que continúan en la cabeza del espectador durante años.
El bebé de Rosemary, dirigida por Roman Polanski estrenada en 1968, cuenta la historia de una joven que se muda con su marido a un edificio de Nueva York. Los vecinos parecen personas comunes, pero detrás de esa normalidad existe una secta que tiene un plan para Rosemary y para el hijo que está por nacer.
La película convirtió al edificio, al embarazo, a los vecinos y a los rituales en elementos de una pesadilla que parecía esconderse detrás de la vida cotidiana.
Y un año después ocurrió una tragedia que alimentó para siempre el mito.
El 9 de agosto de 1969, Sharon Tate, esposa de Polanski, fue asesinada por integrantes del grupo de Charles Manson. Estaba embarazada de ocho meses y medio. El crimen fue real; la vinculación del asesinato con la película o con algún ritual relacionado con ella, en cambio, nunca fue demostrada.
Pero el episodio quedó instalado en la cultura popular como una de esas coincidencias oscuras que parecen escritas por un guionista.
Kubrick y la habitación donde no todos pueden entrar
Treinta años después, Stanley Kubrick llevó el asunto todavía más lejos.
Stanley Kubrick con sus estrellas, Tom Cruise y Nicole Kidman
En Ojos bien cerrados, un médico interpretado por Tom Cruise termina ingresando accidentalmente a una reunión privada de personas poderosas. Todos están vestidos con túnicas y máscaras. Hay jerarquías, códigos, sexualidad, música ceremonial y una sensación permanente de que el protagonista acaba de atravesar una puerta que no debía abrir.
Kubrick no necesitó explicar quiénes eran. Precisamente porque no los explica, producen miedo.
El espectador queda con la sensación de haber observado durante unos minutos algo que normalmente permanece reservado para unos pocos.
Kubrick murió en marzo de 1999, pocos días después de entregar el montaje final de la película. Su muerte, oficialmente atribuida a causas naturales, alimentó posteriormente nuevas teorías alrededor de su última obra. No existen pruebas de que haya sido asesinado por lo que mostró en Ojos bien cerrados.
Pero la película dejó una pregunta mucho más poderosa que cualquier teoría conspirativa:
¿Qué sucede cuando alguien común descubre que detrás de la sociedad visible existe otra estructura, con códigos y reglas que desconoce?
El baile de los Rothschild: una imagen que parece salida de Kubrick
El 12 de diciembre de 1972, Marie-Hélène y Guy de Rothschild organizaron en el Château de Ferrières, Francia, un célebre Baile Surrealista.
Los invitados asistieron con máscaras, cabezas de animales y rostros deformados, mientras el palacio era convertido en una escenografía casi onírica.
Las fotografías de aquella noche muestran una estética sorprendentemente parecida a la del misterioso baile de máscaras de Ojos bien cerrados, estrenada por Stanley Kubrick en 1999.
La semejanza entre ambas imágenes -élites, máscaras, anonimato, ritualidad y una atmósfera deliberadamente inquietante- resulta, como mínimo, llamativa.
Rasputín: cuando el misterio llegó al palacio del zar
No es necesario recurrir al cine para encontrar ejemplos inquietantes. En la Rusia de los últimos zares aparece una figura que parece salida directamente de una película: Grigori Rasputín.
Campesino siberiano, místico y sanador religioso, Rasputín llegó a tener una influencia extraordinaria sobre la familia imperial de Nicolás II, especialmente sobre la zarina Alejandra, debido a la enfermedad de su hijo Alekséi.
Su presencia en la corte provocó escándalos y rumores. Algunos lo consideraban un hombre santo; otros, un charlatán o una figura peligrosa. Su influencia sobre la familia imperial llegó a ser tan cuestionada que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la decadencia del régimen zarista.
La historia, además, demuestra algo interesante: el poder no siempre se rodea exclusivamente de políticos, militares y empresarios.
También puede buscar respuestas en sacerdotes, místicos, astrólogos, curanderos o personas que aseguran tener acceso a conocimientos que los demás no poseen.
Argentina también tuvo a su "Brujo"
Décadas después, Argentina tendría su propia versión. José López Rega.
"El Brujo" llegó a convertirse en una de las figuras más poderosas y oscuras del último peronismo. Fue secretario privado de Juan Domingo Perón, ministro de Bienestar Social y una figura central del gobierno de Isabel Perón.
Pero alrededor de López Rega existía además otro universo: el esoterismo.
Escribió sobre astrología y ocultismo, hacía horóscopos y predicciones y se atribuía conocimientos y poderes especiales. Compartía con Isabel Perón el interés por las ciencias ocultas y llegó a ocupar un lugar extraordinariamente cercano al matrimonio presidencial.
Lo verdaderamente importante es que su poder no fue producto de ninguna supuesta magia. Fue poder político.
López Rega terminó siendo una figura central de la estructura que dio origen a la Triple A, responsable de asesinatos, amenazas y persecuciones políticas.
Y allí aparece una diferencia fundamental: las creencias esotéricas de una persona no explican por sí mismas sus actos políticos. Pero resulta históricamente significativo cuando esas creencias conviven con el ejercicio concreto del poder.
¿Y el poder actual?
En la Argentina contemporánea también aparecieron numerosas referencias al costado místico y esotérico del entorno presidencial de Javier Milei.
Periodistas y autores que investigaron su trayectoria han señalado especialmente el interés de Karina Milei por disciplinas como el tarot, la adivinación, los registros akáshicos y otras prácticas esotéricas. Algunas de estas afirmaciones provienen de testimonios periodísticos . El tema genera interés justamente porque Karina Milei no ocupa un lugar simbólico menor: es secretaria general de la Presidencia y una de las personas de mayor confianza e influencia sobre el Presidente.
La cuestión, entonces, no es si el tarot funciona.
La cuestión periodística es otra:
¿Qué lugar ocupan las creencias personales, las intuiciones, los símbolos y las prácticas esotéricas cuando quien las sostiene se encuentra cerca del centro del poder político?
Del templo al palacio, del palacio al cine
La humanidad lleva miles de años realizando rituales.
Los egipcios los hicieron. Los mayas los hicieron. Los pueblos andinos los hicieron. Los chamanes los realizan. Las religiones los realizan. Las sociedades iniciáticas también.
Y los Estados modernos tampoco escaparon a ellos.
Epstein, Martins y Cerimedo: información, sexo y poder
Tres nombres diferentes, tres historias diferentes, pero una misma pregunta sobre el poder: ¿qué ocurre cuando dinero, información, sexualidad y contactos se cruzan en las mismas redes?
Jeffrey Epstein construyó una red de relaciones con empresarios, políticos, científicos y otras figuras de las élites mientras desarrollaba una estructura de explotación sexual de menores. Su isla y su círculo de poder se convirtieron en símbolos de una trama donde el sexo y la información podían transformarse en instrumentos de influencia.
Raúl Martins, exagente de la SIDE, acaba de ser extraditado desde México y quedó a disposición de la Justicia argentina, acusado de delitos vinculados con trata y lavado de dinero.
Su historia también quedó relacionada con el poder político: existen fotografías en las que aparece junto a Mauricio Macri y Juliana Awada durante una visita a un local de Martins en Cancún.
Y aparece Fernando Cerimedo, otro tipo de operador: el poder de la información. Fue asesor y estratega de Javier Milei, tuvo una relación cercana con Javier y Karina Milei y desarrolló vínculos con sectores de la derecha latinoamericana, incluido el entorno de Jair Bolsonaro. Actualmente está detenido en Bolivia en una investigación por el ataque contra su expareja, acusación que él niega.
En ese mismo universo aparece Mauricio Macri y su relación histórica con los servicios de inteligencia. Durante su gobierno se investigó el espionaje ilegal a dirigentes propios y adversarios, entre ellos Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y hasta su propio cuñado, también a su hermano Mariano Macri.
La información, entonces, aparece como una herramienta de poder: saber quién se reúne con quién, qué hace cada persona, qué secretos guarda y qué vínculos puede comprometerla.
Epstein, Martins, Cerimedo y el mundo de la inteligencia política no son una misma historia. Pero todos permiten formular una pregunta incómoda: cuando el poder consigue información sobre los demás, ¿cuánto vale ese conocimiento y para qué puede utilizarse?
En Mendoza: los Caballeros Americanos del Fuego
En Mendoza funcionó y continúa teniendo presencia CAFH, la Sagrada Orden de los Caballeros Americanos del Fuego, una organización esotérica estructurada en jerarquías y "Tablas", con ceremonias de iniciación y votos de silencio sobre sus enseñanzas y actividades. Durante décadas tuvo integrantes entre sectores influyentes de la provincia.
El nombre volvió a aparecer públicamente en agosto de 2024, tras el asesinato en Maipú de Eduardo Bertón, un exintegrante de la organización. Entre los detenidos estuvo una ex candidata a intendenta de Maipú.
La investigación judicial apuntó a un móvil económico, por lo que cualquier vínculo entre el crimen y los rituales de CAFH debe diferenciarse de los hechos comprobados.
Una organización esotérica, códigos de silencio, jerarquías, rituales y un crimen que volvió a ponerla bajo los reflectores: una historia poco conocida de Mendoza donde el misterio se cruza con el poder y la política.
No hace falta que exista una sociedad secreta para que exista un ritual.
El ritual es una de las formas más antiguas que encontró el ser humano para relacionarse con aquello que considera superior, misterioso o sagrado.
Y quizás por eso las películas de Polanski y Kubrick resultan tan perturbadoras.
Porque toman algo que existe desde hace miles de años -los símbolos, las ceremonias, el secreto, la iniciación, la pertenencia- y lo llevan hasta el corazón mismo del poder.
Las brujas no existen... pero que las hay, las hay
Tal vez la frase popular tenga una lectura más profunda de lo que parece.
Las brujas no existen, pero que las hay, las hay.
No significa necesariamente creer en hechizos, portales interdimensionales o poderes sobrenaturales.
Puede significar algo mucho más sencillo.
Que siempre existieron personas convencidas de poseer conocimientos especiales.
Que siempre hubo quienes buscaron respuestas en las estrellas, las cartas, los espíritus, los símbolos o las fuerzas invisibles.
Y que, algunas veces, esas personas llegaron muy cerca del poder.
Rasputín estuvo en el palacio de los zares.
López Rega estuvo al lado de Perón y terminó manejando resortes fundamentales del Estado.
Kubrick imaginó una sociedad donde los poderosos podían reunirse detrás de máscaras.
Polanski convirtió una secta secreta en una de las películas más perturbadoras de Hollywood.
Y hoy, en pleno siglo XXI, seguimos discutiendo cuánto influyen las creencias, los símbolos y el mundo esotérico en quienes toman decisiones.
Quizás los portales no existan. Quizás las energías de las que hablan los antiguos rituales sean solamente una metáfora. O quizás todavía haya cosas que no comprendemos.
Pero una cosa sí parece comprobable:
desde los templos antiguos hasta los palacios modernos, el poder nunca estuvo completamente separado del misterio.







